Cuando te sientas cansado de no tener patria
recuerda que este es nuestro reino. 
El de la reina Mad y el dios luna.
El de los argonautas y la bella Calíope.
El imperio de los sentidos y la torre de marfil.
Si crees que no perteneces a nada, mantén tu brújula como hogar primigenio.
Como el pirata Barbanegra;
al norte, Groenlandia,
al este, el imperio ruso,
al oeste, las planicies americanas,
al sur, la vasta África. 
Mientras percibas la humanidad como un todo del que tomas parte pero al que
observas, ajeno, tendrás la mirada del buscador, verás océanos de conocimiento,
de aprendizaje. Una conversación te cambiará la vida y los lazos se enlazarán y
desenlazarán sin coartarte, sin impedirte, sin hacerte esclavo de los compromisos.
Porque, querido buscador, tú vas aprendiendo a mirar al basilisco sin inmutarte, 
a no perturbarte por el fuego fatuo del amor, a liberarte de lo profundo cuando lo superficial
te invita a jugar. A ver el deseo como una herramienta, no como algo irremediable.
Y diriges la vista en dirección a la laguna estigia, desafiante, y te guardas dos monedas, por ese «hoy si».