Bitácora

Cosas que aprendes a los 30 años y te cambian la vida

Hay personas que viven cien años y no viven. Otras que viven quince y parece que tuvieran cientos de amaneceres a sus espaldas. Un yonki de la intensidad que llega a los 30 años ya no corre, no tiene prisa por hacer las cosas que le apasionan. Lee saboreando cada palabra, subrayándola en su mente. Disfruta de cada conversación porque ha aprendido a rodearse de aquellas personas con las que conecta a nivel emocional. Esa persona ya no necesita escudarse en poses, máscaras, ni disfraces. Simple y llanamente porque no tiene nada que temer. ¿Quién podría temer algo en este mundo cuando se es dueño de uno mismo?

Lo que aprendes a los 30 si has vivido muy intensamente

El aprendizaje puede llevar treinta, cuarenta años o no llegar nunca pero por muy deprisa que se quiera vivir es imposible no experimentar un cambio a nivel intrapersonal cuando se cruza la barrera de los seis lustros.


1.No hay atajos para conseguir aquello que quieres

Por mucho que creas que puedes llegar a un punto de tu mapa mental antes que nadie, necesitas vivir experiencias para alcanzarlo. Da igual si has vivido diez años muy intensos porque cuando llegas a los 30 años te das cuenta de que no podrías haber aprendido eso antes.

2.Que tardarás, al menos, un cuarto de siglo en saber lo que buscas

Siendo optimistas, sabrás lo que quieres después del cuarto de siglo. Por supuesto, todo depende de tu necesidad de reflexión. Si eres una persona rígida con un objetivo claro desde los diecisiete años – aparte que es un poco complicado que un ser humano de diecisiete años sepa a lo que se va a dedicar el resto de su vida – seguramente lo consigas y posiblemente te vaya bien. A la mayoría esto no le sucede por diferentes causas. Es a partir de los 25 años que empiezas a saber lo que quieres y lo que no.

3.Que no tenías ni idea de lo que era la amistad hasta que conociste a personas que te aceptaron tal y como eras (de verdad)

Entramos en terreno resbaladizo. ¡Amistad! Eso que algunos anhelamos e idolatramos. Desgraciadamente la amistad también depende de nosotros mismos, de lo que seamos, de cuánto nos conozcamos y de lo que estemos dispuestos a tolerar. Una persona que no sabe quién puede llegar a rodearse de personas con las que no tiene nada en común. Lo que aprendes a los 30 años es que no necesitas a nadie para ser feliz pero eliges estar con las personas que te hacen sentir bien, que sacan la mejor versión de ti mismo.

4.Que amas a tus amigos con la misma intensidad que a la familia (la que de verdad te importa) o que a tu compañer@ de vida

¿Quién nos lo iba a decir? Nosotros que nunca necesitaríamos a nadie. Las cosas han cambiado y lo cierto es que no hay arrepentimiento ninguno. Poco a poco vamos aprendiendo lo que es la amistad, la de verdad, la de los amigos que comparten tus días y el compañero que es, de todos, tu mejor amigo.

5.Que tu necesidad de alcanzar la gloria no es tan fuerte en comparación con tus ganas de ser feliz

La gloria. Ese concepto abstracto que nunca alcanzas. El éxito. Ese otro que tantas vidas ha destrozado. Uno de los cambios de esquema mental más profundos que se sufre es que ya no necesitas impresionar a nadie o, al menos, no a cualquiera. Quieres que tus amigos te tengan como una persona inteligente, sabia o reflexiva pero tampoco le das demasiada importancia. También quieres avanzar en tu carrera profesional pero descubres que tu “carpe diem” tiene algunas inconsistencias en este caso. Y es que, ¿Cuándo te sientes mejor? ¿Qué es la vida sino sentir? Solo quienes han sufrido varias tragedias y no se han sobrepuesto pueden decir que pueden vivir sin querer ser felices.

6.Que el reconocimiento que buscas, lo tienes en quienes te quieren y te conocen con tus luces y sombras

Al hilo de lo interior, otra valoración. En un pasado, te rodeaste de personas con las que actuabas de una manera. Era natural porque en cada momento vital nos acercamos a unos o a otros en función de nuestro estado mental. Pasa el tiempo y a medida que te quitas la máscara, también vas conociendo a personas que te quieren tal y como eres. ¿Sabes por qué estas seguro de que es así? Porque eres tú mismo con ellos.

7.Que la única manera de encontrar un trabajo que no te mate en vida es que hagas lo que te apasione

Aunque vivamos en una sociedad que diseña esclavos por encargo, siempre hay un rayo de esperanza, una búsqueda de aquello que sueñas. Con 30 años miras hacia atrás y te das cuenta de todo lo que has cambiado, no solo a nivel persnal sino también profesional.

8.Que, en ocasiones, puedes hacer de un trabajo cualquiera lo que te apasiona

Esta frase, ahora tan conocida, no ha acaparado la atención que se merecería. Hay personas que son explotadas laboralmente y, por supuesto, nunca podrán hacer de su trabajo aquello que les apasione pero en una gran cantidad de casos nos encontramos con personas que quieren llegar a ser lo que no son y ni se esfuerzan por ello ni aprenden a vivir con lo que tienen.

9.Que una playa al atardecer es más bonita cuando se mira con tus propios ojos y no con el objetivo de una cámara

Esto, realmente, no se aprende a los 30 años. La generación siguiente lo aprenderá a los seis lustros o nunca pero algunos que nos críamos sin cámaras de fotos, sin teléfonos móviles ni ordenadores de sobremesa aprendimos a mirar la vida sin necesidad de compartirla con nadie más que con quién estaba a nuestro lado. Estos reconfortantes recuerdos quedaron grabados en el único documento que queremos llevar con nosotros; nuestra memoria.

10.Que viajar no es consumir imágenes y gastronomía, sino una manera muy sencilla de ponerte en las botas de personas de todo el mundo

Con la fiebre de los blogs de viajes nos encontramos en un presente extraño. Lo que hace unos quince años era el sueño de algunas personas que querían conocer mundo para descubrir nuevas culturas y personas de todo el mundo se ha convertido en un negocio de bloggers de viajes que venden sus vidas a la cámara. Youtube ha pasado a convertirse en el usufructuario de lo que antes fueron sueños y ahora se convirtieron en obligaciones.

11.Que no hay que temer a la muerte, pero si recordar que moriremos algún día

“Carpe Diem et Memento mori”. En la sociedad occidental no nos enseñaron a aceptar la muerte como un proceso más de la vida. La tememos y despierta en nosotros una curiosidad morbosa. Tal vez por ello el éxito de la literatura y el cine de terror. Por otra parte, es habitual que con 20 años te creas que eres inmortal. Pues no. Ni una cosa ni la otra. Morirás algún día y es por ello que tienes que aprovechar cada momento. Sin embargo, aprovechar cada momento no significa vivir al límite, implica disfrutar y sentir sin pensar en cuanto durará. ¿Será posible?

12.Que la paciencia y la calma son imprescindibles para aprovechar cada segundo

La lección más difícil de aprender es esta, sin duda. Y es que la juventud pretende obtenerlo todo inmediatamente. El hedonismo es el que reina y el esfuerzo y la paciencia son empleados por algunos seres humanos que han sido entrenados para ello desde niños, pero no les sale natural – la calvicie o los tics nerviosos lo constatan -. Es en la treintena cuando echas la vista atrás y descubres que todo lo que conseguiste fue con tu esfuerzo y disciplina. Nadie te obligó pero lo hiciste. Es, entonces, cuando descubres que la impaciencia solo sirve en determinados ámbitos y que la calma es una batalla constante que debes ganar.

13.Que valoras el tiempo como el bien más preciado que tienes y eliges como quieres vivir cada momento de tu vida pasando de la inconsciencia a la conciencia

¿Recuerdas esas noches que se alargaban hasta altas horas de la madrugada y te inhabilitaban al día siguiente? Seguramente si e, incluso, es posible que alguna de esas noches sigan existiendo en tu vida. ¿La diferencia? Ahora sabes qué tiempo quieres invertir en qué. Valoras el dinero en la medida en la que te compensa la inversión de tiempo. También tienes en cuenta cada minuto de tu vida y, cuando decides dormir 10 horas un día, pasar una tarde entera charlando con tus amigos o tirado en el sofá viendo series, estás siendo plenamente consciente de que, aunque hay otras cosas que quieres hacer, te apetece pasar ese tiempo en dónde estás.

14.Que ya no tienes tiempo para determinadas batallas inocuas, para viejas rencillas, para el pasado

“El tiempo lo cambia todo” decía la protagonista de la película “The rules of atraction”. De esto no te das cuenta tan pronto como quisieras. Efectivamente, lo que creíste que era bueno en un momento de tu vida, puede que ya no te sirva al siguiente. Ni los compañeros de vida, ni los amigos, ni tus esquemas aprendidos, ni tus deseos. Todo eso pasa. Lo único que queda con el paso de los años es tu integridad y tu escala de valores que, por cierto, es muy posible que hayas tenido que recuperar hace bien poco cuando descubriste por fin lo que querías.

15.Que las palabras van perdiendo su significado y los hechos van cobrando cada vez más importancia en tu vida

A tu alrededor las palabras siguen siendo importantes pero para ti no significan demasiado. Es interesante mantener una conversación con otros, tratar de conocerlos y de hacer que te conozcan pero sabes que nunca conocerás a alguien con palabras. Tampoco te conocerán a ti. Son las acciones las que, en otro tiempo te separaron de algunas personas y las que separarán a otros de ti. Lo revolucionario es que una de las cosas que aprendes a los 30 y te cambian la vida para siempre es que, por primera vez, aceptas que sea así, que no tienes que seguir con la misma gente el resto de tu vida si no te llenan, si no les llenas; que la vida pasa y siguen existiendo personas que compartirán un fragmento de tu viaje.

En conclusión, que eres más consciente de ti mismo, de quién eres. Te aceptas con tus defectos y tus virtudes y aceptas a aquellos a quienes quieres en tu vida. De la misma manera, sabes que eres responsable de tus actos y libre, muy libre. Pero, ¿Hay algo que acarree una mayor responsabilidad y, en cierto modo, cadenas que la libertad consciente?
La vida es tiempo. Nada más. ¿Y tú?¿Con quién o con qué disfrutas tu tiempo…tu vida?
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Cómo sobreviví siendo freelance durante 7 años

Empecemos por el principio; yo no he sido freelance durante 7 años. Yo he sido autónoma. Dejémonos ya de términos maquillados para ocultar la verdad que debería trascender, más allá de las etiquetas. En realidad se llama freelance a un modelo de trabajador autónomo precario que no tiene nada que ver con el concepto de trabajador por cuenta propia del pasado. Recuerdo que mi tí siempre fue autónomo y que la única manera de que compensara era ganar mucho (y también trabajar una barbaridad). Pues bien, si ahora se quiere
En momentos como este uno recuerda eso que le decía su madre acerca del funcionariado y sus múltiples ventajas. Y, aunque dura poco el momento de enajenación, no es de extrañar que esté llegando a límites tan insospechados como para que comience a perder la perspectiva acerca de lo que es la vida, lo que es el trabajo y lo que es …todo. Soy autónoma desde hace cuatro años, y me gano la vida en internet desde hace tres.

La cosa empezó como un hobby. Estaba en el paro y comencé a interesarme por el mundo de la redacción de contenidos. iempre había tenido la escritura como una de mis habilidades inútiles, aunque, como, menciona Robert Rodiguez a través del guión de Planet Terror “…en algún momento de la vida, les encuentras utilidad a todos tus talentos inútiles…”. Pero eso…es otro artículo diferente. El caso es que desde que empecé he notado un cambio sustancial en mi manera de percibir el mundo y, también, de percibir el tiempo que uno se concede a sí mismo.

Mi vida lejos de la tecnología medio día si/medio día no

Puesto que un empleo de autónoma freelance significa “estar siempre disponible”, mi estrategia no fue en ningún momento eso de ponerse un horario ni nada por el estilo. Si, en teoría trabajo de 7 de la mañana a 14 horas de lunes a viernes pero esto se cumple cuando mi cuerpo está en condiciones de hacerlo. De no ser así, me planteo 8 horas de trabajo remunerado y 4 horas de proyectos propios – al final, todo pasa por el ordenador a día de hoy -.
El resto del tiempo, es decir, las 7-9 horas de sueño, dependiendo del cansancio acumulado y las 5 – 3 horas de asueto las invierto en ir a la playa – tengo la suerte de vivir cerca del mar -, hacer senderismo, leer, pintar o, simplemente, hacer cosas que impliquen no estar frente al ordenador. Para mi sigue siendo insuficiente aunque tiene la ventaja de que, en momentos de saturación, siempre se puede optar por pasar un día entero al fresco, quedar con gente o salir de fiesta, que es un gran reseteo para una mente constantemente ocupada.

Eso que los asalariados llaman…vacaciones

Es uno de los terrenos más espinosos del trabajo freelance ya que, salvo en casos muy consolidados, las vacaciones restan al freelance dinero e, incluso, clientes. Por ello, hasta la fecha me he llevado siempre a cuesta el ordenador portátil y cuando quería escaparme de él, ha sido durante dos o tres días en los que no lo toco absolutamente para nada. Ni móvil, ni portátil, ni tablet, ni nada.
Normalmente, cuando ya se llevan unos cuantos años y se mantiene estable el trabajo, se puede aprovechar para tomarse una semana o dos de vacaciones al mismo tiempo que los clientes. Esto es muy común entre los freelances que ya conocenel volumen de trabajo de su negocio y pueden sopesar dicho trabajo.
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El primer día de ayuno, el día del hambre

El título de “día del hambre” se queda corto para definir lo que se siente cuando se ha desarrollado una total dependencia A TODO. Desde tomar una caña, varios cafés o un vaso de leche hasta comer todos los días carnes fritas, patatas, comida basura en general, gominolas, chocolates, también comida sana pero, en general, una horda de alimentos que más que alimentar, atiborran nuestro cuerpo y aletargan nuestros sentidos. y que conste que no hago apología de “estilos de vida sana” porque me parece una soberana gilipollez tratar de privarse de nada. Pero mi cerebro es sagrado. Y si esto sirve para que mi mayor tesoro funcione al cien por cien, ¡Allá vamos, ayuno semiayuno primaveral!

Dos manzanas, té verde y mucha mucha mucha agua

No hay un ayuno en condiciones sin agua. En realidad no haría falta tanto líquido como el que yo he bebido – unos tres litros – pero durante el primer día sientes un hambre voraz. O, más bien, un deseo voraz de comer cualquier cosa grasienta e hipercalórica. Me sorprendo a mí misma a mediodía, tratando de comer unas galletas que llevaban en mi estantería cerca de dos eones. No lo haré. Resistiré la tentación. Llevo un estupendo día de trabajo y no voy a estropearlo a media tarde.
Salgo a dar un paseo. Yo porque tengo que trabajar frente al ordenador pero os recomiendo que si alguna vez optáis por un ayuno de tipo terapéutico, os decantéis por dar largos paseos, nada intenso, solamente largos paseos. Son ideales para la ansiedad del primer día. Fui al Danubio, leí un rato y me sobró tiempo para escribir. A mi regreso, estaba más calmada y con ánimo para seguir trabajando. El hambre prosiguió y tuve que comer dos manzanas. Es duro el primer día de ayuno, sin duda. No te sientes concentrado y añoras cualquier clase de alimento. Siendo sincera, te sientes completamente débil a nivel psicológico. Derrotado por no saber controlar tus ansias de ingerir alimentos.

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Una experiencia con el semiayuno

Nunca he necesitado comer porque tuviera hambre en mayúsculas. Ahora lo sé. Comía por gula, por ansiedad, comía por miles de razones que no tenían nada que ver con la alimentación. Con el paso de los años advertí que mi organismo no me pedía comida en 24 horas sino que, era en determinadas ocasiones, cuando me exigía comer porque:
  • Me aburría
  • Estaba nerviosa
  • Temporada sedentaria
  • Resaca o cruda

Knut Hamsun se refirió a ese otro “Hambre” como a un pensamiento obsesivo. Es una necesidad vital y su carencia produce una incapacidad de apartar el pensamiento de la sensación de tener ganas de comer. 

Descubrí que podía comer solo una cantidad mínima de alimentos durante aproximadamente una semana y que, lejos de tener hambre, a partir del tercer día “me acostumbraba” a no comer. Supongo que si no hubiera ingerido absolutamente nada durante esos siete días que he llegado a estar sin probar apenas alimento, la historia hubiera cambiado bastante. Tener hambre es un sentimiento tan destructivo y asolador como que te falte el aire pero, ¿Y si se utiliza el ayuno como método de autocontrol. 
 

El ayuno semiayuno me ayudó a ser consciente de cuál era la sensación de hambre real. En los países desarrollados rara vez llegamos a tener HAMBRE. Lo confundimos con estados de ansiedad, aburrimiento o procesos depresivos. Conocernos a nosotros mismos también discurre por las vías del conocimiento de lo que nuestro cuerpo necesita y, como sucede en todos los aspectos de mi vida, si quiero conocer tengo que experimentar. En el caso de la alimentación lo comprobé gracias a la privación.

Por supuesto, esto no tiene nada que ver con la situación de las personas que realmente padecen hambre día tras día, que mueren a causa del hambre, de ese sentimiento de falta de oxígeno atroz. Nosotros, “los afortunados”, hemos perdido la perspectiva en torno a una necesidad vital que debería ser saciada en proporción a lo que marca cada organismo. El exceso al que estamos acostumbrados en una sociedad en la que, primero, comemos hasta reventar y, luego, pagamos un gimnasio para eliminar las grasas que hemos comprado en un restaurante de comida basura es, además de ilógico, corrosivo para nuestras capacidades que se ven mermadas por sus consecuencias habituales; el sedentarismo y un falso sentimiento de “plenitud” que curiosamente supone el talón de Aquiles de las clases bajas y medias en Europa. El objetivo de mi ayuno fue, más bien, tomar conciencia de hasta qué punto es necesario ingerir una serie de calorías diarias, de hasta qué nivel siento verdadero hambre, por qué prefiero la comida basura a la saludable o por qué es imprescindible un cambio de hábitos para que mi amado cerebro pueda funcionar a su mima capacidad.

Reflexiones de una experiencia con el semiayuno

 
Parto de la base de que durante los días que duró el semiayuno tomé dos litros de agua, café, leche, zumo de naranja y desayunaba cereales. Rara vez realicé una comida completa y el cuerpo, sorprendentemente, no me pedía cena alguna. Al octavo día volví a comer porque era un simple experimento aunque el organismo se adapta, curiosamente, rápido a estos cambios. No le di más vueltas y de todo ello salió una consecuencia positiva; desde entonces, adquirí unos hábitos basados en el consumo de los alimentos que necesitaba mi organismo para funcionar correctamente sin caer en excesos de alimentación por causas diferentes a la propia nutrición.

Dicen que durante el ayuno experimentas una energía renovada y es cierto, aunque cuando sientes verdadera energía es cuando sabes comer en la justa medida que tu cuerpo necesita. El ayuno puede ser la herramienta para detectar cuando el organismo tiene hambre y cuando es solo fruto de otras sensaciones diferentes.

Y es que, al menos en mi caso particular, el cuerpo se acostumbra a unos hábitos alimenticios – a comer mucho, poco, a comer por las mañanas más o por las noches – y este hábito, en mi opinión, solo puede ser eliminado con una medida subversiva. Después de 48 horas con hambre comencé a ser consciente de que “tampoco tenía tanta hambre”, empecé a hacer otras actividades y cuando retomé mi alimentación, descubrí que un desayuno fuerte, una fruta a mediodía, una comida copiosa y una cena inexistente (una fruta o yogur o ensalada, dependiendo del día) eran más que suficiente para alimentarme. Porque obviamente, salvo que tengas desarreglos nutricionales, no creo que sea buena idea realizar ayuno semiayuno, asumiéndolo como tu lifestyle. Eso es una locura. El cerebro necesita nutrientes para seguir funcionando. No creo que vuelva a probarlo pero, ya sabéis, en la vida hay que probarlo (casi) todo.
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Qué pasa en tu cuerpo cuando no duermes

Qué pasa en tu cuerpo cuando no duermes

Este título no es casualidad y las razones por las que me he empujado a mí misma a buscar esta curiosidad ha sido justamente un cansancio tremendo. Existen numerosas maneras de perder la cabeza pero para mi la más sencilla de todas es mantenerme despierta. Si, si, puedo estar 24 horas sin comer, 24 horas sin …muchas cosas pero, por favor, “All I MUST to do is dream”. Si duermo mis acostumbradas 9 horas – 9 horas y media todo va bien pero en el momento en el que esto no sucede se apodera de mi una mala hostia solamente equiparable con estados esquizoides, la paranoia se hace conmigo y todos y todo está en mi contra. Por así decirlo, me convierto en Mr Hyde cuando no duermo y, aterrada porque solamente me falta comenzar a tener alucinaciones – dudo hasta de mi palabra si digo que no las he tenido todavía -, he decidido buscar qué nos pasa cuándo no dormimos las horas adecuadas. Primero, os contaré lo que yo sé, después lo que dice la gentecilla “que sabe”. Al fin y al cabo, I know nothing.
 

Descripción de lo que sucede cuando no duermo “mis horas”

 
Dormir es descansar por lo que no cuentan las vueltas que haya dado en la cama antes de dormirme. Esta noche, entre unas cosas y otras, dormí unas 4 horas. Si duermo menos de 7 horas mi estado es similar al de una tigresa a la que les están tocando mucho las narices. Quizás en los días en los que ni salgo de casa sea como una babuina al más mínimo roce con el entorno. Dormir es mi clave personal para estar bien y es por ello por lo que hoy no me encuentro:
 
Físico:
  • Malestar en el estómago: Una sensación similar al ardor se apodera de mi sistema gástrico. No es dolor. Solamente la sensación tan desagradable que se tiene cuando alguna comida sienta mal pero sin que cese en ningún momento. Es un estado permanente de cansancio estomacal.
  • Tensión mandibular: No es ningún secreto que la falta de sueño provoca algunas reacciones como esta., máxime si la razón es un viaje. 
  • Jaqueca: Admiro a las personas, en su mayoría mujeres, que pueden convivir con las migrañas. Fervientemente. Me fascina como pueden sobrellevar “la vida”. Yo cuando estoy cansada siento dolor de cabeza y mi mundo se torna gris y nuseabundo. 
  • Tensión ocular: Puesto que llevo lentillas mis ojos sufren bastante la falta de sueño aunque me coloque las lentillas lo mínimo posible.
  • Cansancio intermitente: Tan pronto recobro algunas de mis fuerzas como regreso a un estado de catatonia en el que ni el Rey León podría hacerme sombra con mis “rugiditos”.
Psicológicos:
 
  • Paranoia: Generalizada. Pienso que quién sonríe en la calle se ríe de mi, qué quién me atiende en una tienda está siendo grosero aunque sea completamente normal, que las personas a mi alrededor hacen las cosas para molestarme. No dormir conjuntamente con una cruda son de los dos estados que no recomiendo que nadie pase conmigo.
  • Manía: Normalmente ni un ruido atronador puede desconcentrarme de mis pensamientos pero cuando estoy en este estado TODO ME MOLESTA. 
  • Depresión: Cuando no he dormido lo suficiente tengo dos momentos; nada más levantarme y hasta cuatro o cinco horas después, tiempo en el que estoy bastante a gusto aunque me cuesta mantener una conversación polémica sin estallar. Pasadas esas cinco horas se pueden dar dos opciones; o bien, estoy apática hasta morir, o bien, me pongo en un plan depresivo que me hace replantearme todas y cada una de mis relaciones amistosas – las familiares no, esas no se replantean -. Cierto es que en ocasiones es un buen momento para que yo vea las cosas con perspectiva ya que peco de “vivir en el mundo de la gominola”.
 

Betamiloide, las heces del cerebro

 
O la caca a secas. Esta moleculita se va generando a medida que el cerebro permanece despierto. Este estado de vigilia produce una multiplicación de esta molécula que es un deshecho que producen las células cerebrales en su camino hacia la erudición. Vamos, que si nos sentimos como una mierda cuando no dormimos no es por una cuestión meramente figurada sino que es porque estamos de caca cerebral hasta arriba. El proceso de limpieza se lleva a cabo mientras dormimos y es el sistema glinfático – muy ocurrentes estos científicos uniendo los términos linfático y glial en honor a las celulitas que hacen las veces de WC químico de nuestro cerebro – el que se encarga de dejar nuestras entrañas racionales relucientes. Quizás puede interesaros que la falta de sueño impide la limpieza por parte de las células gliales (sistema glinfático) de las moléculas beta-amiloides y que con ello se multiplica la posibilidad de padecer alzheimer. 
 
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McDonalds: de representante capialista a comedor de los parias

Hasta la edad de 26 años no había entrado en un McDonalds – ni sucedáneos -. Mis principios me impedían tomar parte de este representante del capitalismo más trasnochado. De hecho, ¡Qué demonios! Durante mis años estudiantiles me prohibí tantos restaurantes, bares, supermercados, productos y servicios que tenía que pensar diariamente a dónde tenía que ir a comprar o a qué bar podía ir en el que supiera que nadie estaba siendo explotado. Esos tiempos pasaron por una sencilla razón; me cansé. Me cansé de tener que pagar más para poder sobrevivir, me cansé de tener que coartar mi rutina diaria por unos paradigmas que solamente yo cumplía. Especialmente, me choca mi afición actual al McDonalds. No suelo comer sus hamburguesas simple y llanamente porque no me hacen mucha gracia pero desde que descubrí las bondades de esta cadena hostelera, no he podido resistirme a contar con ella casi a diario para desayunar, merendar o, simplemente, hacer tiempo.

Cuando McDonalds pasó a ser mi Greenwich Village

Repito que comer de McDonalds es poco menos que una aberración, teniendo en cuenta que por seis euros que cuesta el menú comes un plato combinado en cualquier bar. Pero, ¿Y cafetear en un McDonalds?¿Por qué no? Vale, el café no es de los mejores pero, no nos engañemos, he conocido muy pocas cafeterías céntricas en lugares de referencia de las capitales del mundo en los cuales te permitan estar cuatro horas consumiendo electricidad conectando el ordenador y utilizando la red WiFi. ¿Qué digo? No conozco ninguna.

Así que tristemente llegué a la conclusión a mi llegada a Budapest que el Mc Donalds era la nueva tendencia de los freelance que no querían o podían pagar espacios de coworking. ¿Existe una paradoja mayor? Lo siento, chicos pero ahora solo se me ocurriría la de la novia de Mc Fly cuando se ve a sí misma en el futuro. ¿Veremos a los hipsters apoderándose del McDonalds también? ¿O lo se iremos conservando los marginados freelance y los trabajadores de clase media baja?

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Una mañana te despiertas y nada es igual. Y tú, de cara al espejo, sigues siendo la misma. O no tanto. Ya no sientes arrepentimiento por las injusticias que algunas veces cometiste ni los reproches a las personas que las cometieron contigo. 
Una mañana – no tiene por que ser una mañana – te das cuenta de que el camino recorrido, recorrido está. Descubres que ya no valen las pataletas porque los demás valoren más esas injusticias que cometiste que las cosas que hiciste bien.

Una mañana descubres que quieres hacer sentir bien siempre, que eso no significa que otros no sigan cometiendo injusticias contigo en algún momento. Simplemente, tú no quieres ser así. No quieres ser mezquino.
En fin, una mañana te despiertas y lo que quieres es dar cariño, buenos momentos y recuerdos a quienes quieres. ¿Y esas personas que dejaste – o te dejaron – atrás? Buenas lecciones que te muestran los caminos que ya no quieres volver a transitar.
Una mañana aprendes lo que es el sentido de la vida: sentir – y hacer sentir -.
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Si NO quieres ser feliz, haz esto

Diariamente, lees miles de consejos y mensajes para ser mejo”, para tener éxito, para triunfar en la vida pero, ¿Realmente te hace feliz esa autoexigencia basada en la utilidad y el pragmatismo? Te pasas toda la vida tratando de cumplir con unas expectativas que rara vez son propias, que casi siempre están delimitadas por lo que los demás esperan de ti. Ya es hora de que te liberes de las cadenas que tu microcosmos te impone. Ya es hora de que seas quién tú quieras ser y para ello no te cuento lo que tienes que hacer, no. Eso solo tú lo sabes. Solamente te digo que si NO quieres ser feliz, hagas esto. ¡Funciona!

1.Exige ser el mejor

Si no quieres ser feliz, sé perfeccionista. Sé tan perfeccionista como para no embarcarte en proyectos, evitar las nuevas situaciones, aplazar los viajes y evitar que aparezcan nuevas personas en tu vida. 

2.Nunca te equivoques

Jamás de los jamases te equivoques. Nadie te puede decir que podrías hacer algo mejor ya que tú todo lo haces perfectamente. Si no quieres ser feliz, debes saber que los demás están siempre equivocados.

3.No hagas nada por conseguir tus sueños

Si no quieres ser feliz, siéntate y espera. No trates de encontrar las oportunidades. Solamente debes dedicarte a quejarte y evita las complicaciones. Nada merece lo suficiente la pena como para que te lanzes a ello.

4.Desconfía de las personas que te quieren

Piensa que el ser humano es malvado por naturaleza. Si no quieres ser feliz, debes evitar compartir tus ideas y cooperar con los demás. Nadie te va a ayudar a conseguir tus sueños así que el mejor camino para lograr lo que quieres es hacerlo tú solo.

5.Nunca improvises

Planifícalo todo y no dejes lugar a la espontaneidad. Si no quieres ser feliz, impide que cualquier cosa escape a tu control.

6.Dedica toda tu vida a trabajar duro

Puede que no seas de los que se sienta a esperar. Entonces, si no quieres ser feliz, pásate al extremo opuesto. Trabaja mucho, trabaja más de 12 horas al día. Dedica cada segundo a tu profesión y que nada ni nadie te distraiga de tu objetivo; ser el más rico del cementerio.

7.Antepón el dinero a las personas

Esta es una recomendación muy importante ya que si no quieres ser feliz es crucial que antepongas los billetes a las relaciones interpersonales. Si lo haces, te garantizamos que jamás serás feliz.

8.No viajes…

Quédate en tu pueblo, en tu ciudad, en dónde estés. Nunca elijas conocer otros rincones del mundo u otras realidades ya que corres el riesgo de que descubras mucho más de ti mismo de lo que jamás imaginaste. Y si no quieres ser feliz, conocerse a sí mismo no sirve para nada.

9…o vive solo para viajar

¿Eres de los que viaja para huir de las implicaciones?¿Del compromiso?¿De la vida? Entonces nunca estreches lazos de más duración que unos meses, nunca te impliques en proyectos ni en planes con otros. Pasa por la vida de todo ello de puntillas, sin hacer ruido y deja una huella lo suficientemente tenue como para que se desdibuje con la siguiente marea.

10.Elige la seguridad al cambio

Si no quieres ser feliz, no te arriesgues. Sé cobarde, sé precavido. Al igual que miras dos veces a cada lado cada vez que cruzas la carretera desde el paso de peatones, mantente dentro de los raíles de tu zona de protección. Nunca salgas de lo que conoces. En casco contrario corres el riesgo de vivir experiencias.

11.Cree que eres superior a los demás

Los demás deben ser tus herramientas, tus lacayos o tus compañeros de diversión pero nunca, jamás, serán tus iguales. Ellos no entienden lo que pasa en el mundo, no saben nada y jamás te aportarán tanto como lo que tú puedes aportar al mundo. Si no quieres ser feliz, cree que eres mejor que otros.

12. Sé inflexible

No permitas que nada ni nadie pueda hacerte ver otras perspectivas de la vida. La flexibilidad y apertura mental son debilidades. Si no quieres ser feliz, no aceptes ninguna idea nueva, ninguna filosofía nueva.

13.Fíate de las primeras impresiones

Dicen que la primera impresión se imprime en nuestro cerebro en apenas unos segundos. ¡Hazte caso! Si no quieres ser feliz, juzga a las personas antes de conocerlas. 

14.Deja de vivir de sueños y empieza a vivir de excusas

Justifica tu estilo de vida a pesar de que cada mañana te despiertas sin ganas, a pesar de que sepas que algo no funciona. Aparta cualquier pensamiento o personas que creas que puede perturbar tu estado mental rígido y nunca, jamás, te cuestiones.

15.Guíate por estúpidos test de mierda como este

Tú eres quién elige. Vives en un mundo que te limita desde el momento en el que naces, si. Pero también tienes herramientas y recursos para desaprender ese condicionamiento, para ser exactamente quién tú quieres. Si no quieres ser feliz, deja que test como estos te depriman. Permítele a los medio controlar tu vida y tu ánimo.

¿Qué hacer si quieres ser feliz en esta vida? Como diría, “El Drogas”: ¡Lo que quieras…que para eso es tuya!

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Preparación para el semiayuno

Después de preguntar a una colega dietista acerca de las posibles consecuencias – unas cuantas aunque en tan cortos periodos de tiempo, no hay daños irreversibles – me animé a realizar un ayuno completo después de lo que había descubierto gracias al semiayuno. En este caso se trata de un ayuno completo de 7 días aunque me permitiré líquidos – jugos, caldos…- a lo largo de toda la semana. Deben estar locos los cabezas de chorlito que hacen estas cosas para adelgazar. Mi único móvil es que en la anterior ocasión, mi sensibilidad creativa se incrementó. Me hace gracia que se haga tanto hincapié en lo perjudicial del ayuno cuando somos fumadores, alcohólicos – no lo neguemos, en mayor o menor medida – o bien adictos a las grasas saturadas, al sedentarismo o a otras “costumbres” socialmente aceptadas pero igual de perjudiciales. 
 

Palabra de dietista: consideraciones a tener en cuenta antes de realizar el ayuno

Mi dietista personal – que gran suerte contar con amigos profesionales de todas las disciplinas – me dio unas recomendaciones que pueden ser interesantes si lo que se está buscando es mantener el organismo sano porque, no nos engañemos, pasar siete días sin consumir alimentos no es sano, por mucho que digan los gurús. Así me lo hizo saber mi amiga y consejera:
  • No superar las 48 horas de ayuno
  • Incluir leche, caldos de verduras, zumos de frutos, aquarius (muy similar a una dieta blanda cuando tienes gastroenteritis).
  • Regresar poco a poco a la dieta sólida.
Consecuencias del ayuno de más de 48 horas:
  • Daño en tejidos de los órganos (debido al regreso a una alimentación sólida con grasas y alimentos demasiado pesados. Los órganos son incapaces de adaptarse a cambios bruscos en la dieta).
Propósito:
 
  • No ingerir alimentos sólidos durante una semana.
  • Escribir.
  • Trabajar.
  • Retiro.
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Adiós al año del exceso de equipaje

Adiós al año del exceso de equipaje

No pueden haber dos años tan.  geniales como lo fue el dos mil dieciséis aunque no esperaba que mi universo fuera a dar otro giro de 365º también en dos mil diecisiete. En realidad me esperaba un año bastante aburrido. Pero no. El año que nos abandonó ya hace dos mese comenzó sin que yo supiera que iba a cambiar mi vida (por enésima vez). Fue después de un viaje a las Islas Azores. No sé por qué pero mis años suelen empezar en Febrero, por regla general. El mes de Enero es el verdadero final del año. El cierre.

La chispa adecuada

Bien. Continuaré; me había jurado, en su momento, que no seguiría a nadie más en mi vida (si, alguna que otra vez si que lo hice) pero, en fin,esta existencia nunca es estática y las circunstancias cambian así que me dije; “Bueno, ¿Qué más da? Me encanta ese lugar al que vamos, trabajo online y estudio en la UOC para que sea a distancia, ¿Por qué no ahora?¿Por qué no a ese lugar en el que ya había sido feliz?”. Mirándolo desde mi posición actual, desde este escritorio sobre el que escribo ahora, afincada en Granadilla de Abona, me doy cuenta de que no fue una mala decisión. Ni siquiera sé si existirán realmente las malas decisiones. Solo fue eso; una decisión.

Alex Bayorti Community Manager Copy Writer

En aquel momento, sin embargo, mi mundo se dio la vuelta y aunque tuve algún que otro momento mágico como esa entrevista para la TVG en Marzo o el fin de una situación financiera que me agobiaba, no recuerdo la primera mitad del año con nitidez. Salvo la mudanza. La mudanza en pareja, la tensión de ambos, la morriña por tener que dejar a mis amigos y a Galicia. También recuerdo la euforia y las ganas que ambos teníamos de viajar en nuestra furgoneta rumbo a las Islas Afortunadas en un Road Trip que resultó ser tan maravilloso como habíamos imaginado.

Mérida Alex Bayorti Año 2017 de exceso de equipaje
Durante todo este tiempo no hablo ni del trabajo ni de la Universidad porque hasta Octubre mi situación financiera y académica fue un desastre. Si, trabajaba. Pero perdí muchos clientes a causa del estrés y, a la vez, descuidé bastante mi salud y mi bienestar. Fue una ruptura en toda regla aunque, nuevamente, cuando se ven las cosas en retrospectiva, nada es terreno baldío. Incluso los meses de barbecho tienen un cometido importante, tanto o más que la siembra y la recogida.

Empieza a contar tu historia
En Octubre empezó a ponerse todo en marcha; más trabajo, reencuentros con amigos y familia, nuevo proyecto…Pero me faltaba algo. Ahora sé que fue empezar a escribir la novela que ahora mismo estoy perfilando (pero claro, en aquel momento pensaba que, ¡Yo que sé! Que era el vacío existencial, como siempre). Ahora sé también que fue modificar algunos (malos) hábitos que había asumido a lo largo del año. No esperé, sin embargo, hasta Enero para empezar con mis propósitos de Año Nuevo. Fue en Noviembre cuando me di cuenta de que si quería hacer todo lo que, vamos, quería hacer no me quedaba otra que disciplinar cierta tendencia en mi al caos. Caos sí..pero a veces.

En esta tarde del 28 de Febrero miro atrás a este año extraño en el que empecé a cumplir un sueño (no os diré cuál), en el que comencé mil cuentos y novelas (que no continué…hasta ahora), en el que publiqué mi primer curso online con el SEPE, en el que diversifiqué mi empleo hasta el punto de diseñar unas cuantas páginas web, hacer planes de marketing serios o traducir contenidos e-commerce a otros idiomas y en el que me centré en la carrera de Comunicación (¡Por fin!). Un año en el que regresé a mi tierra prometida (con algunos bordes que perfilar) junto a mi compañero y en el que descubrí que incluso quién crees que siempre será de una manera, puede cambiar.
Me sorprendí echando de menos (cosa que nunca hice demasiado) y forjando amistades en pocos años, cuando nunca había conseguido implicarme ni siquiera con mis amigos de toda la vida. Este año aprendí lo que es el compromiso, el apego y las ganas irrefrenables de contar con otros. También la importancia que tiene hacer algo por los demás . Este año, supongo, fue el epílogo del anterior, que fue todo fuegos artificiales y grandes planes. Una parada discrecional para mirar esa brújula que me indique el camino a seguir. Este ha sido el año de hacer el equipaje (y eliminar lo que sobra).

Así que adiós al año del exceso de equipaje.

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