Turismo y Viajes

Norte de Portugal: del parque natural do Alvao a las fisgas de Esmelo

Después de la historia de un viaje a Marruecos inolvidable y de que mi compañero pasara las últimas semanas completamente ocupado en mil asuntos, decidimos regalarnos unas minivacaciones, de esas que no tienen expectativas, en las que no nos interesa conocer más que lo que se ponga ante nuestros ojos en la carretera. Lo único que habíamos previsto era una noche en el hotel spa Auga Modim de Basto – que habíamos reservado muy barato gracias a Infinita Eventos – y la alberguería de Sé, encontrada a partir de la página Booking.com -. ¿El resto? ¡Vivir! Justamente fue así como descubrimos, una vez más, que Portugal nunca dejaría de sorprenderme, de sorprendernos. ¡Enjoy!

Norte de Portugal: la belleza de Mondim de Basto en pleno parque de Alvao

Mondim de Basto se esconde en uno de los rincones más hermosos del norte de Portugal. Nosotros no éramos conscientes de ello, cuando comenzamos nuestro viaje.
El único plan que habíamos trazado sobre la marcha era llegar hasta Verín (Ourense) y, de ahí, tomar la carretera nacional que nos llevaría hasta Mondím de Basto. Las autovías y nacionales del centro norte de Portugal serpentean entre pueblos y valles, lagos y monte, y son una alternativa compleja a a la autopista, mucho más directa pero infinitamente más aburrida. En este caso tuvimos que alternar entre carretera nacional y autopista ya que en pleno Diciembre el sol nos iba a abandonar a las cinco y media de la tarde.
Quizás los peajes de 15 euros fueran lo negativo de este viaje en el que nos quedamos con las ganas de conocer la fortaleza de Verín. ¡Otra vez será!
Sin embargo, si que descubrimos uno de los atardeceres más bonitos que he visto en mi vida en la frontera entre Galiza y Portugal. Uno de esos atardeceres violáceos que solamente había disfrutado cuando vivía en Tacoronte (Tenerife).
Infinitamente hermoso, en gran medida, porque nos dirigíamos hacia el sur en uno de los rincones del oeste en los que se percibe el atardecer  como solo sería posible en Kenia, con ese eterno e inmenso sol lunar que, por desgracia, la cámara no pudo captar como lo hicieron nuestras pupilas.
Después de no pocas vueltas y pérdidas nocturnas, llegamos hasta el hotel y, aunque solamente hice esta fotografía rápida, podéis haceros una idea de lo que nos esperaba. El precio era de 18 euros por persona y noche con acceso al spa – una piscina interior, jacuzzi y saunas finlandesa y turca – y desayuno buffet incluido. El hotel está bastante descuidado pero con la tarifa que habíamos conseguido, era perfecto. ¡Y dormimos como nunca!
Al despertar nos quedamos completamente enamorados cuando, al salir a la terraza con vistas al jardín, nos encontramos con uno de los paisajes más impresionantes del interior de Portugal.
 Los ríos sinuosos por los que discurren las aguas frescas y livianas, entre ellos, el río Támega consiguieron que recordáramos la maravillosa Ribeira Sacra.
Esta maravilla también me rememoró esos valles y montañas del interior de Cantabria.
De hecho, algunas vistas como esta me transportaron a otro road trip por el Vallede Cabuérniga y el puerto de Lombera.
¿Volveré?

¿La verdad? No tengo ni idea si regresaremos a Mondim de Basto pero de lo que si que estoy segura es que no hemos terminado con el parque natural do Alvao.

Cataratas de niebla en las inmediaciones de Fisgas de Esmelo y salida del paraíso, rumbo a Braga

Proseguimos sin ser conscientes de que, a tan solo un par de kilómetros, se encontraban las conocidas Fisgas de Esmelo.
No nos importó en absoluto ya que descubrimos algo mucho más insólito; las cataratas de niebla que galopaban sobre las montañas de la cordillera del parque natural y que bañaban las cumbres, ocultando los molinos eólicos de las cimas de las montañas.
Paulatinamente, de la belleza de la lejanía, fuimos acercándonos, completamente ensimismados en el rápido descenso de esas nubes heladas que se hacían con las faldas de las montañas a una velocidad que jamás nos hubiéramos imaginado.
La niebla estaba sobre nosotros. Habíamos llegado a la cumbre y nos era imposible no sentirnos engullidos por un tornado cuando nos adentramos en esta vorágine de caos esencial de la que solamente escapaban las aspas de dos molinos eólicos.
Permanecimos arropados por esa niebla en la cima del parque natural y descubrimos unas fisgas de Esmelo mayores que las propias fisgas de Esmelo; las cataratas de la niebla.
Después de atravesar cascadas de nubes resulta difícil acostumbrarse a las ciudades, a los ríos, a la civilización maldita. Pero es lo que hay.
Por eso, no dudamos en parar en el pueblo de Amarante.
Con una sonrisa entre los labios dimos la bienvenida otra vez a una tierra que es la nuestra propia sin quererlo, que nos hace sentir en casa.
Y al finalizar el día estábamos en Braga buscando un lugar en el que tomar una cerveza y cenar una alheira. Los encontramos pero eso ya es otra historia. ¡Nos vemos!
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Historia de un viaje a Marruecos

Dicen que “quién viaja no va hacia el lugar al que llega sino que huye del lugar que abandona” pero lo cierto es que este no es uno de esos viajes. Es muy posible que haya sido el único momento en toda mi vida en el que no estaba viajando para huir y, creedme, es muy reconfortante. Estas vacaciones no significaban solamente mi primera incursión en África. También suponían el primer viaje en solitario que hacía fuera de Europa. Ahí estaba yo; por una parte, mis amigos viajeros que ya conocían Marruecos me animaban a que lo hiciera, por otra, mi familia me instaba a que lo pensara mejor. Pues lo hice. O como dicen en inglés; Yes, I did it!

Una noche en Tánger: de choques culturales

Amor en Tánger Marruecos
La primera toma de contacto con una cultura completamente diferente a la propia es similar a una explosión nuclear. Parece como si cada centímetro de ti se estuviera derritiendo, supurara. No entiendes nada y sientes una realidad que vibra a ritmo de videoclip.
Alex Bayorti en Marruecos
Mi historia de un viaje a Tánger durante la primera noche fue, desde luego, para recordarla.
 
Dos días en Marrakech: la locura y el río sin fin
Aunque mi plan inicial era viajar a Tánger y Chefchaouen únicamente, los avatares del destino – o mi incapacidad para planificar las cosas – me llevaron a Marrakech.
Alex Bayorti en Marruecos
¡Y con una flamante compañera de pis! Si quieres, te cuento mi historia de un viaje a Marrakech (muy extraño).

Tres días en Chefchaouen: el cielo vertical

Amor en Chaouen Marruecos
Cada vez que, ante mi, aparece una cordillera rememoro ese tema de Víctor Manuel en el que el cantautor recitaría: “bajo ese cielo impasible, vertical, inquebrantable” y en Chaouen, no solo lo recité yo sino que lo hice desde una de las muchas azoteas tomando un té de menta (a tei) y manteniendo conversaciones con desconocidos familiares que trastocaron mi mundo en tan solo unas cuantas horas.
Alex Bayorti en Marruecos

¿Quieres conocer mi historia de un viaje a Chefchaouen?

Una noche en Tetouán

Alex Bayorti en Marruecos
Tetouán es una ciudad cosmopolita, muy alejada de la imagen que tenemos en Marruecos. Curiosamente es en la que más inseguro te sientes, especialmente en su medina. El alojamiento suele ser más costoso y la comida, más europea. Una urbe de paso en la que destacan esas casas tan marroquíes en las faldas de las montañas que parecen estar oteando un horizonte marítimo, un pasado más dulce.

Una última noche de Tánger

Alex Bayorti en Marruecos
Recuerda esa imagen de una persona mirando, frotándose los ojos, volviendo a mirar y diciendo atónita; “lo veo pero no lo creo”. Esta es la impresión que da Tánger. Cuando llegas el primer día, todo te parece un caos pero, claro está, después de casi diez días y una visita larga a Chaouen y a Marrakech descubres el encanto de Tánger.

Alex Bayorti en Marruecos

Y es que, al principio, intimidad, después, “le pillas el truco”. En ese momento, paseas por el petit zoco sin que nadie te aborde – ya saben que llevas ahí tiempo, quizás crean que vives en Tánger -, observando los puestos a tu ritmos pero sin pararte, ¡Nunca te debes parar en el zoco de Tánger!

Alex Bayorti en Marruecos

Después de estos diez días en Marruecos, recuerdo una lágrima que asomaba en mis mejillas al contemplar la estrella de la bandera de Marruecos, de camino al avión que nos llevaría a Madrid.

Alex Bayorti en Marruecos

Y, aunque sabía que regresaría, no pude evitar sentir que en ese tiempo algo había cambiado, que una parte de ese lugar se había quedado para siempre impresa en mi. Esta dulce herida irá conmigo allá dónde vaya. Esa lección de honradez y simpatía, de humanidad y sociedad, no se borrará tan fácilmente. ¡Hasta la vista, Maroc!

Imágenes: Alex Bayorti , Noelia Poblete.
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Belgrado: un fin de semana en un boat hotel en la capital serbia

Belgrado: un fin de semana en un boat hotel en la capital serbia

Dicen de Belgrado que es una ciudad mágica y, quienes lo hacen, tienen razón. Puede que el hecho de que haya sido azotada por varios conflictos bélicos haya enturbiado la belleza de la capital serbia y es probable que si has viajado antes a otras capitales centroeuropeas como Praga o Budapest, no te sorprenda demasiado esta capital. Sin embargo, si llegas a ella sin pretensiones, puede que Belgrado te enamore por su increíble ambiente, sus amables ciudadanos y una gastronomía en la que la carne es poco menos que una religión. Esta es la historia de dos amigas en un boat hotel de Belgrado. 

Novi Beograd y las “casas barco” a orillas del Danubio

La “ciudad blanca” es también un punto estratégico que ha favorecido la entrada de pueblos que van desde los otomanos hasta los austriacos. Todos ellos se han llevado un pedazo de esta capital europea en la que confluyen los ríos Danubio y Saba
Nosotras llegamos a Belgrado en Blablacar desde Budapest y, aunque tuvimos algunos problemillas para tomar un autobús (el conductor nos dejó a la entrada de la ciudad en una estación de bus y no teníamos dinares (1€ =120 dinares). Una vez que conseguimos cambiar algo de dinero, subimos a un autobús 88 (autobús=150 dinares) que nos llevó hasta Novi Beograd, dónde está la zona nueva de la ciudad a orillas del Danubio
En ese momento – no te voy a engañar – no teníamos ni idea de dónde estábamos y queríamos encontrar el boat hotel lo más rápido posible pero lo cierto es que nos quedamos fascinadas, poco después, con el maravilloso parque de Novi Beograd así con los muchos hoteles, hostels y pubs nocturnos que estaban situados en casas habilitadas a orillas del Danubio. Nosotras teníamos reserva en el Compass City Inn Hotel y, después de tomar una cerveza Jelen (clásica en Belgrado) llegamos al barco. No es gran cosa pero el desayuno buffet estuvo bastante bien, tenía un baño (minúsculo) y estaba situado a 30 minutos a pie del centro. Nada mal por 15€ por noche y por persona.
Las vistas desde el camarote 🙂
Por la mañana, nos despertamos pronto para ir a desayunar y, la verdad, fue lo que más nos gustó del hotel (aparte de la originalidad de que sea un hotel barco). Había de todo. Desde cereales pasando por queso cottage, salchichas, huevos cocidos o revueltos…etc.
De camino al casco histórico por la mañana, pudimos pararnos a ver detenidamente los exteriores del Boat Hotel.
También nos quedamos fascinadas con algunas casas particulares que, como esta, parecían sacadas 
de una novela de Mark Twain. Parecía como si Tom Sawyer estuviera a punto de aparecer por ahí, por alguna parte.

De “free tour” por el centro de Belgrado

Yo no es que sea mucho de visitas guiadas pero, viéndolo con perspectiva, me alegro de que a mi amiga le apeteciera ya que tan solo teníamos unos 48 horas para ver toda la ciudad y, aunque Belgrado se puede visitar en este tiempo, si que nos hubiéramos quedado con ganas de descubrir algunos de los principales monumentos.
Los free tour que escogimos tenían dos horarios; a las 12 y a las 14 horas. Preferimos ir a las 14 horas en el punto de encuentro, la Plaza de la República o Republic Square. Desde esta partía el free tour. Gracias a él conoceríamos algunos de los monumentos más hermosos de la urbe. Por cierto, el edificio que está al fondo es el Museo Nacional cuya historia truculenta merece un recorrido. 

Quizás uno de los que más nos sorprendieron fue este hotel de estilo modernista que se encontraba, además, frente a un montón de edificios soviéticos (con el contraste que esto implica). Lástima que estuviera bastante oscuro el día y no se pueda percibir lo bonito que era.
Por supuesto también pasamos por el Museo Regional. Yo me quedé con más ganas de ver el Museo Nicola Tesla (no daba tiempo a todo 🙁 que, aunque costaba unos 7€, tenía unas visitas con guía que merecían la pena.
Uno de los edificios más bonitos de la ciudad, con un marcado estilo neoclásico es el Parlamento de Serbia. Se trata de un edificio espectacular que, si bien es cierto no alcanza la majestuosidad del homónimo de Budapest, no decepciona.

También vimos otros muchos monumentos de interés como es el caso de la Iglesia de San Marcos de Belgrado (sobre estas líneas) o el templo de Sava. A pesar del mal tiempo, mereció la pena. Ya estábamos preparadas para ir a Skdarlija en dónde la vida nocturna se activa a partir de las 8 de la tarde. Era mucho más pronto cuando nosotras fuimos pero, ¿Qué te voy a contar? Habrá que comer. Y así lo hicimos. Comimos algo y fuimos hacia esta zona de la urbe. 

Al fondo de esta imagen se puede divisar la iglesia que se encuentra antes de llegar a la fortaleza Kalegmedan, una de las principales atracciones. 

Kalegmedan al atardecer

Después de pasar, nuevamente, por la plaza de la República, no podíamos sino visitar Kalegmedan, la fortaleza que se divisa cuando se pasa por el puente principal que une el Belgrado histórico y el Nuevo Belgrado (nosotras nos alojábamos en este último).
Antes de llegar paramos por uno de los muchos restaurantes de la ciudad. Esta zona es una de las más
más cuidadas de la ciudad. Se trata del barrio bohemio de Belgrado (y se nota). Ni los precios ni los restaurantes tienen nada qué ver con los que habíamos conocido en Downtown Belgrade.

La fortaleza de Kalegmedan

Bueno, soy bastante poco cuidadosa con el tema de las fotos y no había llevado la Nikon a este viaje así que cuando “murió” mi móvil, todo se acabó XD Es broma. Simplemente, añado una imagen de Wikipedia para que os hagáis una idea. Kalegmedan cuenta con numerosas atracciones; puestos ambulantes, restaurantes y bares, exposiciones (está el museo militar en su interior), un parque de dinosaurios para niños, pistas de tenis, de baloncesto…es, por así decirlo, el jardín de Belgrado.

Cómo llegar a Belgrado

Pues bien, nosotras optamos a la ida por el Blablacar (ya os conté que nos costó unos 22€ por persona) aunque se hizo bastante pesado. Salimos a las 9 de la mañana (aunque quedamos a las 8, ni el conductor ni nosotras conocíamos Belgrado y hasta que nos encontramos, pasó mucho tiempo) y llegamos a las 16 horas (la aduana es una locura…que merece la pena ser vivida; gente paseando, ochocientos coches apelotonados, niños encima de los capots jugando…). Nos dejó en la entrada a la ciudad.

A la vuelta “nos lo montamos mejor”. Decidimos ir en tren. Fuimos a pie hasta la estación (desde el puente principal – al lado de la zona histórica de Belgrado – puedes ir tú mismo si sigues el curso del río hacia el sur). Había un billete por la mañana, sobre las 8 a.M, otro a las 11:25 a.M y un último sobre las 10 p.M. Nosotras preferimos el de las 11:25 horas. Todos cuestan unos 15€ así que, en este sentido, fue más económico. Eso sí, la duración es de casi 8 horas. Te deja en Keleti. En este caso, no es necesario reservar asiento porque casi siempre va libre – el nocturno es otro cantar -.

Ambos viajes fueron pintorescos a su manera; a la ida nos tocó un conductor búlgaro que no paraba de hablar de todo el dinero que tenía y que nos preguntaba cosas tan lógicas como nuestros sueldo. A los canadienses que iban con nosotras, que eran pareja, les sacaron los colores (cosas del Blablacar). A la vuelta, un grupo de señores de cincuenta años hicieron botellón durante todo el viaje. Por lo visto, debían estar empezando sus vacaciones, rumbo al Balatón XD.

¿Merece la pena Belgrado?

Aunque cántabra de nacimiento, soy gallega adoptiva así que mi respuesta va a ser; depende. Nos encontramos desde gente que estaba iniciando un viaje desde Belgrado y que estaban muy contentos hasta otros que estaban haciendo interrail y esta era su última parada (ERROR). Lo que recomendaría es que, si vas a visitar Belgrado, lo hagas al principio del viaje. Si antes de llegar a esta ciudad, has conocido Praga, Budapest, Berlín…etc te resultará feísima. Y es que todo es bonito, dependiendo con qué se compare. Por supuesto, si vas como nosotras; sin pretensiones, te encantará. ¡¡¡Disfruta Serbia!!! 

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Cite de l’espace en Toulouse

Cite de l’espace en Toulouse

Tengo que reconocer que me emocioné cuando vi el increíble cohete de Cite de L’espace a la entrada de Toulouse. Habíamos pasado el día anterior por Atlantic y Hautes Pirenées y la verdad es que no teníamos muchas ganas de ver monumentos. Fue por eso por lo que, cuando descubrimos la existencia de este parque temática sobre el espacio, no nos planteamos si era para críos o no. Decidimos ir al día siguiente sin falta. Esa noche dormimos en el aparcamiento cercano. La mayoría de los aparcamientos de la Cité son para coches (máximo 1,30 metros) pero había varias furgonetas camper aparte de la nuestra así que, ¿Por qué no?

Cosas que no sabíamos de Cite de L’espace

Este parque temático no es el más famoso del sur de Francia ni mucho menos. Pero no decepciona. A pesar de su precio de 24 euros para adultos, merece la pena si se viaja con niños…y si se es uno de ellos. 
De hecho, vivimos una regresión durante ese día. Cite de L’espace está pensada para los más pequeños. 
Se nota en cada uno de los simuladores, los juegos interactivos e, incluso, los parques infantiles que hay dentro de los cohetes espaciales. 
A lo largo del día hay numerosos espectáculos entre conciertos, películas 3D o sesiones de planetarium. 
Puedes ver, incluso, una reproducción a tamaño real de la MIR y ver las diferentes estancias. No obstante, hay algunas cosas que nos parecieron “flojas”. 
Entre ellas, la calidad del planetarium o de algunas de las atracciones que parecían ancladas en el siglo pasado. 
Se nota que Cité de L’espace fue creado hace un par de décadas y que el mantenimiento ha brillado por su ausencia. 
Aún así, nunca olvidaré el momento en el que vi un Sputnik a tamaño real. 
Cité de L'espace Toulouse
Durante ese día volvimos a ser esos niños que queríamos ser astronautas de mayores. 
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10 razones para visitar Rocamadour

10 razones para visitar Rocamadour

Después de una visita a Rocamadour,Francia nunca vuelves a ser la misma. Rememoras cada una de sus callejuelas, la gran escalera, sus cuevas y su castillo y no te ves capaz de asumir que puede que nunca jamás regreses a este pueblo de Midi Pyrenées.


Estas son mis 10 razones para visitar a Rocamadour según EVF 

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10 consejos para viajar en pareja (y no morir en el intento)

Me siento especialmente ligada a este artículo de El Viajero Feliz por una razón fundamental; soy viajera, furgonetera novata y con un compañero de viajes perenne que comparte mis aventuras y participa activamente en ellas. Este post es tan personal como lo pueden ser nuestras experiencias en furgoneta. ¡Enjoy!

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Recuerdos de Mesa del Mar en Tenerife

Mesa del Mar Alex Bayorti

Parece como si el tiempo no pasara y, sin embargo, hace cuatro años exactamente volaba hacia las Islas Afortunadas para quedarme a vivir por un tiempo. Muchas fueron mis experiencias en mi mes en Añaza, mis seis meses a galope entre Madrid y San Cristóbal de La Laguna. Sin embargo, lo que nunca olvidaré será mi casa del acantilado en Mesa del Mar.

Este artículo de El Viajero Feliz es para la tierra a la que se que regresaré…para quedarme

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Un viaje a Marrakech en solitario

¡Siguen nuestras aventuras! Si te has perdido  la historia de un viaje a Tánger, que sepas que esta es una continuación: nuestro viaje por Marruecos no había hecho más que empezar. Eran las ocho de la mañana –para que luego digan que los marroquíes no son puntuales– cuando llegamos a la estación de tren principal de la ciudad, la Gare du nord. Con una arquitectura neomudéjar preciosa, te puedes imaginar la cara que se nos quedó a las dos cuando salimos del tren. 

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Viaje a Chefchauen en solitario

Si vas a viajar a Chaouen, te doy un consejo gratuito: llega en el autobús de la noche, cuando el cielo te impida ver la estación, las calles. En ese primer instante, solo habrá gente y más gente – los marroquíes viven de noche-, y ese espectáculo te marcará para siempre.
Cuando consigas tomar un petit taxi, llega a tu hotel y toma el té de bienvenida. Y, ante todo, acuéstate temprano, cálida y mágicamente. Te despertarás al amanecer con el sonido de las aguas del río, de ese río que fluye blandamente, como el que me imaginaba cuando era adolescente y leía los pensamientos del filósofo Heráclito. Chefchaouen es un poco como ese río, por el que nunca pasas dos veces, porque nunca es el mismo que antes conociste… ni lo volverá a ser al día siguiente. Esta es la historia de un viaje a Chefchaouen y es para ti. Si te has perdido el resto de una historia de un viaje a Marruecos, no dudes en empezar por el principio. ¡Enjoy!
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