Entendiendo la superficialidad a la que se refería Mishima

Me arrepiento de no haber conocido antes de 2013 a Yukio Mishima del mismo modo que me avergüenzo de haber sido una acérrima defensora del significado de las cosas, de la expresión mediante palabras. He tenido que ser destripada por la mentira implícita en la inexactitud del lenguaje oral y escrito para darme cuenta de la traición de la literatura. Y es que para mi todo es literatura. Se convierte en ella en el momento en el que enunciamos lo que vemos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que percibimos. La literatura es la necesidad de expresar aquello que es inexpresable. O, al menos, así acotaba yo el universo de las palabras hasta que llegó a mi vida Mishima.

El escritor que descreía de las palabras

A pesar de ser, bajo mi punto de vista, el más representativo de los escritores malditos en Japón, Mishima no fue ni mucho menos un autor “de pocas palabras”. Más bien. era de esos escritores pedantes, del estilo que yo me creo o que me dicen que soy. De esos que te exigen leer sus obras con un lapicero en mano – en mi caso un bolígrafo, adoro destruir obras de arte pintarrajeando -.
Una de sus teorías más atractivas tenía que ver, contradictoriamente, con lo poco que significaban las palabras o, más bien, con la insignificancia de las palabras. Para él, estas eran solo la manera que las personas teníamos de llenar el vacío que existía entre un hecho y otro. Una manera de acabar con la ansiedad que nos ligaba a un futuro incierto y a un pasado que no éramos capaces de cambiar por mucho que quisiéramos.
Le resultaba, a su vez, curioso el poder que las palabras habían adquirido, irguiéndose como dioses de aquellos que las habían deseado utilizar como medio. Pero el medio, poco a poco, se convertía en un fin en sí mismo. Según Yukio Mishima, las palabras se corroían, siendo conducidas hacia la vacuidad de su propia carencia de significado. Y es que, paremos a pensar, ¿Qué son las palabras?

Las palabras no sirven para nada

Se intuye que es así pero cuando se tiene frente a frente la carencia de importancia de las palabras, todo cambia a nuestro alrededor. Y es que ni la discusión más encarnizada, ni la persona más polémica puede arrancarnos los pies de la realidad; que sus palabras no sirven para nada salvo que causen un efecto práctico. Mientras tanto, las palabras son eso; la nada. Es por ello, buscadores, por lo que os animo a realizar una serie de ejercicios que se basen en esta premisa;

Puesto que las palabras no significan nada, las palabras no pueden ofenderme, crear emociones ni sustraer parte de mi. Una palabra no sustituye a un hecho, por mucho que queramos equiparar a ambos; las palabras son entretenimiento, los hechos, definición.

Publicado por Alex Bayorti

Copy Writer de profesión y proyecto de escritora. Borratajear en lienzos es una terapia. A veces leo. Caminar es la mejor meditación. NK Comunicación soy yo. Un poco impostora. Dame café y cambiaré el mundo. ¡Que disfrutéis de mi blog!

Deja un comentario