Muerte tribus urbanas

La muerte de las tribus urbanas

Este artículo fue escrito en el año 2013. De ahí que pueda estar descontextualizado. ¡Espero que te guste!
Si hay algo que siempre me ha parecido curioso es la facilidad con la que tal o cual persona te puede tratar en función de la ropa. E iré más allá, la facilidad con la que uno mismo puede adoptar la actitud que se le asume a esa moda cuando lleva puesta la indumentaria adecuada en el momento oportuno. En los tiempos que corren, en la era de Primark, hasta el más pijo es capaz de convertirse en malote con unos pinchos comprados en Zara. O si no, tratad de hacer la prueba mediante un sencillo experimento. Pasearos por Villaverde Bajo con un americana y pelo engominado. Ya veréis que os dicen. Si luego lo rematáis con un paseo por al Barrio Salamanca al más puro estilo The Exploited, la diversión está garantizada. Resulta divertido porque, en mis años mozos, el concepto de tribus urbanas estaba muy relacionado con el esfuerzo. Quién quería una estética no normativa tenía que trabajarlo. Empiezo a parecerme a la abuela cebolleta porque siento nostalgia de aquella época. Ahora todo es mucho más simple, es decir, te vas a un Pull&Bear y encuentras un amplio surtido de personalidades a precios que van desde los nueve a los cincuenta euros.

El día en el que murieron las tribus urbanas (y no pasó nada)

 
El mercado de las identidades es un fiel retrato del reinado del consumo. A día de hoy, no se compra un teléfono para llamar por teléfono, ni una TV para ver la TV. Se compra un teléfono “que represente tu personalidad” y una tele grande “que te cagas”. La realidad ha superado a la ficción hasta este instante actual en el que nos encontramos con un espectáculo en el que somos de Apple o de Windows, de McDonalds o de Burguer King. Como si no estuviera poco claro que lo que reina en esta sociedad es el famoso “Home vs Foreign”.
Para más inri, la frontera entre la identidad y la simple estética ya no existe y, con esta nueva caída del muro de Berlín interpersonal, una servidora está más perdida que un pulpo en un garaje. Hubo un tiempo en el que el exterior mostraba lo que bullía en el interior, un tiempo en el que teníamos que buscarnos la vida para encontrar esa ropa que se asimilaba con nosotros, esa música que era limitada. Incluso fabricábamos nuestra propia identidad, retal a retal, libro a libro, disco a disco, película a película, viaje a viaje. Pero esos buenos tiempos ya pasaron. Ahora hay de todo y cuando digo de todo es que poco falta para que vayamos al supermercado y compremos unas galletas “estilo gótico”, un pan “especial pijo” o paté de cerdo “grunge“.

Hubo un tiempo en el que se mostraba en el exterior lo que bullía en el interior, un tiempo en el que teníamos que buscarnos la vida para encontrar esa ropa que se asimilaba con nosotros, esa música que era limitada.

No existen personalidades, ni tribus urbanas, solo copias de copias. Los grupos de pertenencia se desdibujan. Hoy estás en uno. Mañana te aburres y te vas a otro. Miles de millones de copias. ¿Qué quieres ser?¿Punky? Escucha listas de reproducción en Youtube o, si tienes pasta, suscríbete a Spotify Premium, pon un vídeo con tu cresta en Instagram, lee en la Wikipedia acerca de tu nueva inquietud personal y compra la indumentaria y complementos adecuadamente. ¡Sin ni siquiera salir de tu casa! Así de fácil. Aun rememoro cuando en los lugares que no eran Madrid o Barcelona era imposible toparse con nada que no fueran hombreras o pantalones de campana. Por aquel entonces era casi una odisea ser como querías ser. Me acuerdo también de la ilusión con la que esperaba que llegara el catálogo Tipo o el siguiente número de la Metal Hammer. Ahora basta con buscar en Amazon. ¿Y para leer sobre tus grupos? Con tener app con un feed de noticias del estilo Flipboard es más que suficiente.

“Esta chupa representa mi lucha por la libertad personal”.

Te preguntarás por qué me quejo de que ahora todo sea más fácil. Pues justamente por eso. Porque ha perdido la gracia. Porque nos han arrebatado (o, más bien, a las próximas generaciones) la búsqueda de la propia identidad, el esfuerzo y la voluntad. Así como antes se buscaba la autenticidad en cuanto a los conocimientos  y la actitud , se trataba de hacer lo mismo con la indumentaria. No era para los demás. Era una extensión de ti misma. Como esa frase que soltó Nicolas Cage en Wild at Heart: “esta chupa representa mi lucha por la libertad personal”.  Al fin y al cabo, era “de ley” que si lo uno costaba, lo otro también. Una identidad no se crea en un día.
Si se formaba parte de las tribus urbanas, el tema de la indumentaria estaba influido por el boca a boca, los gustos musicales etcétera. Aún así la búsqueda era gran parte de ese amor por la identidad. Una identidad que poco a poco se va perdiendo y que es la muestra de otra muerte más, de otra alienación subyacente. Si no somos en relación a nosotros mismos, ¿Qué seremos comparándonos con los demás? Por supuesto la ropa no es lo que importa. Lo que realmente interesa es conocer esa identidad individual, respetar las ajenas y, en último término, asumir una solidaridad social en lo que realmente importa.

La sociedad en la que éramos colectivistas para lo que teníamos que ser individualistas e individulistas para lo que deberíamos ser colectivistas

No sé muy bien qué perspectiva de futuro tenemos (si es que hay alguna) pero si que presencio un hecho antológico. La sociedad cada vez es más individualista en lo importante, en los derechos humanos y en la solidaridad social al mismo tiempo que se vuelve más colectivista en lo que debería ser, visiblemente, más individualista.

La búsqueda de una misma, la identidad personal y el conocimiento no deberían estar subordinados a las modas ni a las tendencias ni al consumo. Deberían ser de una misma. Deberían alejarse del todo. En el lado opuesto estaría la lucha colectiva por la mejora de condiciones de toda la sociedad. La muerte de las tribus urbanas me inquieta especialmente porque era el punto de partida para la nueva solidaridad social, empezando por el grupo y continuando por la empatía con otras tribus urbanas diferentes, por el conocimiento mutuo y la solidaridad universal. Desgraciadamente parece que vivimos en la clase de tiempos de las que los piratas se enorgullecerían: “arrasa con lo que veas y generosa no seas”. Un fracaso (más) del sistema. Tengo curiosidad por saber cuántos más soportará la sociedad.

Publicado por Alex Bayorti

Copy Writer de profesión y proyecto de escritora. Borratajear en lienzos es una terapia. A veces leo. Caminar es la mejor meditación. NK Comunicación soy yo. Un poco impostora. Dame café y cambiaré el mundo. ¡Que disfrutéis de mi blog!

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