Aterrizamos, literalmente, en San Petersburgo a las nueve de la mañana del quince de Agosto. Habíamos estado exactamente 26 horas sin dormir desde que salimos de Tenerife a las siete de la mañana del día anterior y los ánimos estaban un poco bajos. Bueno, vale, también pudo influir que el hecho de que hiciéramos una visita nocturna a Riga y bebiéramos algunas pintas por ahí pero, ¿Cómo resistirse a conocer el centro de una ciudad europea por la noche?

Nada más aterrizar en San Petersburgo nos dimos cuenta de que estábamos en una ciudad inmensa. Tanto es así que el sello en el visado es un trámite común (hay muchos letones que vuelan entre países) por lo que se realiza en apenas unos minutos de espera a menos que halla demasiada cola. No fue nuestro caso.

San Petersburgo #transmongoliano2019 y transporte público (en serio, lo pasamos mal)

Íbamos sin tener ni idea de cuál era el transporte público para llegar a San Petersburgo. A ver, es de lógica que estando en una ciudad tan grande como esta no tuviéramos problemas de conexiones entre aeropuerto y ciudad. Así fue. Aunque explico las opciones en otro post, el autobús es un medio de transporte económico con un precio de 40 rublos (unos 70 céntimos al cambio en 2019). Nuestro hotel se encontraba a menos de 30 minutos a pie del centro y estaba próximo a una parada de bus, frente a la Iglesia de San Nicolás de los Marinos. Tardamos una hora en llegar – si, San Petersburgo es muy grande, en plan cinco millones de habitantes y tal – y tuvimos que ir de pie ya que el autobús era, en realidad, un minibús.

Después de una hora llegamos al barrio y aunque empezábamos a morir del sueño aún no era la hora del check-in en nuestro hotel. ¿Solución? Tratar de contactar con el alojamiento para que nos permitieran dejar el equipaje. Es un clásico que nunca falla y, con alguna que otra vicisitud (todo culpa nuestra por la falta de riego de casi 30 horas ya sin dormir), conseguimos contactar y no solo nos permitieron consignar el equipaje sino que el lugar mereció la pena por más razones. Por cierto, si quieres saber dónde nos alojamos en San Petersburgo, te lo contaremos todo.

Durante este par de horas antes de hacer check-in estábamos demolidos. Nuestra idea era buscar un bar pero hasta la tarde siguiente no descubriríamos cómo son los bares y restaurantes de San Petersburgo. Nada de terracitas (algunas hay, a precio de oro – para ser Rusia -) pero los bares suelen estar, o bien, en un sótano, o bien, en locales que no parecen en absoluto cafeterías. Pues bien, de novatos decidimos ir a la única terraza de la zona en la que estábamos, en las inmediaciones de los jardines de la Iglesia de San Nicolás. El resultado fueron 2€ por café. De pagar esta cantidad os recomiendo que vayáis al centro de San Petersburgo con terrazas con mejores vistas.

En cuanto pudimos entrar en la habitación, lo hicimos. Necesitábamos reponer fuerzas y ducharnos (si, por favor, ducharnos) para después sacarle todo el jugo a la ciudad. Llamadme loca pero prefiero perder tres horas durmiendo y después disfrutar de lo que veo que ir como una zombi por la vida.

A eso de las cinco de la tarde estábamos en marcha. Un sueño reparador y una ducha que hicieron maravillas. Era hora de hacer un poco el guiri aunque teniendo todo el día siguiente para hacer turismo preferimos tomárnoslo con calma. O no. San Petersburgo es una ciudad ideal para caminar; es llana y con uno de los planos más rectos que conocerás (ni en Barna había visto cosa igual). Esto es de agradecer ya que, a diferencia de lo que puede parecer cuando se consulta el mapa, resulta muy fácil acceder al centro, a la Isla Vasílieski (aprovecho para comentaros que hay más lugares de interés pero que en dos días nos negamos a agobiarnos más de la cuenta). Puesto que no teníamos demasiado tiempo, quisimos hacer una prospección más que visitar museos y demás.

Paseamos por toda la isla Vasilieksi. Desde el hotel apenas anduvimos media hora y, siendo sinceros, todo San Petersburgo tiene su encanto. A pesar de que si que es cierto que el centro era imponente.

Fuimos aproximándonos a la zona centro y a medida que llegábamos empezaba a parecernos todo un poco más guirilandia. Este hecho nos pareció divertido ya que cuando habíamos entrado en el hotel habíamos pensado que ya estábamos en pleno centro. Y no. Es simplemente que San Petersburgo es precioso. Y ya está. Todo él.

Qué vimos en San Petersburgo en 2 días: la isla Vasilieski y el barrio de Dostoyevski

No entraré en detalles pero le dimos un repaso al Museo Heritage y al Palacio de Invierno, vagamos por los canales en los que decenas de barcos turísticos hacían su Agosto (literal y figuradamente) con los turistas que preferían ver la ciudad cómodamente desde un catamarán (aunque lo cierto es que no sé hasta qué punto no pasarían frio porque el tiempo, aunque soleado, no era tan apacible a medida que se iba poniendo el sol). También descubrimos la cantidad de restaurantes y terrazas de la zona, los muchos tours que se publicitaban a pie de calle y los puestos callejeros que competían por sacar unos cuantos rublos de entre toda la vorágine.

Por cierto que si quieres saber qué hacer en San Petersburgo, nosotros lo encontramos en Rusalia que explica bastante bien aunque tengo que reconocer que no somos del tipo de turistas que se estresan en los viajes. Vimos lo que quisimos y todavía nos dio tiempo para pasear por mercados, por carreteras no tan transitadas y para tomar algo en bares de paso. La vida es demasiado corta para estar estresada.

Curiosamente en la plaza había un festival con bailes y ropa típicos así que ahí nos quedamos observando un buen rato, en la plaza principal, mientras abríamos los ojos como platos por la cantidad de cosas que había que ver en esa ciudad. Tanto es así que después de tres horas caminando, decidimos que volveríamos a San Petersburgo en un futuro, a poder ser en temporada baja para evitar las inmensas colas que habíamos visto por el camino. Al día siguiente haríamos algo que llevaba esperando más de media vida y que me parecía más acuciante que la visita a un museo más en mi larga tradición de ir a museos; visitar el barrio de Dostoyevski !

Lo que aprendimos al viajar a San Petersburgo

  • En San Petersburgo a la gente le gusta mucho el café pero, curiosamente, es soluble (si, es bastante malo en todo Rusia en general). Puedes encontrar kioskos de café (Cofe, se pronuncia) a lo largo de todo el día. A menudo, los hoteles y trenes te ofrecen cafés solubles y hay agua caliente y hervidores por todos lados.
  • La comida rusa se basa, en gran medida, en carnes, rollitos, blinis (como crepes franceses pero más pequeños) y una mezcla de cocina oriental bastante curiosa.
  • Ya hablaré del carácter ruso pero a tener en cuenta que el 99% no sonríe porque sí. De hecho, para un latino son absolutamente bordes. Olvídate de la palabra «gracias» y «por favor». No las necesitan.
  • Si quieres visitar los museos más importantes, no dejes de reservar con antelación. En el Heritage, por ejemplo, puedes comprar online (menos cola) u offline (más barato pero con más cola). El centro de San Petersburgo es un hervidero.
  • Atrévete con las cervecerías y bares menos turísticos.
  • Los buses y minibuses cuestan 40 rublos por viaje por lo que muévete en ellos porque son más económicos que en cualquier ciudad española (salvo que te guste mucho caminar como a nosotros).
  • Prueba los pescados secos que se suelen acompañar con un refresco, agua o cerveza. ¡Son las tapas de Rusia al completo!

Conoce más consejos para preparar el transmongoliano, saber cuánto cuesta el transmongoliano, qué llevar en la maleta y cómo gestionar los visados.