Ulán Bator tiene mala fama entre los viajeros. Se la tacha de ser la segunda ciudad más contaminada del mundo. Se la menciona únicamente para hablar de los «niños rata» que pasan los inviernos bajo tierra y, en el mejor de los casos, se dice de Ulán Bator que no tiene nada que merezca la pena. Cuando nos planteamos el viaje, no pensábamos pasar dos noches en la capital ya que la idea era contratar un tour por Mongolia. Como siempre, el transmongoliano nos daría una nueva sorpresa y, de hecho, una de las más agradables.

Bitácora de una visita de 2 días a Ulán Bator

A estas alturas de la ruta estábamos lo suficientemente cansados como para llegar en tren de Ulán Udé a Ulán Bator y esperar fervientemente unos días de tranquilidad pero habíamos leído tantos artículos acerca de lo supuestamente terrible y contaminada que estaba esta ciudad que nuestra idea era aceptar rápido un tour por Mongolia al llegar a nuestro Sunpath Mongolia Tour & Guest House. Sin embargo, aún nos quedaba por vivir una pequeña aventura más antes de «quitarnos las zapatillas», figurada y literalmente.

El tren nocturno llegó a la estación de Ulán Bator por la mañana. Ya habíamos aprendido varias lecciones para viajar en el tren transiberiano-transmongoliano así que estábamos más descansados que en los trenes anteriores. Nada más llegar, nos asaltaron varios vendedores de tours. ¡Y nosotros agobiados porque íbamos un poco a la aventura! En nuestra mente todo era mucho más complejo que cuando nos enfrentamos a los desafíos uno a uno. Esta vez, el verdadero desafío era cómo llegar desde la estación de tren de Ulán Bator hasta el hostel. Sucedía algo curioso en la estación de la capital mongola y era que ninguno de los tres cajeros automáticos funcionaba por lo que te recomendamos que cambies a tugriks en Ulán Udé. Aún así, no te preocupes si te pasa a ti también porque los 4×4 privados aceptan euros aunque obviamente son más caros que en tugriks. El precio es de 2€ por persona.

Así lo hicimos. Nos subimos a un 4×4 que nos llevó hasta un hostel…que no era nuestro hostel. Esa experiencia nos ayudó a darnos cuenta del carácter mongol ya que, inmediatamente, la dueña del no-hostel nos indicó muy amablemente que nos llevarían a nuestro alojamiento sin coste alguno. Resultó que ambos hospedajes eran de la misma empresa pero que uno se encontraba más céntrico y las habitaciones eran peores y el nuestro tenía mejores cuartos pero estaba un poco más alejado.

Nos dejó sanos y salvos en el verdadero hostel. Estaba a unos 30 minutos a pie de la plaza Sükhbaatar lo cual nos iría enamorando con el paso de las horas ya que descubriríamos como vivían realmente los habitantes de Ulán Bator lejos del centro. Incluso descubriríamos que un porcentaje importante de la población de más de 50.000 personas continúan viviendo en Gers en la periferia, como pudimos comprobar. Según nos contaría más tarde el chofer de nuestro tour por Mongolia, Ulán Bator tenía esos niveles de contaminación solamente en invierno y era debido a la cantidad de leña y carbón que se quemaban en dichos Gers y en otros muchos pisos debido a que la calefacción de gas y eléctrica es muy costosa para los sueldos de Mongolia.

En cuanto llegamos al hostel, que estaba situado en la última planta de un edificio bastante desangelado, nos convencimos de que habíamos acertado. La habitación era inmensa y estábamos solos debido a que el 1 de Septiembre ya no es temporada alta en Mongolia. Así que lo teníamos todo para nosotros; los tres baños, la amplia cocina y una habitación con una terraza que daba a un rascacielos que estaba en construcción y en el que pasamos las noches de nuestra estancia en Ulán Bator observando a los obreros trabajando a un ritmo frenético y escuchando el murmullo de los taxistas clandestinos que hacían unas extrañas llamadas que bien podrían haber sido oraciones tibetanas.

Nuestra primera tarde en Ulán Bator

Ese mismo día nos dispusimos a recorrer Ulán Bator. Durante el tiempo que estuvimos en la ciudad, fuimos a pie a todas partes. Puede que a la gente no le guste caminar pero es imposible conocer un lugar si solamente se va del punto A al punto B durante el viaje. El primer lugar que visitamos fue el Monasterio de Gandantegchinlin, un complejo tibetano que, en aquel momento, pensamos que sería lo más interesante de Ulán Bator. Nos equivocaríamos una vez más. En realidad, lo elegimos porque estaba muy cerca del hostel así que fuimos de paso antes de llegar al centro.

Tras sacarnos la fotografía típica en el cartel de la ciudad, tan de moda ahora en todas partes, y conocer la decepcionante Plaza Sükhbaatar (en serio, es una plaza grande, sin más), empezó lo «bueno». Durante esos días tenía que trabajar ya que había estado evadiendo responsabilidades durante diez días. Encontré una cafetería Tomtoms en el centro de la ciudad, al lado del Museo de los Dinosaurios. Gracias a esto, descubrimos que esta ciudad tiene más vida que todas las urbes rusas que habíamos visitado.

Era un ritmo trepidante, frenético, pero también convergente. Como si del caos naciera un orden primigenio. Las gentes mongolas son amables pero, bueno, tampoco te pases porque no son serviles en absoluto y es de agradecer porque no sé por qué pero a los turistas al uso les encanta el servilismo y a nosotros nos incomoda bastante.

Por cierto que antes de entrar en el Tomtoms fuimos al mercado de las Pulgas a cambiar dinero en el centro de la planta baja, donde se encuentran las joyerías. Finalmente lo hayamos. Este mercado no es un mercado en absoluto si no un flamante centro comercial. La cafetería, la plaza del museo de los Dinosaurios y este museo se encuentran a la vuelta de la esquina del mercado de Pulgas.

Era un ritmo trepidante, frenético, pero también convergente. Como si del caos naciera un orden primigenio.

Así fue como llegamos al Tomtoms y pasamos un par de horas en él. Después comimos en un coreano. Porque en Ulán Bator cuesta una barbaridad comer cocina mongola pero hay restaurantes coreanos por doquier. Los motivos son la inmigración coreana que monta los establecimientos y que muchos de los arquitectos que están reconvirtiendo todo el centro de la ciudad son de Corea del Sur.

Resultaba cómico que fuéramos a Mongolia a comer a un surcoreano pero nunca habíamos estado en uno así que allí fuimos. No sería la última vez. La cocina coreana está deliciosa. Eso sí, después de comerla dos veces te das cuenta de que todo es igual y vuelves a aficionarte a los dumplings que te han acompañado desde Siberia.

Aquel día por la tarde fuimos al Museo de los Dinosarios por menos de 4€ y pudimos constatar que estábamos ante uno de los países con el mayor patrimonio paleontológico del cretácico que existe. Una verdadera maravilla en la que pasamos media tarde y que fue uno de los grandes aciertos de nuestra visita a la ciudad. A medida que pasaban las horas en la capital mongola redibábamos mitos sobre Ulán Bator. Por cierto que los precios en Ulán Bator son bastante ajustados pero no tan baratos como en Siberia.

Día 2. Descanso en el transmongoliano

Habíamos dormido condenadamente bien en el hostel y estábamos listos para un día de descanso y visitas culturales. Por la mañana yo tuve que trabajar pero mi partenaire sí que visitó el Museo Nacional de Mongolia.

Fue por la tarde cuando nos enamoró el Palacio de Invierno del Bogd Kahn y el Palacio de Verano (1500 tugriks, aproximadamente 0,50 céntimos de euro). Si bien es cierto que en Beijing veríamos palacios más suntuosos y que en el tour también visitaríamos un monasterio espectacular, la realidad es que apenas había gente en este de Ulán Bator por lo que el palacio de verano era prácticamente para nosotros solos. El Palacio de Invierno merece enormemente la pena ya que en él se encuentra parte del mobiliario de Bogd Kahn de la Dinastái Qing. Aunque no tengo imágenes de los trajes reales, me encantó saber en qué se habían basado los directores de vestuario de Star Wars: La Amenaza Fantasma para vestir a La Reina Amidala. Esto último es una suposición de la que posteriormente encontré algo de información en la web pero sigo creyendo que, efectivamente, se basaron en la ropa de la reina Dondogulam, la mujer de Bogd Kahn.

Esa misma tarde ya teníamos tour contratado para el día siguiente por lo que nuestra visita a Ulán Bator había llegado a su fin y a pesar de que solamente os he contado lo que vimos, la realidad es que no puedo expresar con palabras lo que sentí durante todo el tiempo que pasamos en esta ciudad. Nos enamoramos del orden caótico, de la vida de sus calles, de la cordialidad mongola y…de sus cervezas. Curiosamente en Rusia no encontramos ni un lugar para tomar una cerveza rusa pero en Mongolia hay varias y, como buenos cerveceros, las probamos todas. Al día siguiente nos venían a recoger y solamente pisaríamos Ulán Bator para hacer noche antes de viajar en avión de Ulán Bator a Beijing. No lo olvidaremos fácilmente. Por cierto, ni rastro de «niños rata».