Chavela Vargas

Yonkis de la libertad: Los vicios del desapegado

“ Soy en verdad un viajero solitario y jamás he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos,

ni siquiera a mi familia inmediata, con todo mi corazón.

Frente a todos estos lazos, jamás he perdido el sentido de la distancia, aunque sin lamentarlo,

de los límites del entendimiento y la armonía con otras personas.

Uno gana gran independencia respecto a las opiniones, los hábitos y los juicios

de sus semejantes y evita la tentación de apoyar su equilibrio interno en tan inseguros cimientos”

-Albert Einstein

Hablemos del desapego, de la innecesidad de salvavidas. Hablemos de esos “dos modelos de persona”; del encariñado con la dependencia, del independiente maldecido con los lazos obligatorios, inquebrantables. Porque es una trágica condición la del desapegado con apegos inevitables, apegos que le rasgan y le enjaulan, que fascinan un día y hastían en un punto, a los que en un momento se retorna. Verdaderos bucles espirituales que hasta bien pasada la veintena no se acierta a equilibrar.

El handicap del desapegado

Un desapegado no pretende herir al prójimo, ni desdeñar el valor de la tierra y de las raíces. Más bien, se muestra escéptico ante las dobles morales que rigen las patrias y las pertenencias, ante las trampas envueltas en un hermoso papel de regalo. La pertenencia a un grupo es una traición al individuo, aunque resulte tan imprescindible para el desarrollo humano y social como la soledad y el retiro revelador.

La competitividad entre ambos mundos; el de aquellos que buscan la suscripción y los que reivindican la individualidad no tendría por qué existir pero, incluso dentro de uno mismo, dentro del desapegado, surge tarde o temprano la coyuntura que toma la forma de un cruce de caminos. “¿Ser yo para mi? ¿O ser yo para los demás?”.

Ansiosos por encontrarle sentido, por hallar la respuesta, los desapegados nos abalanzaremos sobre un ser yo para mi o un ser yo para los demás, sin admitir que, en realidad, no existe una solución, como mucho existe un equilibrio entre acción y reflexión, un estado intermedio en el cual se mantiene la singularidad sin que exista imposición – el individualismo y el egocentrismo suelen caminar de la mano -. Ese equilibrio en el que se respetan los momentos compartidos sin depender de ellos, dejando a un lado arrepentimientos fatuos y culpabilidades absurdas – es terriblemente sencillo caer en la culpa cuando se es desapegado en una sociedad de apego -.

Sin embargo, para ello el desapegado siempre contará con herramientas y estructuras. Si, es cierto que hay momentos en los que el desapego es una maldición, momentos en los cuales se preferiría formar parte de algo y “descansar” y “estar tranquilo”, poner el automático y dejarse ir pero, no pasan más de una o dos semanas, y el desapegado se siente vacío, muere poco a poco a falta de nuevas batallas y desafíos. Puesto que el desapegado necesita seguir adelante, conocer el mundo y a sí mismo, no entiende del todo por qué hay necesidad de profundizar en un pequeño montón de relaciones, en un entorno limitado o en una ideología preexistente.

Aprender a ser un yonki de la libertad o manual del desapegado

El autoconocimiento es la clave para que el desapegado no caiga en sentimientos de culpa – y en la manipulación – y también para que no perpetúe relaciones insustanciales o lazos con los que ninguno de los conformantes se siente satisfecho. Lo cierto es que el desapegado tiene que aprender a apoyarse en la familia como bastión principal, apoyarse sin que este apoyo sea determinante para no caer. Para el desapegado será sencillo confiar en los demás. La ausencia de apego facilita su apertura con el entorno ya que no teme perder, no teme ser dañado.

El daño es natural e inevitable para el desapegado. Está acostumbrado a las rupturas y para él, el mantenimiento de lazos familiares y amistosos solamente pueden ser posibles en la medida que exista comprensión. Un desapegado justifica que otros no quieran continuar manteniendo relaciones con ellos pero también tiene que aprender a no perpetuar relaciones en las cuales la culpa es el nexo de unión. Porque el desapego atrae la culpa ante el hecho de haber “abandonado” a otros, “haberles fallado”.

Sin embargo, nunca se suele tener en cuenta que el desapego también trae consigo indulgencia hacia los vicios de los demás y apertura mental para no hacer sentir culpable a los otros. Esto, por desgracia, no entra en la lista de virtudes de la mayoría de los seres humanos que sienten apego, ya que justamente exigen unas condiciones para el mantenimiento de amistad o amor u otra afinidad. Tal condición no es problema entre dos seres con apegos ya que en ambos se produce un intercambio de exigencias más o menos equitativo. ¿Pero qué sucede cuando aparece una relación entre apegado  desapegado? ¿Entre alguien que no exige nada – y que, por ende, no gusta de que le exijan nada – y alguien que da y busca recibir en la misma medida? La coyuntura aparece cuando el desapegado muestra sus defectos y el apegado se los reprocha, se enfada, le culpabiliza y censura con el propósito de “educarle”.

Esto estaría muy bien si no fuera porque el desapegado nunca ha exigido nada, a pesar de que, por supuesto, hay aspectos que no le resultan agradables de amigos, familia…etc. Pero es que para un desapegado estas cuestiones forman parte de la personalidad, todas ellas. El desapego es flexible, adaptable en la misma medida que no es firme ni seguro, absuelve y reconforta. El apego, por su parte, es seguro pero rígido, fiable parcialmente ya que está asentado sobre la crítica, el reproche y la imposición. Solo cuando existe aceptación, existe comprensión mutua y curiosamente el desapegado no suele molestarse porque “no se cuente con él”, “porque otros le tomen como un segundo plato”, porque no valoren que “siempre está disponible” aun siendo, en ocasiones, a costa de su propio bienestar o que nunca juzgue o critique sin estar el aludido presente – el desapegado no tiene la necesidad de criticar porque no se resigna a mantener un lazo; por ello es, en parte, por lo que existen tantos problemas entre el desapegado y los apegados; no tiene por qué aguantar a nadie y entiende que otros no tengan que aguantarle. Si se quiere mantener una relación, se quiere y punto -. El desapego es, en definitiva, una condición con luces y sombras – al igual que el apego – pero que en la sociedad no está bien visto, aunque es lógico ya que las sociedades se constituyen mediante las masas y las colectividades y el pensamiento individual suele ser crítico y diferenciador, mientras que el pensamiento colectivo es unitario y convencional. Ambos dos extremos de una misma realidad cuyo equilibrio sería la perfección y que, en este mundo en el que vivimos, su ausencia solo es la evidencia de la ausencia de esta equidad.

Escribí este articulo cuando tenía, apenas, 22 años y formó parte de mi primer blog (corría el año 2008) llmado “Palimpsestos Disidentes”. 

Publicado por Alex Bayorti

Copy Writer de profesión y proyecto de escritora. Borratajear en lienzos es una terapia. A veces leo. Caminar es la mejor meditación. NK Comunicación soy yo. Un poco impostora. Dame café y cambiaré el mundo. ¡Que disfrutéis de mi blog!

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