No sé realmente cuando empezó todo. Puede que la evitación se convirtiera en una opción para mí debido a mi infancia. Al fin y al cabo, ¿La basura emocional no procede en gran medida de los primeros años, según la psicología? Sea como fuere, algo me debió marcar pasar mis primeros años de vida viajando y creo que fue en esa tendencia mía a la huida porque, aunque a los seis años mi familia ya estaba asentada casi de por vida, yo nunca dejé de querer escapar. Primero, fue encerrándome en mi habitación con esa música y esos libros que nunca decepcionaban, ni traicionaban, ni me reprimían, ni me hacían sentir juzgada. Luego, ya en la adolescencia, fue la fiesta y el ruido en el que diluía mi responsabilidad. Más tarde culpar a los demás se convirtió en mi manera de afrontar la vida -si es que se puede denominar así-. Y entonces atravesé los veintisiete y con ellos comencé a ser más libre, responsable y sin excusas pero, aún así, procrastinaba de mis obligaciones y caminaba por los márgenes de la vida con el temor de ser una impostora en el trabajo, de hacer daño y de que me lo hicieran, de resultar decepcionante, de no estar a la altura. Y así continué huyendo de una manera más sofisticada -pero huyendo, al fin y al cabo-. 

Cómo afrontar la vida sin miedo motiva más que todos los entrenadores personales del universo

Esta es la historia de cualquiera, incluso de quién no ha tenido el handicap de cambiar de residencia varias veces en la infancia. La evitación del conflicto, lo que yo denominaba «la huida», es un trastorno catalogado en el DSM IV de psicología, es decir, no es ninguna broma. En menor medida y aunque no exista un trastorno, muchas personas -demasiadas- sufren durante toda su vida una tendencia a evitar el conflicto. Como si de topos se tratara, las personas que no afrontan la vida suelen esconderse ante cualquier situación que les provoca miedo. Para ello, se valen de la procrastinación, de dejar para después, lo cual no hace más que acrecentar su angustia. Ante dicha ansiedad responden evitando justamente las situaciones.

Las personas que evitan cualquier situación que les provoca temor quedan paralizadas ante cualquier afrontamiento que consideran una amenaza. Esto les lleva a perder oportunidades laborales o a que se den situaciones de pérdida en el ámbito personal debido a esa incapacidad de enfrentarse a lo que consideran un desafío.

Lo contradictorio es que justamente el hecho de no afrontar la vida con valentía, les lleva a encerrarse cada vez más en su pequeño microcosmos. De hecho, no saben que enfrentar un problema o inquietud que está bajo su control les proporcionaría una recompensa que les motivaría a seguir derribando barreras, a seguir creciendo, expandiéndose. En cierto modo, las personas que sufren de evitación en uno o varios aspectos de la vida se asemejan a los topos, que solamente toman migajas, sin ser vistas, sin ser escuchadas, como visitantes que transitan por la vida sin pena ni gloria. 

Enfréntate una vez, otra y otra hasta que la motivación supere al miedo

Se debe entender que el miedo al fracaso, a que otros juzguen, a no ser lo suficientemente buena es inherente a ciertos seres humanos. Puede que no todas las personas puedan vencerlo. Pero quienes pueden, lo consiguen como se logra todo en esta existencia; ensayo y error. Me encantaría dar con una fórmula mágica que pudiera ayudar a otras personas a afrontar la vida con valentía sin necesidad de pasar por el proceso pero esta aciaga mortalidad no entiende de vías rápidas ni atajos. Lo que sí que puedo garantizar es que llega un momento en el que el fracaso deja de ser tal y se convierte únicamente en una etapa más, en un bache en el camino sin que la autoestima se vea afectada.

No existe una varita mágica para afrontar la vida sin miedo. Solo es ensayo y error…y tampoco existen garantías. Solo intentos y la perspectiva de que, en algún momento, la motivación venza al miedo.