No tengo la intención de desvivirme en elogios hacia mí misma ni hacia lo que he conseguido. Esto es solamente un ejercicio más de autodescubrimiento, de agradecer el día a día y, sobre todo, de hacer memoria. Porque mirar hacia atrás – al menos de vez en cuando – es lo único que nos mantiene cuerdos en este loco mundo que cada vez parece más inmediato, más efímero.

Este 2019 ha sido el año en el que he cerrado ciclos. Quizás el más importante haya sido dejar atrás definitivamente esos pensamientos limitantes que me impedían avanzar. Siempre me he preocupado demasiado por lo que los demás pensaban de mí pero a lo largo de estos 365 días, he desaprendido. Durante toda mi vida he analizado a la sociedad desde un punto de vista en el que yo era la receptora de las opiniones que los demás tenían sobre mí. Me alegro de que así fuera porque incrementó mi capacidad de introspección y autocrítica. Pero como suele suceder, también atrajo un boicot brutal hacia mí misma. Durante mucho tiempo decidí no extraer lo mejor de mí, pasar desapercibida en cuanto a mis aptitudes y, bueno, no dar mucho la nota para no atraer envidias. Odio la envidia. La he odiado tanto que he pasado más de una década boicoteándome de todas las maneras posible.Dicho así es bastante triste pero ya ha pasado. Por fin ha sucedido. Ahora yo soy el sujeto, quién observa, quién decide. Ya he abandonado esa tendencia tan perniciosa de entretener a los demás y entender demasiado. Ha llegado el momento de cambiar; “Entretenedme” digo bien alto. Este próximo año, la pelota está en tu tejado, mundo. Entretenme.

Si me centro en lo que he conseguido, en mis logros a nivel profesional, quizás el principal haya sido darme cuenta de lo que quiero llegar a hacer en un futuro. Aún hay muchos pasos que dar y no quiero hablar más de la cuenta así que para saberlo habrá que esperar hasta dentro de unos meses. Pero ya está en camino. He conseguido más clientes que nunca. Estoy a punto de terminar un máster que si bien es cierto no quiero hacer por motivos profesionales puesto que ya trabajo en el mundo del Marketing Digital, sí que me ha servido para afinar mis conocimientos.

A nivel artístico es cierto que no ha sido un año muy prolífico. Apenas he escrito un puñado de artículos sobre el transmongoliano, uno de los viajes que hice este año. Los otros fueron a Fuerteventura, Granada y pequeñas escapadas a Cantabria, a Madrid y a Arribes de Duero. Se puede decir que los viajes se han mantenido dentro de mi agenda y que es un año viajero, como ya sucedería en 2016. ¿La diferencia? El viaje a Nordkapp fue el culmen de una mitad de año maravillosa que daría paso a una de las etapas más convulsas durante este último lustro. Pero esta vez es diferente. El transmongoliano no fue el que marcó el fin sino el principio de algo. De todo. Tanto a nivel personal como profesional.

Este año no me va a decepcionar por una sencilla razón; depende de mí. ¡Feliz 2020!