intercambian saberes y, finalmente, eclosionan provocando una explosión de sentimientos opuestos, divergentes, conscientes y responsables. Cuando un círculo se cierra, aparece una extraña lucidez transitoria – o locura, según se mire -. Te puedes ver desde fuera, presenciar tu pasado en el presente, tu futuro en el pasado y el presente queda tal y como estaba. No es desconocida la confusión del buscador que cierra el círculo. De hecho, si de esta no se sale, se corre el riesgo de mantenerse en ese limbo entre el principio y el fin hasta el epílogo de una espiral infinita. Pero, ¿Cómo cerrar el círculo del buscador y poder llevar, por fin, una vida diáfana?

¿Cómo cerrar círculos para vivir mejor?

Desaprender: Los hay que no engrandecen ni los que requieren nuestra atención pero cuando de cerrar círculos se trata, el buscador tiende a maximizar cualquier hecho cotidiano. La llegada de una conclusión de un ciclo puede traer aparejado un efecto rebote que lleve al buscador a un irremediable regreso al punto de partida. Normalmente, se valdrá de las mismas herramientas que cuando había comenzado el ciclo anterior ya que, durante un periodo de tiempo inicial, parecieron servirle. Si cae en los mismos comportamientos y actitudes que le servían de «anestésico» nunca saldrá de ese círculo.
Aprender a ser uno mismo: Todos llevamos máscara. Es  inevitable en el medio social. Sin embargo, el buscador debe aprender a ser el mismo sin mostrarse vulnerable. Los extremos suponen un gran problema para una clase de buscadores que oscilan entre la vulnerabilidad y la muralla infranqueable.
Luchar contra el mundo…pero con motivos: En este mundo no funcionan muchas cosas y por ello no hay que ignorarlas. Sin embargo, en ocasiones, nos esforzamos demasiado porque todo salga bien y nos desentendemos de nuestras necesidades. La lucha contra o por el exterior para evitar pensar en uno mismo es más común de lo que se cree.
Liberarnos de nuestras obsesiones: Los comportamientos obsesivos no son coto privado de las personas con TOC sino que todos sin excepción desarrollamos manías y obsesiones a lo largo de nuestra vida. Algunas de ellas son temporales y están vinculadas a etapas estresantes o contingencias concretas pero hay muchas que persisten durante años y que se basan en una idea. Nuevamente las ideas erróneas nos atrapan en un caos del que no sabemos salir. Huir de ellas no siempre es fácil y puede que nos atrapen. ¿Y cuál es la solución? Yo diría que enfrentarnos con aquello que más tememos. Cambiar el patrón de comportamiento.
Conocer aquello que se quiere…aunque cueste: El buscador es hedonista. Lo es porque quiere extraer ese meollo a la vida del que le hablaría el Capitán en «El club de los poetas muertos», porque quiere ser un replicante que vea explotar naves más allá de Orión. Sin embargo, se salta «a la torera» otras de las grandes citas con las que ha crecido como » Hazlo o no lo hagas pero no lo intentes». Esa es la cuestión. Hacer lo que REALMENTE queremos suele costar y el resultado quizás nunca cumpla las altas expectativas atribuidas a su implementación pero, ¿Acaso es mejor pasarnos el resto de nuestros días de borrachera en borrachera o de lágrima en lágrima dando la carga al prójimo acerca del potencial que teníamos y nunca supimos esculpir?
Rodar …sin caer en la banalidad: Recuerdo exactamente el momento. En el camino de Santiago estaba en ruinas, como en ruinas he estado la mitad de mi vida, destrozando todo aquello que había creado en cuestión de meses, días o, en ocasiones, de segundos. Este buen hombre me dijo algo que, aunque no comprendí realmente hasta la fecha, era cierto; rueda. No te preocupes tanto por dar cada paso porque tropezarás, caerás y te verás incapaz de levantarte.
Canalizar la energía en crear: Se gasta demasiada energía en pensamientos que no tienen una verdadera contribución a mejorar nuestra vida y esto provoca un agotamiento que rara vez es satisfecho con el logro de nuestros sueños. Por ello, canalizar la energía en metas concretas, en aquello que nos gusta a largo plazo es la clave. Ser responsables de nuestro bagaje.
Generar rutinas que nos hagan sentir seguros… sin crear manías: Los rituales nos ayudan a vivir mejor, ¿Para qué negarlo? A algunos les reconforta ir al mismo bar de siempre. A otros tomar café nada más levantarse y subirlo al Instagram. A algunos pasear sin rumbo fijo durante horas y horas. Todos estos comportamientos no son negativos en sí mismos. De hecho, son imprescindibles para darle un sentido diario a las cosas, para no caer en esa vacuidad, por otro lado, inevitable que nos rodea. Darle una dirección a nuestros sueños y aspiraciones no es lo único importante ya que, realmente, lo que vivimos es el día a día, las pequeñas rutinas que tanto nos gustan. Sin embargo, cuando estas rutinas se convierten en manías es cuando surgen los problemas. Cuando no somos capaces de funcionar fuera de «nuestras subáreas de confort» nos encerramos en nosotros mismos, nos replegamos y esto nos lleva a pensamientos apáticos o, en algunos casos, destructivos.