Llega un momento en la vida de todo freelance en la que algo se rompe. Hay un punto de inflexión que marca la barrera entre esa persona que comenzó a ejercer como redactora de contenidos por necesidad – porque estaba en el paro, para conciliar la vida laboral y familiar…etc – y la Copy Writer Senior que se es ahora. Entonces te das cuenta de que tú misma puedes ser tu propio jefe DE VERDAD. El aprendizaje que te han proporcionado todas las personas que te dieron la oportunidad – y que tú correspondiste bien – de llegar a dónde estás ahora, nunca será olvidado pero es el momento de cambiar. No podrías seguir adelante de otra manera. Yo me dí cuenta de esto ya hace tiempo. Fue allá por 2015 cuando cumplí un lustro trabajando como autónoma. Ahora que lo pienso mis tarifas eran ridículamente bajas y fui consciente de que no podía continuar así. Es ese instante en el que o cambias de rumbo o replanteas lo que tienes. Yo hice ambas cosas; por un lado, comencé a formarme como Marketer Digital para diversificar y, por otro lado, tripliqué las tarifas de un año para otro. Aunque durante un tiempo dudé de mi decisión «Je ne regrette rien», como diría Edith Piaf. Con el tiempo, de hecho, he aprendido a despedir a los clientes siendo freelance. Te preguntarás que sí estoy loca. Más bien porque no quiero estarlo y porque hay que acostumbrar al cliente a que sea consciente de que no te está haciendo un favor sino que se trata de un intercambio. Tu pones a su disposición tu tiempo y conocimientos y él te corresponde con un pago y, en el mejor de los casos, recomendaciones. Vaya por delante que yo he tenido mucha suerte con la mayoría de mis clientes y, salvo algún impago (pero ese es el clásico error de novata), no he tenido que despedir a los clientes. En algunos casos he decidido no participar en proyectos en los que era consciente de que lo que iba a sacar a nivel económico no me compensaba.

A día de hoy prefiero no iniciar ciertos proyectos a realizarlos y terminar mal. De hecho, esto me ha sucedido en un par de ocasiones y da una pésima imagen porque aunque el cliente te esté exigiendo más de lo que está pagando, tú tienes las manos atadas.

No deberías despedir a los clientes siendo freelance si crees en su proyecto y te pagan bien

Así de simple. Tendemos a pensar que la compatibilidad es solo una cuestión de la vida personal y que en la profesional no puede haber empatía pero lo cierto es que las relaciones laborales que perduran son aquellas que se basan en esa simpatía irracional que lleva a ambas partes a querer trabajar juntas.

Dicen que no hay nada más difícil que dejar atrás proyectos de personas a las que aprecias. También dicen que si quieres que un proyecto prospere, te debes unir a otros a quienes les importes. Y es que mientras que hay personas con las que continúo hace varios años, a quienes he subido las tarifas y que siguen confiando en mí, también encuentro a mi paso a otros que aún llevando mucho tiempo trabajando juntos, parece como si no hubiera ningún tipo de relación. Cada vez soy más de relaciones que están vinculadas a nivel emocional. No solo me tiene que gustar su proyecto sino que tengo que creer que puedo aportar algo.

Criterios a seguir para dejar ir a los clientes que ya no te convienen

  • Relación laboral insatisfactoria: Mientras que unos clientes son amables, abiertos y emotivos, otros ven al freelance como un mero instrumento – también hay numerosos redactores que tratan a sus clientes como si fueran «dinero» -.
  • Incentivos económicos: Llega un momento en el que ya no compensa mantenerse como hasta la fecha. Las tarifas van cambiando con el tiempo – como todo – y es por ello que los incentivos económicos son una variable importante a la hora de decidir si te quedas en un proyecto o no.
  • Autoría: El trabajo de ghost writer es duro. Tal y como cuento, en numerosas ocasiones, en mis experiencias laborales, la mayoría de mis empleos -bien- remunerados son como ghost writer o redactora fantasma. El hecho de trabajar como ghost writer suele acarrear un mayor incentivo económico debido a que se están cediendo todos los derechos.
  • Otras variables: El interés que tienen para ti algunos textos es otra variable a sopesar cuando crees que ya no te es rentable mantener a un cliente.