Pases de acceso digitales y nominativos; controles de temperatura a discreción; estrictos controles de aforo en actos y presentaciones; pasillos más anchos que en anteriores ediciones; recuento de personas en cada uno de los estands; servicios de comida y bebida adaptados a la normativa anticoronavirus; estancias hiperventiladas, sin recirculación del aire y con sistemas especiales de filtración de partículas; y, por supuesto, la obligatoriedad de la mascarilla, del mantenimiento de la distancia interpersonal y del uso del sinfín de dispensadores de gel hidroalcohólico distribuidos por toda la Institución Ferial de Madrid (Ifema). Y, por si fuera poco, habrá protocolos especiales de seguridad sanitaria durante las tres jornadas en que la feria abre sus puertas solo para los profesionales, es decir, entre este miércoles y este viernes –los visitantes podrán ir a Ifema este fin de semana–. Todas estas son, grosso modo, las medidas con que la Feria Internacional de Turismo (Fitur), que arranca este miércoles en la capital de España, se blindará contra la covid-19. La primera gran feria burbuja del país desde el estallido de la pandemia en marzo del año pasado. O el turismo en la burbuja.