Las aglomeraciones en calles céntricas de Madrid, las fiestas ilegales y la llegada de turistas extranjeros para disfrutar de medidas de ocio más laxas que en sus países se han convertido en arma arrojadiza durante la precampaña electoral, en la que ya se ha acuñado el término «turismo de borrachera» que niegan unos y denuncian otros.