Me ha sorprendido mucho haber recibido mensajes y recados por lo que escribí sobre el artículo de Andrea Abreu en El País. Desde los que hablaban de un pollavieja agónicamente celoso hasta aquellos que, más caritativamente, me transmitían que no me había enterado de nada. “Es imposible entender un texto tan bonito sin emocionarme”, me reprocha una lectura. Igual, es cierto, tengo serias reservas sobre los textos bonitos. A un servidor, que disfrutó mucho de Panza de burro y espera con cierta avidez el próximo libro de Abreu, el artículo le pareció bien escrito e inane. En todo caso lo que más me ha sorprendido es el preocupante entusiasmo con que fue recibido por muchos. Es preocupante porque la queja que denuncia que Canarias no es un paraíso es tan vieja como la imagen exótico-turística de Canarias como paraíso. Casi una pequeña tradición isleña en el último siglo y medio.