«Soy capaz de recordar muchos vacíos, como el de Lisboa en dos mil y algo, cuando aquella chica tornado se acordó de que yo era un accidente, la noche antes de subir al avión, y me dejó esperando en la Plaza del Comercio, viendo morirse mi río».
Un día me acuerdo de alguno de los muchos a los que hice sufrir , de este que ahora, años después, descubro que me llamaba la chica tornado – nombre muy propio…tanto tú como yo lo sabemos -. Y no puedo evitar sonreírme al ojear su blog de poesía porque, en el fondo, siempre me sentí culpable de dejarle ahí, abandonado. Muy literariamente abandonado. Como una ráfaga de viento cálido y huracanado agredía a unos y a otras. Llegaba para desordenar sus universo y, cuando ya no sabían vivir sin mí, desaparecía como el imperceptible aire. Con todos, menos contigo.
Es divertido que este fragmento se encuentre en un pedazo de sus poemas en el que también se leen palabras como «puzzle» o «la pieza que falta». Nunca fui una pieza de ningún puzzle. Ahora lo sé. Ahora que descubro que el único que quiero que me llame, me llama toupa – hay que tener dulce mala baba -, ahora descubro todo el daño que hice – y que me hicieron -, todas las heridas que se cerraron y algunas que nunca se cerrarán del todo. Y solo ahora puedo mirar al frente, a esta chica tornado que encontró, por fin, a quién no quisiera ignorarla, anularla, dominarla, salvarla, relegarla, , olvidarla de sí misma.
Esta chica tornado puede decir AHORA que encontró, por fin, a quién no la llame chica tornado.
Porque esta chica tornado ha sido chica tornado de todos
pero solo de uno es y siempre será la toupa.

Nacida en Cantabria, se enamoró de Tenerife y del resto de islas nada más verlas, no sin antes haber vivido en una quincena de ciudades de España y el resto de Europa.
Ha escrito varios relatos con otros autores (Santiago de Compostela, 2011-2012) y el poemario conjunto Nanas de Ciencia Ficción, que también fue su primera incursión en el mundo editorial con la fundación de la Asociación Nanas Ediciones Clandestinas (Madrid, 2012-2013).
Después de cumplir su sueño de vivir en Budapest, en 2014, regresa a Galicia y resulta ganadora del “Premio Avilés de Taramancos” de relato de aventuras por su relato en gallego Tom, Huck e o misterio da trabe de ouro (Editorial Toxosoutos, 2016) que se convierte en su primera novela juvenil (idem, Urco Editora, 2017). Después de esto, publica el poemario Sinfonía Aither (2020), la novela juvenil, A tumba do último pirata (Boadicea Editora, 2021) y el poemario Diez años en San Borondón (Editorial Fuerte Letra, 2022).
Compagina su pasión por la escritura con su trabajo en marketing digital con una experiencia de más de una década a sus espaldas con la gestión de la editorial Fuerte Letra de la que es cofundadora. Si no la encuentras entre libros, seguramente la verás subiendo algún monte de Anaga, estudiando una carrera sin fecha de finalización conocida, aporreando las teclas de un piano, organizando su próximo viaje disparatado o borratajeando en un lienzo.