Nunca he sido demasiado fanática de los libros de autoayuda pero estudié Trabajo Social y siempre me llamó la atención la psicología por lo que me siento atraída por aprender lo máximo posible acerca de mí misma. Quizás por eso cursé un postgrado en PNL y Coaching aunque no vaya a ejercer en mi vida y estudié bastante acerca del tema. Sin embargo, siento que se nos ha ido de las manos. Estos nuevos gurús que tratan de explicar cómo tienes que actuar, ¿y pensar? para ser feliz me ponen nerviosa. Estos son muy diferentes que los entrenadores personales o los Coach profesionales que tienen una experiencia comprobada a sus espaldas pero, ¿Realmente se puede aprender solamente con libros de autoayuda?
Estos libros son los hermanos mayores de los best sellers de autoayuda de toda la vida. Estoy empezando a mirar los buenos libros con carácter motivador como una forma de arte para aquellas personas que son conscientes de que esa búsqueda de la felicidad es un engaño…pero que curiosamente se consigue encontrar más fácilmente con «5 repeticiones por día 3 veces por semana» como sucediera en «Un mundo feliz». Es algo así como fingir ser un gran director de cine hasta que lo consigues. No deja de tratarse de un autoengaño que va dirigido a mejorar como seres humanos pero hasta para autoengañarse hay que saber cómo. No todos los gurús son iguales y en algunos casos rozan lo sectario. También hay otros libros de autoayuda al más puro estilo Jorge Bucay que solo te cambian la vida mientras los lees. En cuanto cierras una de sus novelas, todo sigue igual.

¿Realmente los libros de autoayuda…ayudan?

Hay una larga lista de lugares en los que no se debe buscar la motivación pero si has conseguido llegar hasta ese punto en el que te conoces lo suficiente como para creer todo «a medias», con escepticismo y sentido crítico, la automotivación escrita puede ser muy reconfortante porque, si bien es cierto que no aprenderás nada nuevo, al menos redescubrirás las razones por las que quisiste encontrar algo diferente en un momento de tu vida.
La autoayuda puede servir en la medida en la que necesites una «palmadita en la espalda» en momentos bajos (claro está, siempre y cuando no estés sumida en una depresión). La labor que puede realizar por una persona la literatura – ¿No se si denominar literatura a esto? – motivacional la descubrí cuando conocí a una de esas personas «hechas a sí mismas», que procedía de un hogar de clase media baja y que ahora era la coordinadora de un equipo de personas a nivel internacional. Esta mujer inteligente y perceptiva leía libros de este tipo constantemente y yo no entendía muy bien porqué…hasta que leí uno. Concretamente, «Our Iceberg is melting» de Kotter, Rahtgeberg y Holger. Aunque no me contaba nada nuevo, la necesidad de prever antes de que suceda el desastre y la proactividad colectiva para cambiar las cosas le vendría de maravilla a muchas personas en pleno confinamiento (para quienes lean esto después, estamos en Abril de 2020, en plena era del Coronavirus).
Por ello es por lo que creo que para que un libro de autoayuda sirva para algo se deben cumplir determinados requisitos; que la persona sea crítica y autocrítica y que sepa elegir cuál es el autor que quiere leer. Si no se reúnen estas condiciones se puede caer en el fanatismo más acérrimo y nocivo, en el mejor de los casos. En el peor, nos podemos convertir en una especie de Mr.Wonderful que cargue tanto al prójimo que «ni dios» quiera estar cerca.

Una herramienta que no debería tener gurús

El problema de los libros de autoayuda se encuentra en que la mayor parte de los que leen libros de motivación terminan por crear gurús  que se convierten en personas a las que admiran prácticamente como se idolatra a un dios. Puedes sentirte inspirado por alguien pero creer a pies juntillas en una serie de consignas o consejos de parte de expertos en hacerte creer que puedes con todo es cuanto menos ilusorio. Entiendo perfectamente que el ser humano tiene que creer en algo más grande que él pero poner todas nuestras esperanzas en algo que no seamos nosotros nos conduce a las idolatrías ridículas y a la decepción temprana. Nosotros mismos somos los dueños de nuestro timón y nadie va a cumplir ese papel mejor que nosotros mismos.
El papel que deben desempeñar estas lecturas es el de entretenimiento – realmente entretienen bastante – e inspiración transitoria. Nada más. No son un manual de cómo vivir ni nuestra tabla de salvación. Si nos fiamos demasiado de lo que 300 páginas nos expliquen acerca qué hacer con nuestra existencia puede que nos encontremos un día culpando a todos los demás de nuestros propios errores.

Todos deberíamos escribir nuestro propio libro de autoayuda

Tal vez la pregunta que deberíamos hacernos antes de leer un libro de autoayuda debería ser: ¿Qué es lo que necesito leer para conseguir lo que estoy buscando? Porque la autoayuda no deja de ser la acción de ayudarse a uno mismo. En cierto modo, los escritores de novelas o guías de este tipo han encontrado su propio camino. Es encomiable que quieran compartirlo aunque, obviamente, se lucran a lo salvaje de ello. Algunos como Alex Rovira ha creado un imperio contándoles a cientos de miles de mujeres de mediana edad cómo tienen que vivir. Y, ey, me alegro mucho por él (no tanto por quienes se han gastado los veinte euros que cuesta uno de sus libros para nada). Por supuesto que habrá excepciones. Esas personas tienen una manera similar de ser a la de los gurús a los que tanto admiran. En ese caso, creo que un libro de autoayuda te puede ayudar tanto como a su creador. Pero he aquí la dificultad de que este tipo de lecturas te ayuden; dependen en gran medida de que tu inspirador y tú seáis similares. Complicado, ¿No?
Frente a esto, confío más en que las personas que buscan un gurú a quién seguir opten por lo presencial. Un psicólogo sería lo ideal aunque los Coach profesionales han demostrado su valía en determinados ámbitos como el deportivo o el laboral. Al menos prefiero estos perfiles que lo que me pueda contar un desconocido en un libro que trae escritas palabras como «cambiar tu vida».