Los recuerdos habitan en el estómago
Se hunden en las tripas y hacen palanca. Y ya no los encuentro nunca más. Pero sé que están ahí. Como las cucas que se sabe que se ocultan en las cañerías de mi casa. Esperan a que me vaya a dormir para montar el tenderete.
Algunos recuerdos dejan rastro. Como las cucas. Otra vez. Cadáveres de bichitos en mi hígado y sé que han estado ahí, pero respiro aliviada porque ya se han marchado. No creo que vuelvan.
Los hay caníbales. Son recuerdos que se comen otros recuerdos. Suelen ser los más mezquinos. No se conforman con suplantar al recuerdo anterior. Destruyen cada una de las neuronas en las que se habían acomodado. Exilian a mis recuerdos anteriores y ahora solo quedan ellos. Egoístas de ellos. Malos. Malísimos recuerdos.
Los recuerdos en el exilio, no obstante, a veces regresan. Lo hacen en una mañana cualquiera en la que huele a Navidad. O a verano. O a las tardes de playa de cuando era niña. Se esconden en los bizcochos que saben a los de mi difunta abuela, en esos dèja vu que evocan un pasado mucho mejor que el que realmente viví —porque ya no hay un viento desapacible. Ni se me derrama el café sobre la camiseta. Ni tampoco huele a guano o hace frío o calor. Son recuerdos asépticos. Perfectos. Muertos—.
Pero hay unos. Unos en concreto. He conocido a unos recuerdos que habitan en el estómago. Solo en el estómago. Me despiertan de madrugada. Se quejan. Reclaman. Son recuerdos-motor. Recuerdos-bisagra. Recuerdos-desatascador. Esos que me susurran cada noche, en la hora del lobo, en las noches más oscuras: «Con esto no basta».

Nacida en Cantabria, se enamoró de Tenerife y del resto de islas nada más verlas, no sin antes haber vivido en una quincena de ciudades de España y el resto de Europa.
Ha escrito varios relatos con otros autores (Santiago de Compostela, 2011-2012) y el poemario conjunto Nanas de Ciencia Ficción, que también fue su primera incursión en el mundo editorial con la fundación de la Asociación Nanas Ediciones Clandestinas (Madrid, 2012-2013).
Después de cumplir su sueño de vivir en Budapest, en 2014, regresa a Galicia y resulta ganadora del “Premio Avilés de Taramancos” de relato de aventuras por su relato en gallego Tom, Huck e o misterio da trabe de ouro (Editorial Toxosoutos, 2016) que se convierte en su primera novela juvenil (idem, Urco Editora, 2017). Después de esto, publica el poemario Sinfonía Aither (2020), la novela juvenil, A tumba do último pirata (Boadicea Editora, 2021) y el poemario Diez años en San Borondón (Editorial Fuerte Letra, 2022).
Compagina su pasión por la escritura con su trabajo en marketing digital con una experiencia de más de una década a sus espaldas con la gestión de la editorial Fuerte Letra de la que es cofundadora. Si no la encuentras entre libros, seguramente la verás subiendo algún monte de Anaga, estudiando una carrera sin fecha de finalización conocida, aporreando las teclas de un piano, organizando su próximo viaje disparatado o borratajeando en un lienzo.