Ya son varias las personas que me han preguntado cómo me organizo para trabajar desde casa. En este año tan convulso en el que vivimos más que nunca ya que la situación de emergencia ha llevado a muchas empresas a enviar a sus trabajadores a casa y, en la medida de lo posible, que mantengan su empleo teletrabajando. En un primer momento el teletrabajo parece el sueño dorado; trabajar desde casa, sin «comerte» los atascos, los metros hasta arriba y las condiciones meteorológicas adversas. Sin embargo, no es todo lo que reluce y menos aún cuando hablo de algo que conozco tan bien. Desde hace una década aproximadamente me dedico a teletrabajar. Comencé como redactora y, poco a poco, me he ido formando como técnico en Marketing Digital. El ordenador es mi entorno y mi casa, la oficina. No puedo negar que me ha dado una serie de alegrías a lo largo de los años pero no pocos quebraderos de cabeza. Y es que, ¿Cómo marcarte un horario de teletrabajo coherente cuando se supone que tienes mayor flexibilidad? He elaborado una serie de tips que a mí me han servido a lo largo de estos años.

Las claves para marcarte un horario de teletrabajo que sea duradero

Es la historia de mi vida. Empiezo cualquier nueva empresa con muchas ganas, con todas las ganas, pero en pocos días (ni siquiera, semanas) abandono porque son propósitos inviables. Una buena costumbre que he ido adquiriendo es ajustar los planes y proyectos, modificando aquellos aspectos que no están funcionando. Las conclusiones a las que he llegado son las siguientes:

Hábitos de sueño y cómo marcarte un horario de teletrabajo a tu ritmo

En el mundo freelance hay de todo; quienes trabajan de noche, a jornada partida o seguida. Después de casi una década dedicándome a esto he llegado a la conclusión de que mi horario perfecto empieza a las 9 de la mañana. Durante un tiempo intenté madrugar pero he llegado a la conclusión de que es más importante la calidad del tiempo trabajado que la cantidad. Por ello mi horario de trabajo (Hard Tasks) es de 9 a.M a 2 ,30 p.M. Así es como queda mi día a día de lunes a jueves (el viernes no suelo trabajar por la tarde y, en su lugar, lo hago el domingo por la tarde):

  • 8,30 a.M. Desayuno.
  • 9 a.M – 2,30 p.M. Trabajo.
  • 2,30-4 p.M. Comida y tiempo Libre (suelo aprovechar para estar con el compañero, hacer algo de ejercicio o perder el tiempo).
  • 4 p.M – 6 p.M. Otras Tasks (fiscal, búsqueda de clientes, e-mails, aprendizaje relacionada con el trabajo etcétera).
  • 6 p.M – 9 p.M. Actividades que me gustan (leer, estudiar, pintar, escribir…lo que me apetezca).
  • 9 p.M. Cena.
  • 9,30 p.M a 12 a.M. Tiempo Libre.

Sé consciente de que tu tiempo es lo realmente valioso

Cuando se empieza en esto es común repetirse a una misma:»Haces algo que te gusta, entonces puedes dedicarle todo el tiempo que quieras». Error. Tu tiempo es tu tiempo y tú estás cambiando tiempo por dinero. No olvides que los proyectos para los que trabajas no son el tuyo, aunque pretendas colaborar de manera activa. Ten siempre un proyecto personal paralelo a los de tus clientes. Asimismo, recuerda que tu tiempo es valioso. Por ello, aprende a estar al 100% cuando trabajes. Implícate durante 4-6 horas diarias en tu trabajo y te darás cuenta de que no necesitas trabajar 8-12 horas diarias sino que el concepto es trabajar menos pero mejor.

Ajusta tu horario de trabajo hasta que encaje contigo (no tú con él)

Hay algunos cambios que se tienen que realizar para poder elaborar un horario freelance. El más importante está relacionado con definir las franjas horarias en las que vas a trabajar. Una vez que hayas hecho esto, te toca hacer lo más difícil: cumplir el horario. Y es en este punto en el que fallas y abandonas, ¿Verdad? Esto tiene mucho que ver con la rigidez mental con la que nos han educado. Todo tiene que ser así o si las cosas son de otra manera, están mal. Pues no. Si quieres tener éxito creando una rutina, no permitas caer en el mismo error que la sociedad.

Ve aprendiendo de tus errores a medida que vayan surgiendo. Si no consigas despertar a las 7, acuéstate antes. Si no consigues acostarte antes, levántate una hora más tarde (pero todos los días). Si te da por procrastinar, crea rituales previos. Lee o haz algo de lo que te gusta durante unos 20 minutos. Apártate del ordenador si no estás trabajando. El tiempo pasa muy rápido en la red y, a menudo, no es nada productivo. Aprovecha para dar un paseo (adoro caminar), leer un capítulo de un libro, pintar o echar una partida a la videoconsola (si, has leído bien).

La historia de cómo empecé a teletrabajar

Tienes la gran suerte de poder elaborar tu horario de trabajo (o eso espero porque si no te sientes afortunada es posible que no te estés dedicando a lo que te guste) y tienes una flexibilidad maravillosa para poder invertir más tiempo en tus proyectos personales, tus pasiones y tus amigos. Pero todo eso no sirve de nada sin la disciplina. Nunca me cansaré de parafrasear a Woody Allen cuando de disciplina se trata. Yo no creía en la disciplina. Soy una improvisadora nata y con un pequeño (gran) problema para acatar las normas «porque sí» o la autoridad no fundamentada. Siempre me había sentido como un barco a la deriva, una persona que escribía desde que nació pero que siempre había estado demasiado ocupada-desocupada viviendo para sentir. Estuvo bien, la verdad. Pero como todo, aburre. Me aburrí de la intensidad vacía y de otros paroxismos similares. Pero esa es otra historia que, quizás, te cuente algún día.

Sin embargo, algo cambió durante el verano de 2010. Ese año estuve trabajando de recepcionista en uno de los muchos trabajos precarios que me tocaron a lo largo de mi vida. Hasta la fecha, solo vivía para viajar, vivir experiencias y, bueno, ser una persona infeliz y cabreada (lo segundo no se me pasará nunca. Es lo mínimo que se puede ser en el mundo este en el que vivo). Pero si que soy una mujer de rituales. Siempre lo seré. Puesto que no soy religiosa ni supersticiosa, los rituales cotidianos son los que me mantienen cuerda.

«Soy una persona terriblemente aburrida y disciplinada (…) como solía decir mi madre, el éxito es un 10% de talento y un 90% de trabajo duro»

Mi ritual consistía, básicamente, en conducir con Eskorbuto a tope en el coche (vivía a 40 minutos en coche del trabajo) y llegar media hora antes para tomar un café y leer algún periódico. Lo recuerdo como si fuera hoy. Ese día había salido El Cultural y, mejor que el País, el Mundo y el Diario Montañés, ya es. Así que me puse a ojearlo sin demasiado interés. Entonces, apareció ante mi una frase que cambió mi vida: «Soy una persona terriblemente aburrida y disciplinada (…) como solía decir mi madre, el éxito es un 10% de talento y un 90% de trabajo duro«. ¿Hasta qué punto puede cambiar a una persona algo tan simple como una entrevista a un farandulero como Allen? Pues a mi. Por eso creo en la productividad personal. Por eso creo en que, con disciplina y esfuerzo, es posible avanzar y fracasar sin miedo. Para mi, eso es el éxito. No tener miedo a fracasar y seguir hacia adelante. Siempre.