En Canarias han tocado a rebato ante la posibilidad cierta de una intensa destrucción del tejido productivo. Solo en el turismo, el comercio y la industria podrían haberse perdido más de un tercio de las empresas (35%) a mitad de este año –desde el inicio de la pandemia– si no se aplica un plan de ayudas a fondo perdido cuyo coste calcula Yaiza Castilla, consejera regional al cargo de dichos sectores, en “al menos 200 millones de euros”. La negativa del Gobierno central a inyectar fondos directamente a las empresas amenaza con convertir en un erial la economía del Archipiélago.