Está por todas partes. En cada plataforma de empleo freelance, de búsqueda de clientes, en todos los negocios que prometen beneficios a cambio de inversión de tiempo y sin ningún tipo de seguridad económica…El trabajo precario por internet no es nada nuevo. Yo misma he tenido que lidiar con ello -y aceptarlo en algunos casos, hace años- debido a que era lo que había. Sin embargo, hay algo que no termino de entender y es el hecho de que las instituciones públicas aún no lo hayan regularizado o, bueno, en realidad puede que lo entienda demasiado ya que este sistema español nuestro está ideado para que el trabajador salga perdiendo.

Pondré un ejemplo ilustrativo que me sucedió a mí cuando empecé en esto; corría el año 2011 y el marketing de contenidos le sonaba a chino filipino a cualquiera que te preguntara a qué te dedicabas (mi querida madre tardó unos cinco años en comprender que era un trabajo de verdad). Había empezado aceptando artículos de 500 palabras por 5€ siguiendo ese pretexto común de las artes según el cual «como te gusta, no puedes cobrar bien». Muy al uso en España. Pues bien, llegó un momento en el que me ofrecieron mucho más trabajo a precios igualmente mínimos pero yo era una máquina de escribir andante y conseguía sacarme unos 40-50€ diarios (si, ahora no sería capaz). Al mes de trabajar, este mismo cliente me instó a que me diera de alta como autónoma ya que necesitaba poder emitir facturas para continuar trabajando como colaboradora externa en su empresa. Para que os hagáis una idea, cobraba unos 1500€ al mes (eso sí, por deslomarme viva) que, sin seguridad social y restando el IRPF, se me quedaban en unos 900€ al mes.

Yo estaba feliz, por aquel entonces, hasta que me di cuenta de las múltiples trampas de darse de alta en el RETA cuando, en realidad, se está trabajando como autónomo dependiente económicamente. Y es que el autónomo se encarga de todo (siendo, en realidad, falso autónomo) mientras que la empresa obtiene el servicio muy barato y, en muchas ocasiones, con mayores exigencias. Con el tiempo mi situación fue mejorando y pude exigir tarifas más altas. Básicamente me estaba explotando a lo grande y a partir de 2015 tuve que cambiar completamente mi modelo de negocio sino quería terminar con una lesión en mis queridas articulaciones.

Te preguntarás qué tiene que ver mi experiencia personal con esta situación. Pues bien, desde hace unos meses estoy constatando que las tarifas han bajado a unos niveles que no presenciaba desde 2011, antes de que se supiera que los contenidos no solo debían ser SEO sino que tenían que mantener unos parámetros de calidad e interés que rara vez se alcanzaban si se le pagaba al redactor un euro por cada cien palabras. ¿Y por qué está pasando esto ahora otra vez? La respuesta es muy simple; necesidad. Una necesidad que proviene directamente de los millones de ciudadanos azotados por la crisis de la COVID que han perdido sus trabajos al mismo tiempo que se veían confinados en sus hogares. Ante esa necesidad unida al bombardeo de cursos online de gurús del copywriting -de los que no había oído hablar en mi vida, y llevo en esto muchos años- y marketers digitales (ídem), me encuentro con que existen más expertos en internet que nunca y que la competencia en estos ámbitos se ha multiplicado como nunca antes.

Esto en sí mismo no es malo…si no fuera porque las tarifas han pasado de ser aceptables – tampoco satisfactorias – a irrisorias. Hace poco encontré una en la que se ofrecían 350€ por redactar 3 artículos de 1000 palabras al día de lunes a sábado, subirlos a plataforma…y seguramente habrá personas que aceptarán la situación sin pestañear porque necesitan el dinero. A esos pobres seres humanos que necesitan dinero de manera desesperada no les quedará otra, entonces, que trabajar unas 6 horas diarias, según lo rápidos que sean escribiendo, para ganar menos de 15€. Y esto sin tener en cuenta que necesitan ser autónomos para que el fisco o la Seguridad Social no les persigan como el coyote al correcaminos.

Con esta cantidad de aves de rapiña que se están aprovechando de la necesidad extrema de la ciudadanía se debería hacer algo ya que no solo se da entre los pequeños empresarios – de hecho, estos suelen aprender por sí mismos ya que no se pueden permitir pagar a un redactor profesional o a un técnico de marketing – sino que las medianas y grandes empresas, con suficientes medios económicos para pagar bien a sus colaboradores externos, están rebajando drásticamente las tarifas.

Me puedo imaginar el desenlace; que deje de existir el puesto de redactor web tal y como lo conocemos, y se encarguen de estas labores desde becarios hasta trabajadores de negocios que nada tienen que ver con el marketing digital.

Sé que mi visión es un tanto pesimista pero, ¿Existe alguna alternativa que no tenga como resultado el desastre? Quiero creer que siempre la hay, por muy utópica que pueda resultar. La respuesta está en que se regulen las tarifas mínimas y se persigan las retribuciones que no cumplan con dichos montos. Este estado español está muy acostumbrado a perseguir al trabajador. Si emitimos factura pero no estamos de alta, nos penalizan. Si no presentamos el IVA a tiempo, nos penalizan. Si fallamos en la declaración de la renta, nos penalizan. Me pregunto; ¿Por qué no penalizan a las empresas que desarrollan estas malas prácticas, a las qué explotan a sus trabajadores externos?

De nada sirve cambiar las leyes de derechos laborales dirigido a los trabajadores por cuenta ajena cuando no sucede lo mismo con el empleo precario que se está tejiendo en internet y que, por cierto, va a ir en aumento de manera exponencial en los próximos años debido a la desesperación de la ciudadanía, que ve cómo después de la crisis del ladrillo de 2008 ha llegado la de la otra apuesta gubernamental; el turismo. Como siempre, apostando por el cortoplacismo en vez de por políticas que reviertan en un beneficio económico y social a largo plazo como I+D+i, educación, sanidad y cultura pero, en fin, esto daría para otro artículo así que concluyo con la necesidad de centrarnos en esta absoluta y absurda precariedad laboral que millones de ciudadanos tienen como su tabla de salvación…pero a la que subirse sin caer en la pauperización del trabajo se asemeja demasiado a las que tuvo el personaje de Leonardo Dicaprio en Titanic.

Alex Bayorti