Relato «Entre andenes» por Álex Bayorti

Alex Bayorti

Se desperezó con el rugido de los raíles. No eran ni las cinco de la mañana cuando el expreso de La Robla se encaramó sobre la estación de Frómista. Entre bruma y humedad. La señora Peregrino abrazó su abrigo de visón y salió del tren en busca de una razón para vivir. Eddie Veder y un café doble se encargaron del resto. 

Prendió el móvil. Una docena de llamadas perdidas. Y solo había visitado tres estaciones más. Lo guardó de nuevo en su bolso entre folletos turísticos de Bilbao, Espinosa de los Monteros, de Frías y Mataporquera. No eran los únicos. También se encontraban billetes de vuelo usados de Buenos Aires a Toronto, de Níger a El Cairo. Autobuses de Helsinki a Kuopio, de Tánger a Chefchaouen. Algunos estaban ajados, otros contenían manchas de comida, arrugados. Incluso se encontraban los restos de los tickets de diferentes tramos del transmongoliano. 

Sacó su cuaderno de viaje y comenzó a escribir:

Día 4. Frómista

Llegada a las 04:47. Próxima salida a las 15:33.

…hay un grupo con mochilas. Seguramente peregrinos que hacen trampas. Tienen edades mezcladas. Estilos indiferenciados. Ropa quechua. Labios agrietados. Caras sonrientes. Se comen grandes bocadillos y bolsas de frutos secos que hay en una expendedora en el andén…

Aún estuvo un rato más en la cafetería. Luego fue a la barra. Pagó al camarero y volvió al tren. Al entrar, miró el móvil. 06:33. Vibró. Una llamada de “Hospital El Parque” para sumarse a la colección. Colgó y se puso a observar por la ventana de su asiento extra confort a todas esas vidas que pasaban por delante de ella. Las preocupaciones, las despedidas, los reencuentros, las tragedias y pasiones. Todo lo demás.

Cerró su cuaderno. 

 Próxima parada: Villalcázar. ¿Acaso importa?

 

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