Todos tenemos derecho a equivocarnos alguna vez, incluso la ministra de Turismo. Esta buena mujer confundió ayer San Bartolomé de Tirajana con San Bartolomé de Tijuana, precisamente cuando estaba en un foro hablando del futuro del turismo canario: quería la señora Maroto referirse al emporio turístico de la costa de Tirajana, y le salió atropelladamente lo de Tijuana, que ya saben que es la segunda ciudad de México, fronteriza con los USA, y sede histórica del cártel de Benjamín Arellano Félix, una mafia criminal mexicana que vivió durante años dedicada al tráfico ilegal de drogas, el lavado de dinero negro y la liquidación física (descuartizamiento incluido) de su competencia, los del cártel de Sinaloa. La historia es bien conocida por los usuarios de Netflix, que nos hemos tragado las tres temporadas de la serie Narcos casi de corrido y robándole horas al sueño y las obligaciones.