Filotopía y topofobia. Viajar por amor a los lugares o viajar por repulsión a «algunos lugares» y la necesidad indómita de abandonarlos. Yo, más bien, oscilaría entre ambas explicaciones del por qué del viajero buscador. Dentro de poco comenzaré con Una cántabra trashumante y es curioso que ahora aparezca el término topofobia frente a mi, en un artículo leído recientemente, cuando llevo media vida citando esa frase de Niebla de Miguel de Unamuno en la cual se afirma que «quién viaja mucho no se dirige al lugar que llega sino que huye del que se va».