Vivir en modo supervivencia

Alex Bayorti

Sin pretensiones, sin ganas de agradar -¡vaya novedad!- me recuerdo plegándome a cientos de miles de visiones, de perspectivas, de expectativas. Y me río de esa yo a la que le gustaba vivir en modo supervivencia. Me río tan fuerte que se cae la pintura de las paredes, el gotelé de los 90s de casa de mis padres, los cimientos de mi casa en Candelaria tiemblan, rebuznan. Tal es la carcajada.

Ellas saben que todo era mentira. Que ese vivir en modo supervivencia no era otra cosa que tratar de hacerme pequeña, portátil, asumible. Era el incógnito de este carácter inabarcable, de esta bestia salvaje que habita en mí y que yo quería replegar. ¿Ante qué? Ante un puñado de seres humanos con océanos de ego infantil por saciar y ni una pizca de curiosidad por abrir la jaula -y mira que entraba sol por el tragaluz..-.

Pero, durante una eternidad, yo lo hice. Sabía lo que querían, lo que ansiaban. Y, como un sincara, podía ser cualquiera, menos yo -del todo-.

PORQUE PODÍA.

Porque era ese pequeño puzzlecito que eran cada una de ellas, de ellos, de elles. Yo podía porque yo ya me conocía la historia completa. Todas las historias las había oído -y las había vivido-. El gran problema de no ser un cliché, ni un rol, ni un estereotipo, ni limitada.

El gran problema es. El gran problema es que cada quien solo puede ver una parte de ti. Como parte de un tríptico enfocado por un haz de luz. Y el resto, oscuridad. Para el otro. Algunas sospechaban. Y yo me hacía aun más pequeñita y apagaba la luz de la lámpara para que no se asustaran.

Pero ya no lo hago más. Me da igual lo que quieran, lo que ansíen. Y, como una bestia salvaje, soy todas las formas y me alimento de sus miradas de terror -más de las de curiosidad. Aun más de las de un puñado de agentes del caos. También salvajes-. Y como gozo.

PORQUE PUEDO.

Entendí que mis paredes estaban cansadas de ahogarme. Ellas que querían expandirse y solo luchaban contra la entropía. Si, ya sabes. Vivir en modo supervivencia. Las paredes se han derribado. De los techos de mis casas solo queda un firmamente de estrellas y más estrellas. Y ustedes. Espero que encuentren el tragaluz.

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