Opinión

Posverdad: la corrupción de lo contrastado por lo cuestionable

Posverdad: la corrupción de lo contrastado por lo cuestionable

Hace tan solo unas semanas el director del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, declaraba que estábamos ante un cambio de civilización refiriéndose a que uno de los retos futurs que le esperan al periodismo es la capacidad de distinguir las noticias verdaderas de las falsas. Con esto,  Cebrián parecía referirse a lo que desde diversos observatorios del periodismo se ha denominado la cámara de Eco (Eco Chamber) que ha provocado que diversos canales como son los blogs personales, las redes sociales e, incluso, las versiones digitales de periódicos de tirada internacional transmitan informaciones polarizadas que se benefician del sesgo de confirmación. Lo realmente escalofriante es que los medios de comunicación masivos, incluido el grupo PRISA, participan de este sesgo activamente proporcionando lo que actualmente se conoce como títulos amarillistas que tienen como único objetivo proporcionar una respuesta inmediata en las redes sociales así como la difusión masiva de informaciones no contrastadas.

En tiempos de Donald Trump

Nos hallamos en tiempos de posverdad, cuando Donald Trump pasa de ser un multimillonario xenófobo, homófobo y misógino a convertirse en la única alternativa a la crisis estadounidense de la clase trabajadora de Estados Unidos. La misma época del Brexit que pone a los Poor White British como sufridos héroes que han caído en desgracia debido a la llegada masiva de inmigrantes. Pero, ¿Cómo se consigue que toda una horda de ciudadanos de clase baja empaticen con figuras políticas diametralmente opuestas a ellos mismos? Enciende el televisor, escucha la radio, ojea tus redes sociales y lo sabrás. Sean bienvenidos a la era de la posverdad informativa.

Del periodismo de la ciencia a los medios de la fe

Cuando el bloguero, David Roberts, acuñó este término lo hizo para referirse “a los políticos que negaban el cambio climático, pese a toda la evidencia científica”. Por aquel entonces la web 2.0 emergía y el blogging ya era una fuerza informativa alternativa. El concepto de información empezaba a cambiar ya que si bien es cierto que siempre hubo un interés comercial y político en cada medio de comunicación, no ha existido ningún momento en la historia de la humanidad en el que el ciudadano pudiera tener un acceso tan completo a millones y millones de datos, y de información de fuentes diferentes.

Resulta contradictorio que en esta era de la comunicación digital la posverdad cobre tanta fuerza. ¿O no?

Hoy en día resulta más sencillo que nunca que se produzca un sesgo cognitivo a la hora de valorar la información ya que los propios motores de búsqueda de nuestras redes sociales favoritas y feeds ponen a nuestra disposición aquella información que se adapta a nuestras percepciones e ideología, obviando todas la demás.

Por otra parte, la posverdad está basada en suposiciones, en la opinión pública y se nutre del super ego. Según los contactos en las redes sociales o el grupo de pertenencia y referencia se asume que una decisión tomada por otros miembros del grupo es válida. El hecho es que tal y como explicaba el Dr. David Casacuberta; “(existen graves) limitaciones para conocer otras realidades, opiniones o visiones complementarias en una sociedad en la que los enlaces débiles”.

¿Debería darse una ruptura con el doble vínculo para poder evitar la posverdad? Para ello se debe dejar de aceptar el mensaje que se nos propone. Debemos abandonar esa costumbre de apoyarnos en la realidad de segundo orden (marcada por la información no contrastada ni dependiente de las fuentes de información fiables) que se basa en las interpretaciones tal y como decía Watzlawick.

La posverdad es una respuesta institucional al pluralismo para homogeneizar la sociedad de nuevo a través de las zonas limitadas de significado de las que hablaban Berger y Luckmann que consisten en recursos para desviar la atención de la realidad cotidiana. Son las denominadas cortinas de humor. Los medios de comunicación actuales han pasado de informar a entretener, de interesar a viralizar. Los artículos “serios” no venden tanto como las “5 maneras de ser feliz en pareja”. De este modo, los medios emplean más tiempo en crear contenidos para su consumo que en generar información de calidad que sirva al ciudadano. Esto último, por supuesto, no es nada nuevo pero con la llegada del Internet social se ha evidenciado como la sobreinformación y los medios de entretenimiento se han convertido en el nuevo “circo” que desvía la atención de los problemas, desmovilizando a la población.

Papel de los medios de comunicación en la construcción social en el estado español: entretener, publicitar y adoctrinar

En la sociedad cercana a quién escribe este artículo, el papel de los medios de comunicación es un mecanismo de control del pensamiento y esta misma mano que redacta sospecha que siempre fue así.

Evadir, entretener, consumir entretenimiento y desviar la atención

Se define cortina de humo como “un conjunto de hechos o circunstancias con los que se pretenden ocultar las verdaderas intenciones o desviar la atención de los demás. Todo aquello que sirva para evitar que la gente sepa o vea lo importante”. Ante la ingente avalancha de información, uno de los papeles de los medios de comunicación es evitar que el espectador se adentre en determinada información que pueda llegar a ser la chispa de un movimiento social o, incluso,de una revolución. La alternativa es la producción masiva de entretenimiento basado en la inmediatez y la universalidad.

Los artículos sensacionalistas acerca de temas como la salud, las relaciones personales o la amistad, el humor o los deportes son más fáciles de digerir y ofrecen un alivio puntual a un asunto cotidiano (y universal, en la mayoría de los casos). En cambio, la información contrastada, verídica, comprobable y relevante acerca de la situación socioeconómica y política requiere de un compromiso por parte del propio consumidor, convertido nuevamente en ciudadano. Ese mismo ciudadano también prefiere el entretenimiento ya que actúa como un medio de evasión de la realidad de la crisis socioeconómica que se vive en España y en todo el planeta.

Ante esto, nos acomodamos al denominado “periodismo de espera” (Iñaki Gabilondo), caracterizado por ofrecer un periodismo descafeinado para una masa acrítica que no se cuestiona si lo que llega a sus manos es verdadero o falso.

Publicitar y vender

Hoy en día lo que se hace es consumir información y son las empresas las que pagan esa información, es decir, es marketing. Las grandes redacciones ya no viven de sus suscriptores sino de las empresas y partidos políticos que pagan por publicar sus notas de prensa” tal y como explicaba el director y escritor Héctor Carré en su documental “En la era de la Posverdad”. Esta es la imagen de una era dorada para el marketing que parece que está sustituyendo al periodismo de investigación.

Político y adoctrinador

Para entender este nuevo papel de los medios de comunicación en la construcción social hay que arrojar un interrogante: “¿Queremos la verdad o preferimos vivir en un mundo imaginario? (…)¿Dejando que otros tomen todas las decisiones? (H.Carré)” Parece ser que la verdad existe o, al menos, la posibilidad de ofrecer una información contrastada (o no ofrecer dicha información sino se someta a la doble verificación de las fuentes). La política se lucra de la inmediatez del medio digital y consigue extender bulos con facilidad. Es ahí donde los medios de comunicación pueden ser muy útiles para moldear la opinión pública; durante el Referéndum el canal 24h y TV3 fueron los únicos en dar una cobertura completa y constante del evento, un evento con una alta importancia social para toda la población en el estado español. Los principales canales privados e, incluso, los canales públicos (TVE y La 2) ocultaron la información a la población española, es decir, no cubrieron la función principal de un medio de comunicación; informar. El papel de este medio ha cambiado tan drásticamente que ahora no es difícil que cada ciudadano sepa cuáles son los medios de comunicación que “se adaptan” a su ideología y, por ende, solo ven, escuchan o leen esos medios obviando que puedan estar sesgados o condicionados por la adscripción política a la que pertenecen.

Conclusión: en los tiempos de la cámara de Eco, en los tiempos de la posverdad

¿Que si es determinante este tipo de información a la hora de explicar el mundo en el que vivimos? Por supuesto. Es un mundo en el que no se informa, se comunica. La comunicación no implica informar sino que, en su lugar, entretiene y vende. Vivimos en un mundo en el que es más importante crear polémica y “pasar el rato” que ser informado de lo que sucede en el mundo. Se trata de la gran cortina de humo globalizada. El ciudadano ya no está interesado en comprender y emprender acciones a favor de él mismo y de la comunidad. Ahora lo que desea es evadirse lo máximo posible de sus obligaciones como ciudadano político y social.

¿Pero es realmente culpa del ciudadano? Hubo un tiempo en el que fue el circo. Después vino la Iglesia. Transversalemente, las drogas. Ahora son la red de redes y las filosofías de pseudopsicología positiva de la productividad personal y laboral. Todos ellos son movimientos absolutamente desmovilizadores e individualistas que aíslan a los seres humanos impidiendo la agrupación y reivindicación real. Aunque no debería parecernos tan extraño teniendo en cuenta que “ellos nos conocen mejor que nosotros mismos”.

Bibliografía

Scrugs Johan, (1998), The Echo Chamber Approach to Advocacy, Philip Morris, Bates No. 2078707451/7452, December 18, 1998

Enlaces externos

Cebrián Juan Luis, https://cincodias.elpais.com/cincodias/2017/11/16/companias/1510824359_952730.html

Comes Alex, 21 de Noviembre de 2017, https://www.esdiario.com/620983684/Ha-llegado-la-posverdad-a-nuestros-dirigentes.html

Franco Martínez, Juan Agustín, http://blogs.publico.es/econonuestra/2017/06/11/la-luz-feminista-frente-a-la-posteridad-machista/

Imágenes: El Roto ,

 

Rtve, http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-era-posverdad/4318479

Gallego Díaz, Soledad. https://elpais.com/elpais/2016/09/23/opinion/1474647422_293415.html

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La ley de la Reina de Corazones: “Corre para permanecer en tu sitio”

La ley de la Reina de Corazones: “Corre para permanecer en tu sitio”

-¿Estamos llegando ya?- se las arregló al fin Alicia para preguntar.
-¿Llegando ya?- repitió la Reina-. ¡Pero si ya lo hemos dejado atrás hace más de diez minutos! ¡Más rápido!- y continuaron corriendo durante algún rato más, en silencio y a tal velocidad que el aire le silbaba a Alicia en los oídos y parecía querer arrancarle todos los pelos de la cabeza, o así al menos le pareció a Alicia.
-¡Ahora, ahora! -gritó la Reina-. ¡Más rápido, más rápido!
Y fueron tan rápido que al final parecía como si estuviesen deslizándose por los aires, sin apenas tocar el suelo con los pies; hasta que de pronto, cuando Alicia ya creía que no iba a poder más, pararon y se encontró sentada en el suelo, mareada y casi sin poder respirar.
La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo amablemente:
-Ahora puedes descansar un poco.
Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.
-Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!
-¡Pues claro que sí! -convino la Reina-. Y ¿cómo si no?
-Bueno, lo que es en mi país -aclaró Alicia, jadeando aún bastante – cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…
-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina- Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio.
“Alicia a través del espejo”
Lewis Carroll

El ser humano es demasiado lento para el ser humano

 Es inevitable hallar paralelismos entre el universo de Alicia y nuestros días. En el mundo virtual en el que vivimos no valen nada ni el aprendizaje, ni la información de un segundo para otro. Hay millones de personas interconectadas que opinan, que generan nueva información y desechan la anterior en cuestión de segundos. La sensación individual – y sospecho que también global – es de frenética búsqueda, de frenetismo vivencial. De nada vale aprender porque alguien siempre lo sabe antes. De nada vale buscar una identidad porque millones de personas ya la han “compartido” en Twitter. El nihilismo del que tanto hacían gala existencialistas de otro tiempo ni se asoma a esta realidad en la que nada sirve de nada por mucho tiempo. Lo que hoy es novedad, mañana será añejo.
Es natural en este universo escribir una primicia primiciosa una mañana y que,  esa misma tarde, todos los esfuerzos se hayan convertido en un vano reflejo de lo que se informó. Por supuesto, esto es extensible a cualquier ámbito y en cualquier situación. Como si de una corriente mística se tratara, la sociedad navega sobre un inestable tablón en unos rápidos que  solo conducen a la cascada final, sin que nunca cambie nada, a pesar de que cambie todo. Esta paradoja me hace preguntarme (al estilo de “Makes me wonder”) si no deberé frenar cuanto antes y pararme a oler las flores antes de que la profecía del romántico Robert Herrick: (“tomad las rosas mientras podáis”)se cumpla.

“Algo tiene que cambiar para que todo siga igual” (-Lampedusa)

La necesidad de inutilidad ha quedado obsoleta en este “corre para permanecer en tu sitio”. Todo tiene una función. Si leemos mucho o vemos muchas películas o escuchamos mucha música, ya no lo hacemos solamente por el placer de leer, de ver pelis o de escuchar música, no. Lo hacemos para no quedarnos en la orilla del conocimiento. Leemos un libro y posteamos una imagen con ese libro entre las piernas. Vamos de viaje y no tardamos ni cinco segundos en colgar un comentario o foto de las vacaciones. Joder, si la mierda fuera un trending topic, colgaríamos nuestros excrementos en internet. Llegados a este punto, ¿En serio es esto lo que queremos para nosotros? ¿Lo qué queréis para vuestros hijos? ¿Una sociedad en la que el éxito y el reconocimiento en el ámbito laboral y personal lleguen hasta el extremo de impedir que se viva? ¿Un mundo en el que importe más mantenerse en la brecha de la actualización mortal hasta el mismo puto día en el que nos vayamos al carajo?

Si es así. Si este es el mundo que nos espera. Adiós Reina de Corazones, me apeo en la orilla de lo “pasado de moda”.

—La vida es tiempo. Nada más.
Este artículo fue escrito en el año 2013
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Yonkis de la libertad: Los vicios del desapegado

Yonkis de la libertad: Los vicios del desapegado

“ Soy en verdad un viajero solitario y jamás he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos,

ni siquiera a mi familia inmediata, con todo mi corazón.

Frente a todos estos lazos, jamás he perdido el sentido de la distancia, aunque sin lamentarlo,

de los límites del entendimiento y la armonía con otras personas.

Uno gana gran independencia respecto a las opiniones, los hábitos y los juicios

de sus semejantes y evita la tentación de apoyar su equilibrio interno en tan inseguros cimientos”

-Albert Einstein

Hablemos del desapego, de la innecesidad de salvavidas. Hablemos de esos “dos modelos de persona”; del encariñado con la dependencia, del independiente maldecido con los lazos obligatorios, inquebrantables. Porque es una trágica condición la del desapegado con apegos inevitables, apegos que le rasgan y le enjaulan, que fascinan un día y hastían en un punto, a los que en un momento se retorna. Verdaderos bucles espirituales que hasta bien pasada la veintena no se acierta a equilibrar.

El handicap del desapegado

Un desapegado no pretende herir al prójimo, ni desdeñar el valor de la tierra y de las raíces. Más bien, se muestra escéptico ante las dobles morales que rigen las patrias y las pertenencias, ante las trampas envueltas en un hermoso papel de regalo. La pertenencia a un grupo es una traición al individuo, aunque resulte tan imprescindible para el desarrollo humano y social como la soledad y el retiro revelador.

La competitividad entre ambos mundos; el de aquellos que buscan la suscripción y los que reivindican la individualidad no tendría por qué existir pero, incluso dentro de uno mismo, dentro del desapegado, surge tarde o temprano la coyuntura que toma la forma de un cruce de caminos. “¿Ser yo para mi? ¿O ser yo para los demás?”.

Ansiosos por encontrarle sentido, por hallar la respuesta, los desapegados nos abalanzaremos sobre un ser yo para mi o un ser yo para los demás, sin admitir que, en realidad, no existe una solución, como mucho existe un equilibrio entre acción y reflexión, un estado intermedio en el cual se mantiene la singularidad sin que exista imposición – el individualismo y el egocentrismo suelen caminar de la mano -. Ese equilibrio en el que se respetan los momentos compartidos sin depender de ellos, dejando a un lado arrepentimientos fatuos y culpabilidades absurdas – es terriblemente sencillo caer en la culpa cuando se es desapegado en una sociedad de apego -.

Sin embargo, para ello el desapegado siempre contará con herramientas y estructuras. Si, es cierto que hay momentos en los que el desapego es una maldición, momentos en los cuales se preferiría formar parte de algo y “descansar” y “estar tranquilo”, poner el automático y dejarse ir pero, no pasan más de una o dos semanas, y el desapegado se siente vacío, muere poco a poco a falta de nuevas batallas y desafíos. Puesto que el desapegado necesita seguir adelante, conocer el mundo y a sí mismo, no entiende del todo por qué hay necesidad de profundizar en un pequeño montón de relaciones, en un entorno limitado o en una ideología preexistente.

Aprender a ser un yonki de la libertad o manual del desapegado

El autoconocimiento es la clave para que el desapegado no caiga en sentimientos de culpa – y en la manipulación – y también para que no perpetúe relaciones insustanciales o lazos con los que ninguno de los conformantes se siente satisfecho. Lo cierto es que el desapegado tiene que aprender a apoyarse en la familia como bastión principal, apoyarse sin que este apoyo sea determinante para no caer. Para el desapegado será sencillo confiar en los demás. La ausencia de apego facilita su apertura con el entorno ya que no teme perder, no teme ser dañado.

El daño es natural e inevitable para el desapegado. Está acostumbrado a las rupturas y para él, el mantenimiento de lazos familiares y amistosos solamente pueden ser posibles en la medida que exista comprensión. Un desapegado justifica que otros no quieran continuar manteniendo relaciones con ellos pero también tiene que aprender a no perpetuar relaciones en las cuales la culpa es el nexo de unión. Porque el desapego atrae la culpa ante el hecho de haber “abandonado” a otros, “haberles fallado”.

Sin embargo, nunca se suele tener en cuenta que el desapego también trae consigo indulgencia hacia los vicios de los demás y apertura mental para no hacer sentir culpable a los otros. Esto, por desgracia, no entra en la lista de virtudes de la mayoría de los seres humanos que sienten apego, ya que justamente exigen unas condiciones para el mantenimiento de amistad o amor u otra afinidad. Tal condición no es problema entre dos seres con apegos ya que en ambos se produce un intercambio de exigencias más o menos equitativo. ¿Pero qué sucede cuando aparece una relación entre apegado  desapegado? ¿Entre alguien que no exige nada – y que, por ende, no gusta de que le exijan nada – y alguien que da y busca recibir en la misma medida? La coyuntura aparece cuando el desapegado muestra sus defectos y el apegado se los reprocha, se enfada, le culpabiliza y censura con el propósito de “educarle”.

Esto estaría muy bien si no fuera porque el desapegado nunca ha exigido nada, a pesar de que, por supuesto, hay aspectos que no le resultan agradables de amigos, familia…etc. Pero es que para un desapegado estas cuestiones forman parte de la personalidad, todas ellas. El desapego es flexible, adaptable en la misma medida que no es firme ni seguro, absuelve y reconforta. El apego, por su parte, es seguro pero rígido, fiable parcialmente ya que está asentado sobre la crítica, el reproche y la imposición. Solo cuando existe aceptación, existe comprensión mutua y curiosamente el desapegado no suele molestarse porque “no se cuente con él”, “porque otros le tomen como un segundo plato”, porque no valoren que “siempre está disponible” aun siendo, en ocasiones, a costa de su propio bienestar o que nunca juzgue o critique sin estar el aludido presente – el desapegado no tiene la necesidad de criticar porque no se resigna a mantener un lazo; por ello es, en parte, por lo que existen tantos problemas entre el desapegado y los apegados; no tiene por qué aguantar a nadie y entiende que otros no tengan que aguantarle. Si se quiere mantener una relación, se quiere y punto -. El desapego es, en definitiva, una condición con luces y sombras – al igual que el apego – pero que en la sociedad no está bien visto, aunque es lógico ya que las sociedades se constituyen mediante las masas y las colectividades y el pensamiento individual suele ser crítico y diferenciador, mientras que el pensamiento colectivo es unitario y convencional. Ambos dos extremos de una misma realidad cuyo equilibrio sería la perfección y que, en este mundo en el que vivimos, su ausencia solo es la evidencia de la ausencia de esta equidad.

Escribí este articulo cuando tenía, apenas, 22 años y formó parte de mi primer blog (corría el año 2008) llmado “Palimpsestos Disidentes”. 

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Por qué la música nos hace sentir tan bien

Por qué la música nos hace sentir tan bien

We are the champions, The final Countdown o Living on a Prayer son temas muy reconocibles que tienen mucho más en común que qué pertenezcan a algunos grupos de rock de referencia de todos los tiempos. Esta coincidencia no es otra que el hecho de que sean algunos de los temas más pegadizos de la historia. Alison Parley, musicólogo con mucho tiempo libre, definió hace un tiempo las cuatro razones que convierten a un tema musical en pegadizo; el tiempo que se tome el cantante para tomar aire, voces agudas en hombres son las que más se pegan, mayor número de sonidos y matices como lo son los coros y el sexo (hombre). Más allá de los temas musicales comerciales, ¿Por qué la música nos hará sentir tan bien? Es decir, ¿Por qué hay quién cree (como yo, por ejemplo) que sin música perdería la cabeza?

Índice de contenidos

  • La música os hacer sentir tan bien por que es una droga.
  • Los estilos de música y su supuesta influencia en la inteligencia.
  • La músicoterapia.
  • Las 3 etapas de la musicoterapia.
  • Consideraciones acerca de la música que te hace sentir bien.
  • Opinión.

La música os hace sentir tan bien porque es una droga (aunque no tan dura)

Más científicos – mucho dinero que despilfarrar – han concluido que la música activa zonas en el cerebro ligadas al sistema de recompensa y que se  libera una ingente cantidad de dopamina cuando escuchamos a nuestros artistas favoritos. Para que te hagas una idea, este estudio equipara a la música con las drogas o el sexo. De ahí su carácter adictivo (aunque siempre beneficioso) y que escuchar y tocar instrumentos siempre esté presente en las terapias alternativas. ¡Ah! los científicos en este caso forman parte de la Universidad McGill de Montreal. Para aquellos a los que les interesen las fuentes de información, este estudio fue publicado en la revista Nature en el año 2011.

Los estilos de música y su supuesta influencia en la inteligencia

En fin, realizar estudios para describir una personalidad o para definir los niveles de inteligencia me recuerda a la astrología hecha música pero vamos allá. En la red se ha leído mucho y aun tenéis por ahí interesantes estudios de Samuel D. Gosling de la Universidad de Texas diciéndoos como sois según vuestra música favorita. Una servidora cree que a quién le gusta la música, le gusta la música sin apenas restricciones y que la inteligencia no tiene demasiado que ver con estilos musicales, más bien es la curiosidad la que nos hace amantes de la música en toda su amplitud. Quizás exista alguna correlación entre las personas a las que realmente no les gusta la música, sino que bailan lo que se escucha en la radio o la televisión por cuestiones puramente sociales, pero esa es otra historia. Por supuesto, esta es solo una opinión personal así que se admiten réplicas e incluyo el enlace al estudio de Gosling titulado “The Do, Re, Mi’s for everyday life”.

La musicoterapia: etapas de una terapia alternativa polémica e intrigante

Algunas universidades españolas imparten como estudios de máster el aprendizaje de esta terapia. Si realmente es cierto que la música aumenta los niveles de dopamina, ¿Por qué no puede ser una terapia alternativa para complementar una más tradicional? A pesar de que la musicoterapia siendo objeto de polémica, si que ha dado resultados favorables en pacientes con enfermedades neurológicas (alzhéimer, demencia, afasia, amnesia, depresión, esquizofrenia o síndrome de Tourette), personas mayores (tanto a nivel cognitivo como socioemocional y físico), personas con discapacidad y niños.

Las 3 etapas de la musicoterapia

  • Diagnóstico: Elaborado por un especialista.
  • Tratamiento: Exposición a cuatro tipos de experiencias sensoriales que son improvisación (creando tu propia música), recreación (cantando algo ya compuesto), composición (componiendo un tema estructurado) y escucha de música.
  • Evaluación del profesional.

Consideraciones acerca de la música que hace sentir bien

La musicoterapia no dista demasiado de lo que experimenta cualquier amante de la música pero, en este caso, se realiza de una manera sistemática. En España, la primera Asociación de Musicoterapia aparece en Barcelona en 1976 de la mano de Abimael Guzmán. Las diferentes asociaciones han realizado numerosas investigaciones acerca del tipo de música que mejor hace sentir para aplicar en el campo terapéutico. Estas son algunas de las conclusiones:

  • La intensidad debe modularse, esto es, el volumen. Si este está demasiado alto puede irritar.
  • Los instrumentos de cada grupo musical invitan a unas sensaciones diferentes. La percusión es rítmica, liberadora. Los instrumentos de cuerda son expresivos y penetrantes. Los instrumentos de vientos son alegres y vivos. Por último, la cuerda percutida (el piano, el teclado) pueden ser ideales para relajarse y tener un tono positivo.
  • Los tonos agudos nos despiertan y activan. Los graves pueden invitar al pesimismo pero también a la tranquilidad.
  • El ritmo en musicoterapia puede ser lento si se busca la serenidad o rápido para activar el organismo.

Si quieres ampliar información puedes hacerlo conociendo el modelo Benenzon.

(Opinión) ¿Sientes la música?

Recuerdo con nostalgia los viajes en coche con mis progenitores, a mis 4 o 5 años cuando mi padre ponía temas de Patti Smith o Supertramp, Deep Purple o Patxi Andion, combinados con Victor Manuel, Joan Manuel Serrat o Camilo Sexto. .
sientes la musica y consejos blogger
Si echo la vista atrás, no imagino un solo día sin música. Recuerdo una cinta de Sociedad Alkohólica que mis primos mayores le copiaron a mi padre, cuando aun existían los cassettes. También me acuerdo un single de La Orquesta Mondragón que ahora sé de sobra que  con el tema “Soy tu lobo”. Puedo rememorar con todo lujo de detalles a mi mater escuchando Duncan Dhu cuando era niña y de cómo me decepcionó cuando me enteré que Mikel Erentxun era una copia barata de Morrisey, y Duncan Dhu de The Smiths. 
Pero lo que puedo recordar con mayor nitidez fue el momento en el que creé mis propios gustos musicales. Empecé escuchando rock y metal, y ahora no me puedo creer que hayan pasado veinte años desde ese día en el que cogí “prestado” un cassette de Metallica al hermano de una amiga de la infancia, cuando apenas contaba con once años. Ese cassette resultaría ser el mítico Load. Obviamente también escuché mucha música comercial de la época, mucho pop, que era lo que se llevaba a finales de los 90. Por ese motivo es por el que creo que a quién le gusta la música, le gusta la música. Simple y llanamente.
Muchas veces me pregunto por qué amo la música, por qué me relaja, me altera, por qué me puedo enamorar con una canción y odiar fervientemente con otra. Me pregunto como es posible que pueda moldear mi estado de ánimo con solo variar de un estilo musical a otro; del punk, del rock, del jazz, del swing, del rockabilly…de todo. Miento. Ya no me lo pregunto. Ahora sé que la música es la vida. Tenía razón Niezstche, definitivamente.

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La muerte de las tribus urbanas

La muerte de las tribus urbanas

Este artículo fue escrito en el año 2013. De ahí que pueda estar descontextualizado. ¡Espero que te guste!
Si hay algo que siempre me ha parecido curioso es la facilidad con la que tal o cual persona te puede tratar en función de la ropa. E iré más allá, la facilidad con la que uno mismo puede adoptar la actitud que se le asume a esa moda cuando lleva puesta la indumentaria adecuada en el momento oportuno. En los tiempos que corren, en la era de Primark, hasta el más pijo es capaz de convertirse en malote con unos pinchos comprados en Zara. O si no, tratad de hacer la prueba mediante un sencillo experimento. Pasearos por Villaverde Bajo con un americana y pelo engominado. Ya veréis que os dicen. Si luego lo rematáis con un paseo por al Barrio Salamanca al más puro estilo The Exploited, la diversión está garantizada. Resulta divertido porque, en mis años mozos, el concepto de tribus urbanas estaba muy relacionado con el esfuerzo. Quién quería una estética no normativa tenía que trabajarlo. Empiezo a parecerme a la abuela cebolleta porque siento nostalgia de aquella época. Ahora todo es mucho más simple, es decir, te vas a un Pull&Bear y encuentras un amplio surtido de personalidades a precios que van desde los nueve a los cincuenta euros.

El día en el que murieron las tribus urbanas (y no pasó nada)

 
El mercado de las identidades es un fiel retrato del reinado del consumo. A día de hoy, no se compra un teléfono para llamar por teléfono, ni una TV para ver la TV. Se compra un teléfono “que represente tu personalidad” y una tele grande “que te cagas”. La realidad ha superado a la ficción hasta este instante actual en el que nos encontramos con un espectáculo en el que somos de Apple o de Windows, de McDonalds o de Burguer King. Como si no estuviera poco claro que lo que reina en esta sociedad es el famoso “Home vs Foreign”.
Para más inri, la frontera entre la identidad y la simple estética ya no existe y, con esta nueva caída del muro de Berlín interpersonal, una servidora está más perdida que un pulpo en un garaje. Hubo un tiempo en el que el exterior mostraba lo que bullía en el interior, un tiempo en el que teníamos que buscarnos la vida para encontrar esa ropa que se asimilaba con nosotros, esa música que era limitada. Incluso fabricábamos nuestra propia identidad, retal a retal, libro a libro, disco a disco, película a película, viaje a viaje. Pero esos buenos tiempos ya pasaron. Ahora hay de todo y cuando digo de todo es que poco falta para que vayamos al supermercado y compremos unas galletas “estilo gótico”, un pan “especial pijo” o paté de cerdo “grunge“.

Hubo un tiempo en el que se mostraba en el exterior lo que bullía en el interior, un tiempo en el que teníamos que buscarnos la vida para encontrar esa ropa que se asimilaba con nosotros, esa música que era limitada.

No existen personalidades, ni tribus urbanas, solo copias de copias. Los grupos de pertenencia se desdibujan. Hoy estás en uno. Mañana te aburres y te vas a otro. Miles de millones de copias. ¿Qué quieres ser?¿Punky? Escucha listas de reproducción en Youtube o, si tienes pasta, suscríbete a Spotify Premium, pon un vídeo con tu cresta en Instagram, lee en la Wikipedia acerca de tu nueva inquietud personal y compra la indumentaria y complementos adecuadamente. ¡Sin ni siquiera salir de tu casa! Así de fácil. Aun rememoro cuando en los lugares que no eran Madrid o Barcelona era imposible toparse con nada que no fueran hombreras o pantalones de campana. Por aquel entonces era casi una odisea ser como querías ser. Me acuerdo también de la ilusión con la que esperaba que llegara el catálogo Tipo o el siguiente número de la Metal Hammer. Ahora basta con buscar en Amazon. ¿Y para leer sobre tus grupos? Con tener app con un feed de noticias del estilo Flipboard es más que suficiente.

“Esta chupa representa mi lucha por la libertad personal”.

Te preguntarás por qué me quejo de que ahora todo sea más fácil. Pues justamente por eso. Porque ha perdido la gracia. Porque nos han arrebatado (o, más bien, a las próximas generaciones) la búsqueda de la propia identidad, el esfuerzo y la voluntad. Así como antes se buscaba la autenticidad en cuanto a los conocimientos  y la actitud , se trataba de hacer lo mismo con la indumentaria. No era para los demás. Era una extensión de ti misma. Como esa frase que soltó Nicolas Cage en Wild at Heart: “esta chupa representa mi lucha por la libertad personal”.  Al fin y al cabo, era “de ley” que si lo uno costaba, lo otro también. Una identidad no se crea en un día.
Si se formaba parte de las tribus urbanas, el tema de la indumentaria estaba influido por el boca a boca, los gustos musicales etcétera. Aún así la búsqueda era gran parte de ese amor por la identidad. Una identidad que poco a poco se va perdiendo y que es la muestra de otra muerte más, de otra alienación subyacente. Si no somos en relación a nosotros mismos, ¿Qué seremos comparándonos con los demás? Por supuesto la ropa no es lo que importa. Lo que realmente interesa es conocer esa identidad individual, respetar las ajenas y, en último término, asumir una solidaridad social en lo que realmente importa.

La sociedad en la que éramos colectivistas para lo que teníamos que ser individualistas e individulistas para lo que deberíamos ser colectivistas

No sé muy bien qué perspectiva de futuro tenemos (si es que hay alguna) pero si que presencio un hecho antológico. La sociedad cada vez es más individualista en lo importante, en los derechos humanos y en la solidaridad social al mismo tiempo que se vuelve más colectivista en lo que debería ser, visiblemente, más individualista.

La búsqueda de una misma, la identidad personal y el conocimiento no deberían estar subordinados a las modas ni a las tendencias ni al consumo. Deberían ser de una misma. Deberían alejarse del todo. En el lado opuesto estaría la lucha colectiva por la mejora de condiciones de toda la sociedad. La muerte de las tribus urbanas me inquieta especialmente porque era el punto de partida para la nueva solidaridad social, empezando por el grupo y continuando por la empatía con otras tribus urbanas diferentes, por el conocimiento mutuo y la solidaridad universal. Desgraciadamente parece que vivimos en la clase de tiempos de las que los piratas se enorgullecerían: “arrasa con lo que veas y generosa no seas”. Un fracaso (más) del sistema. Tengo curiosidad por saber cuántos más soportará la sociedad.

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Qué es la inteligencia (opinión)

Qué es la inteligencia (opinión)

¿La inteligencia tanto en mujeres como en hombres es el hecho de saber, conocer y aceptar? Una persona inteligente tiene mayores recursos para enfrentarse a las situaciones y conflictos, se conoce a sí misma y conoce al entorno real al que se enfrenta. En cierto modo, la ignorancia y la inteligencia se parecen en algo: solo se quedan con lo que es necesario para cada cuál. ¿La diferencia? Quién ha aprendido y ha comprendido disfruta como un niño conociendo como un sabio. Eso es la inteligencia y por eso es tan complicado vivir desde la inconsciencia a la conciencia. Pero vamos, eso de que estén amargadas o que sufran, no será por inteligencia, más bien por falta de ella.

Cómo te puede ayudar conocer qué es la inteligencia según las diferentes ciencias para vivir mejor

He elegido como portada a Emma Stone en el personaje de Hermione porque dice mucho de la imagen que tenemos de la inteligencia; persona con grandes aptitudes intelectuales desde una perspectiva doble que incluye la lógica matemática y el desarrollo lingüístico-comprensivo. Sin embargo, ¿Si es tan inteligente por qué sus relaciones sociales fracasan – sobre todo al inicio de la saga – y es incapaz de manejar sus emociones? La respuesta es simple. Su capacidad para aceptar y adaptarse a las circunstancias está atrofiada. Da igual lo mucho que se sepa. Desde la psicología, la asunción de un concepto holístico de la inteligencia por parte de la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner ha dado a entender al global de la población la gran importancia que tiene la inteligencia interpersonal e intrapersonal en el individuo.

Pero, ¿Entonces cómo medimos la inteligencia? No se puede obviar la crítica generalizada que los psicólogos científicos manifiestan contra la teoría de las inteligencias múltiples debido a la imposibilidad de medición de esta hipótesis (que no teoría realmente ya que no ha podido ser demostrada). Sin embargo, su escasa validez científica no ha impedido que a nivel pedagógico sea una interesante herramienta que permita fomentar la educación desde diferentes prismas, aceptando las potencialidades de unos y otros sin que sean unas más válidas que otras.

Una reflexión personal acerca de cómo afecta la inteligencia a la productividad personal

Cuando tenía dieciocho años había una compañera en mi clase a la que no comprendía en absoluto. Era la típica persona que va todos los días a la facultad, toma apuntes, los pasa a limpio y lee los libros recomendados (¡Y sorprendentemente también la bibliografía no obligatoria!). Durante aquellos años de Universidad lo pasé estupendamente y la verdad es que arrepentirme sería engañarme a mí misma.

Sin embargo, ahora entiendo a esa chica (aunque continúa pareciéndome una actitud excesivamente precoz y que te lleva a no vivir esa etapa de tu juventud plenamente … y a desarrollar otras facetas) y, de hecho, me veo de nuevo en la Universidad haciendo lo que ella hacía y, como en la “uni” en la vida trato de no posponer los deberes y de exprimir al máximo el tiempo trabajado para disfrutar también de ese otro tiempo en el que viajo, escribo, leo, veo películas, comparto con mi compañero y con mis amigas y familia.

Y digo yo, ¿Realmente la inteligencia no estará vinculada a la productividad personal no tanto porque el IC de una persona sea superior al de otra sino porque es capaz de hacer lo que tiene que hacer sin procrastinar.

Hace años, leí en la asignatura de psicología social un experimento que ahora está muy de moda en las redes sociales. Se trata de ese clásico en el que se pone una gominola delante de varios peques y se les dice que si esperan 10 minutos, obtendrán 2. Pues bien, yo sería del primer grupo. ¡Seguro!

Lo que no cuentan en este experimento es que la fuerza de voluntad se puede educar. Te preguntarás la fórmula mágica que necesitas para hacerlo pero, desgraciadamente, puede que no te guste la respuesta. Aún así, te voy a dar la clave de la productividad personal.

La importancia de saber distinguir entre metas y objetivos

No te pido que te esfuerces sin recompensa alguna durante décadas sino, más bien, que elijas una meta para la que requieras 1 o 2 años (quizás más). No puede ser algo obligatorio (casi todos los estudiantes que conozco – incluyéndome a mí misma – terminamos la carrera universitaria sin demasiado esfuerzo así que no incluyo esto como reto sino, más bien, como una alternativa al trabajo para veinteañeros).

Ser inteligente implica aceptar los cambios y adaptarse a lo que no se puede cambiar. O eso es lo que se puede extraer de las palabras de algunos de los grandes genios de este último siglo como el recientemente fallecido Stephen Hawking para quién la adaptación al medio (que no la sumisión) era el gran valor de la humanidad. Adaptarse al medio como si no hubiese mañana, ni ayer, ni ahora. Solo una línea temporal infinita. Solo eso. Vida. Y yo que lo secundo.

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Culpar a otros de tus problemas es el acto más desmovilizador que existe

Culpar a otros de tus problemas es el acto más desmovilizador que existe

Hasta pasados los veintiséis siempre tuve la mala costumbre de culpar a los demás de todo lo que me iba mal en la vida. Todo. Culpaba a mi padre si se me olvidaba matricularme a tiempo. Culpaba a mis profesores cuando suspendía. Culpaba a mi madre de desesperarme, a mis amigos de no entretenerme, a mi mala suerte en el trabajo. Durante mucho tiempo me parapeté en lo que la sociedad no me daba, en lo que me había negado y, en cierto modo, era natural hacerlo porque, al fin y al cabo, no vivimos en una sociedad ideal, el trabajo precario está a la vuelta de la esquina, no todos los profesores son abnegados profesionales y las oportunidades económicas no son las mismas para todas las personas.

Hace muy poco tiempo vi unas interesantes viñetas que me hicieron meditar acerca de las oportunidades de unas y otras personas aunque siempre me había posicionado a favor de quienes lo tienen más complicado. Sin embargo, cuando ahondé en el contenido de las viñetas descubrí que la crítica estaba dirigida hacia el sistema educativo estadounidense que se basa en el endeudamiento del alumno, el capitalismo más salvaje y demás.

Aquí tendemos hacia ese sistema educativo pero cuando muchas otras y yo estudiamos, había mil y una becas y oportunidades para los que estudiaban, siendo de clase media (o media-baja). La criba económica para recibir becas de unos 3.000€ para aquellos que nos fuéramos a más de 100 o 200 kilómetros de nuestro hogar, estaba situada en los 24.000€ anuales por núcleo familiar si mal no recuerdo. En definitiva que cualquier hija de obreros podía estudiar sin tener que trabajar a principios de los 2000 (o si quería, como yo, podía trabajar en verano para sacar unos extras). Durante muchos años, nosotras pudimos estudiar sin tener que trabajar. Solo era necesario hacer eso: ¡Estudiar! Y ni eso hacía. De hecho, tardé más tiempo del habitual en terminar la carrera y continuaba culpando a todo el mundo de cada problema que tenía que vivir que, por cierto, eran muy pocos ya que casi siempre había alguien para sacarme las castañas del fuego, aunque yo no lo quisiera ver.

Cuando te das cuenta de que la responsabilidad social no te exime de tener responsabilidad individual

El cambio de actitud llegó cuando empecé a redactar. Fue una época complicada, crítica, de esas de las que hablaba Marcel Proust, de las etapas duras que te curten, que te educan y que te hacen crecer a pesar de que son verdaderas crisis de identidad. Por primera vez en mi vida mi suerte natural se había acabado. Siempre había tenido quién me ayudara. Siempre había pospuesto las cosas y no había pasado nada pero, por primera vez, a mis veintisiete años, esa procrastinación, ese dejar para después, me había explotado en la cara. Y, por mucho que quisiera culpar al sistema, lo cierto es que el sistema cruel en el que vivía no era el responsable de mis actos. De hecho, fue en tiempos de crisis económica cuando yo empecé a crecer a nivel profesional. ¿Casualidad? No hay casualidades que valgan. A veces no sabemos de lo que somos capaces o no lo queremos saber porque eso conlleva una ruptura con la comodidad a la que estamos tremendamente acostumbradas. Por supuesto, hablo desde mi punto de vista que es el de una mujer de clase media, veinteañera por aquel entonces, universitaria y sin cargas familiares. No pretendo generalizar sino que mi caso (que es también el de muchas otras personas de mi generación) trata de evidenciar una perspectiva de la realidad, no todas.

Lo más probable es que termines viviendo de excusas sino aprendes a canalizar tus frustraciones.

El año dos mil once me enseñó una valiosa lección: por mucho que culpara a otros de mis desgracias, mi vida era mía y si no me responsabilizaba de ella, las cuentas pendientes me perseguirían fuera a dónde fuera. Descubrí que aunque este mundo esté podrido nadie tiene que venir a rescatarme cuando cometo un error que es mío, que da igual que la vida sea injusta y que unos consigan mucho sin hacer nada o cuántas excusas pudiera llegar a poner.

Lo cierto es que si yo no me hago cargo de mi vida es muy posible que me hunda y a este sistema le importará más bien poco.  Por eso empecé a aceptar que existían dos tipos de responsabilidades, independientes la una de la otra. La responsabilidad individual (lo que puedes cambiar) y la responsabilidad institucional y estatal (lo que no está en tus manos en gran medida y por lo que, a mi entender, si que debes pedir cuentas a ajenos). Sin tener estas dos caras de la misma moneda claras, lo más probable es que termines viviendo de excusas o que te deprimas hasta el extremo de esconderte en casa de tus padres hasta que mueras porque este mundo cruel que hay en el exterior me persigue. También es posible que la rabia y la ira te destruyan o que sea otra persona la que se responsabilice de todos tus errores, si es que hay alguien que no llega a cansarse de cargar contigo y consigo misma. 

Con este planteamiento ya aprendido, volví la vista atrás, a todos esos años en los que culpaba a los demás y a la sociedad de todo lo malo que me había pasado y descubrí muchas cosas. Descubrí que cuando no me matriculé porque fui perezosa y no me di cuenta hasta que era tarde me llamaron de la secretaría de mi facultad y me hicieron la matrícula una trabajadora (tuve suerte pero, ¿A quién voy a culpar de ser una pasota conmigo misma?). Recordé que mis amigas me sacaron de más de un problema, me alojaron en sus casas e, incluso, me prestaron dinero durante muchos años hasta que se hartaron de mí. Me di cuenta de que no había mostrado ninguna gratitud con quienes me habían ayudado a lo largo de mi vida y la verdad es que me entristeció aunque lo cierto es que lo hecho, hecho estaba.

Ser agradecida con lo que se tiene es lo que realmente libera, lo que hace crecer; agradecer a tus seres queridos, tu profesión (o cambiar de profesión si no es así) tus virtudes y valores.

Recordé que cuando me ofrecían trabajos bastante bien remunerados era incapaz de seguir un horario y enseguida me aburría de mantener un empleo constante. Conocí a muchas personas a las que llamaba amigas y que no lo eran, otras que sí pero que ni me conocían ni las conocía. Rememoré cuantas veces mi dejadez y mi “cuento chino” me llevaron a perder oportunidades valiosas. Oportunidades que dejaba pasar porque llevaban tiempo, porque me faltaba autoestima (de la de verdad), por que requerían que confiara en mí, porque no eran inmediatas, porque necesitaba hacer un esfuerzo. Un esfuerzo y una concentración de las que yo carecía porque, en el fondo, por mucho que criticara a la sociedad alienada e inmediata, yo era exactamente igual que todos los demás. Una persona que no creía que los objetivos a largo plazo merecieran la pena, que trabajar por algo, creer y construir aun a riesgo de perder era lo más grande que puede hacer un ser humano. Una persona que prefería envenenarse con unos ideales que, en el fondo, eran de mercadillo para no poner en práctica lo que podría ser una verdadera revolución vivencial; pasar del decir al hacer, de las pancartas y las manifestaciones a la coherencia diaria, constante, a toda costa.

Por mucho que criticara a la alienación generalizada y la sociedad de la inmediatez, yo era exactamente igual que todos los demás.

Ahora lo sé. Tardé mucho en aprender que, aunque hay cosas que no se pueden cambiar, el hecho de centrarse en esos obstáculos para no actuar es el principal nutriente de esta sociedad. El aliciente. La pereza autocomplaciente. Pasar años con una persona para que se pudra la relación y después llegue un divorcio y se culpe al cielo por la mala suerte. Dejar las cosas para no complicarse la existencia y que, años después, las complicaciones que no buscabas se conviertan en problemas que afrontar (normalmente, en el peor de los momentos posibles ya que las cuentas pendientes suelen amontonarse y combinarse con tragedias externas). Alejar a todas las personas que te han querido porque te recuerdan demasiado a todo lo que eres (y a lo que no eres). Lo que sigues siendo hasta que se diga lo contrario. No hay mayor prueba de que se ha superado una crisis de identidad que ese instante mágico en el que quienes te recuerdan tus defectos, reciben una sonrisa tierna por tu parte. Una sonrisa condescendiente que no es hacia ellos sino hacia ti misma.

El instante en el que se descubre que culpar a los demás no solo es un concepto erróneo (puesto que si eres un ser humano adulto, siempre tienes elección) sino que es terriblemente desmovilizador. Al culpar a otras personas, eliminas la posibilidad de actuar puesto que tú no tienes que cambiar nada. Son todos los demás los que fallan. No tú. Si tú no tienes que cambiar, te conviertes en consumidor. Todos te tienen que proveer ya que tú te lo mereces más que nadie porque eres una pobre víctima de las circunstancias. Como decía una frase jocosa de un sketch: “La realidad me ataca”.

Hay un instante en el que se descubre que culpar a los demás no solo es un concepto erróneo sino que es terriblemente desmovilizador

La actitud de la persona que culpa a los demás se materializa en el más atroz de los escapismos y solo en el caso de que se tenga mucha confianza con una persona se dirige la ira abiertamente. Esa persona es el denominado punching de toda la vida. Normalmente es alguien cercano que se convierte mágicamente en el origen de todos los problemas de la persona en cuestión. Da igual que esa persona te haya brindado todo el apoyo en el pasado, que haya hecho cosas por ti y que te haya ayudado a estar a gusto en tu piel. No importa porque es el verdugo. Porque hace falta un culpable y alguien tiene que pagar. Esto se puede traducir a escala macrosocial. Son los enemigos autocreados por un gobierno para mitigar las revueltas internas ya que mientras existe una amenaza externa en la que se proyectan las críticas de los ciudadanos, el estado puede continuar cometiendo los mismos errores una y otra vez.

Esa persona, ese estado, no se enfrenta a a la raíz del problema por lo que va quemando puentes con todo su entorno, especialmente con el que le recuerda quién fue. En el caso del estado, la solución no depende del individuo. Cuando los errores son propios, sí. Esa es la gran diferencia.

resultado?Puedes estar furioso como un perro rabioso por como salieron las cosas. Puedes insultar, puedes maldecir al destino pero cuando se acerca el final debes resignarte.

El resultado, como siempre, depende de la capacidad de reflexión y de autocrítica. Si consigues evaluarte en base a lo que eres puede que desaprendas actitudes y empieces a agradecer más y culpar menos. Te responsabilizarás de tus actos y te importará menos lo que digan o hagan los demás. Cooperarás con otros y serás solidario sin perder nunca tu capacidad de elección. Decidirás y te atendrás a las consecuencias de tus actos. Tu rumbo será el que te dicte tu conciencia, no la tendencia imperante. Serás responsable de ti misma o, lo que es lo mismo, serás libre (al menos en lo que concierne a lo que si que puedes decidir). No te dejarás llevar por la corriente cósmica de la pereza o de la comodidad ya que estarás completamente inmersa en el proyecto más importante que tiene que vivir un ser humano: tu vida. De ahí en adelante, los muros y las barreras socioeconómicas existen pero es buen punto de partida, ¿No crees?

Si no, siempre te queda cantar aquello de “put the blame on mame, boy”.

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El noble arte de estar sola

La soledad tiene muchas caras y, tal vez, la más conocida sea vista por la sociedad como un subproducto de la introversión, de la falta de autoestima o, incluso, de la depresión. Son causas muy probables en determinados casos . Sin embargo, hay otra clase de soledad. Una soledad muy dulce, buscada. Una soledad que se convierte en la mejor amiga de quién la vive como un estado en el que tu eres la dueña de tu universo. En esta soledad no existen horarios, ni restricciones. No hay elecciones ni barreras que vayan más allá de el diálogo interno. La soledad de “la buscadora” es libertad si se sabe que hacer con ella.
Y es que son inevitables las pasiones, ese universo propio – un mundo lejos de Instagram o Tumblr -, un reino que no se comparte con nadie para que la bien amada soledad crezca como es debido. Alejada del ojo del huracán, la soledad que se cultiva sin objetivos de cámara ni comentarios de Facebook, que hace crecer a “la buscadora” a la velocidad de la luz. Y no solo eso, sino que sorprendentemente  aporta las herramientas y conocimientos que después compartirá cuando desee estar con otras personas. La buscadora aprende en soledad a saber lo que necesita de sí, a saber cuándo quiere estar con los demás sin que sea para olvidarse de sí misma, porque no sabe que hacer o por pereza.

La importancia del nada qué hacer

¿No creéis que a veces estamos acompañadas para no pensar en nuestros problemas, para no enfrentar nuestras frustraciones? ¿ Acaso no habéis huido hacia la calle, en busca de otras personas, por temor a quedar presas del silencio de vuestra habitación “sin nada qué hacer”? Ese nada que hacer es una de las claves que la buscadora que ha conocido el noble arte de estar sola ya no podría compartir y es que, ¿Cómo no vas a saber qué hacer cuando descubres lo que quieres y lo que no quieres?
La buscadora asegurará que tiene que buscar huecos para poder quedar, huecos preciados para hacer vida social con quién quiere hacerla y cuando quiere hacerla. Cuando comprende la soledad, la buscadora entiende también que su vida social es plena en el momento en el que se da como resultado de un deseo real por compartir, que no tiene que anteponerla a sus proyectos, sueños o, simplemente, a cualquiera de sus actividades (o inactividad) en soledad. La buscadora ha aprendido a amarse cuando respeta su tiempo sola.
 
La soledad, en último término, es libertad. La imagen de una persona encerrada en sí misma no se corresponde con la de “la buscadora” que ha aprendido a vivir en soledad. Al contrario. La buscadora ha aprendido a ser amable, a ser sociable y a estar abierta a conocer nuevas personas. Le gusta conocer pero no lo necesita. Abre su mente a los guiños del camino y nunca se niega el placer de entablar una conversación con una desconocida en lugares de todo tipo Y es que la libertad que otorga estar sola le lleva a no tener reparos en ir a comer a un restaurante en soledad, ver exposiciones, ir al cine, pasear, ir al teatro y realizar toda clase de actividades sin necesidad de que otros le acompañen. Curiosamente, cuando se está solo el resto de personas no sienten ninguna clase de reparo en entablar conversaciones y no es extraño que se den situaciones divertidas, grandes coincidencias o fugaces “causalidades” que hacen de la vida un lienzo en el que explorar cientos de existencias ajenas y propias. La soledad de la buscadora tiene un efecto sorprendente; atrae la sociabilidad de otros. Además, puesto que la buscadora no para de formarse y aprender cosas nuevas, estas nuevas amistades son afines con cada uno de los nuevos aprendizajes, otorgándoles a los buscadores nuevas rutas de aprendizaje.

Cuando ponemos excusas para estar solas

En los primeros estadios la buscadora puede tratar de justificar su necesidad de estar sola – sin mucho éxito en varios casos y con las consecuencias negativas que esto conlleva -. Cuando se trata de justificar que no se quiere salir “porque se quiere estar solo”, se puede caer fácilmente en una trampa dialéctica. El “no me apetece” puede rebatirse fácilmente. A fin de cuentas, si no se tiene nada que hacer (con otras personas), nada impide que se busque la compañía. ERROR. No ceder ante la insistencia de los amigos, puede conllevar que, después de salir, después de hacer eso que no se quiere hacer y se hace, en parte, para hacer compañía a otros, en parte, porque no se tiene un argumento en base a la “obligación”, se caiga en un extraño estado de reproche hacia quién insistió en hacer eso que la buscadora no quería hacer.
Y, créeme, si se hace algo que para la buscadora es un compromiso pero que para otras personas no, las amantes de la soledad tenemos las de perder porque nadie que no sea como nosotras va a comprender que estando con ellas, nosotras estamos dando una parte de nosotros, nos estamos sacrificando. Para esa amiga, quedar con otros puede ser lo más normal del mundo, de hecho, puede no entender por qué tenemos tanto empeño en estar solas cuando podemos estar acompañadas. Obviamente, no es su culpa, es culpa de la buscadora por no saber lo que quiere y por no mostrarse firme. Al fin y al cabo, es su vida y es la que va a salir perjudicada si sacrifica su tiempo por agradar a las demás personas. La buscadora aprende a valorar la soledad como un plan en sí mismo, sin justificaciones ni cesiones, ya que nadie le agradecerá que haga algo que se supone que es entretenimiento aunque la buscadora lo conciba como un sacrificio de su soledad para estar con otros. Por eso, el aprendizaje pasa por respetar tu tiempo, un tiempo valioso, precioso, que es tu máximo compromiso contigo misma. La vida es tiempo. Nada más.
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La freelance que trabajaba en vacaciones (conocidas como workations)

Tengo que reconocer que es ingenioso el nombrecito Workations (work+vacations) y lo es aún más que seamos tantas las freelance que trabajamos en vacaciones como para que exista una palabra concreta para definir ese extraño sentimiento de estar de vacaciones y trabajando al mismo tiempo. Lo he vivido tantas veces que ni lo recuerdo. Especialmente durante mis primeros tres años en la redacción, lo sufrí miles de veces. Y es que esto de trabajar online es muy jugoso para las amantes de los viajes como yo. Lo aproveché (y lo continúo aprovechando) porque me permite vivir una temporada en diferentes lugares…pero una temporada. Si lo que quiero es ir de vacaciones ya hace mucho que descarto la opción de ir trabajando. ¿Por qué? Te lo explico todo punto por punto.

La (pésima) salud mental de la freelance que trabajaba en vacaciones y ni estaba de vacaciones ni trabajaba

Trabajar en vacaciones

Empezaré por descartar el término vacaciones porque no soy muy de ir a desconectar de mi vida. Al contrario. Suelo volver de vacaciones con unas ganas brutales de volver a mi rutina de trabajo. Para que te hagas una idea mi último viaje largo fue de 29 días en furgoneta y el objetivo era llegar a Cabo Norte (si, si, ahí arriba, al norte de Noruega). En esta ocasión fueron mis primeras vacaciones de verdad en muchos años ya que, aunque los últimos 10 días si que consulté los correos electrónicos, pasé casi 20 días sin hacer ni caso al ordenador y, mucho menos, al móvil.

Lo cierto es que cuando estábamos en nuestro día 17 de viaje (cuando llegamos a Nordkapp) tenía unas ganas de volver a mi casa y a mi vida que no eran normales. Y es que las vacaciones molan siempre y cuando tu vida día a día sea lo suficientemente estimulante como para que la eches de menos. Pero bueno, historias personales aparte, quería compartir contigo porque es mejor para tu salud mental (y para la de quienes te rodean) tener vacaciones periódicas (creo que, actualmente, viajo unos 8-10 puentes al año, hago un viaje de un par de semanas y trato de desplazarme casi todos los fines de semana en furgo – aunque este es mi caso personal porque soy un culo de mal asiento).

Las vicisitudes de una freelance que se va de workations en vez de vacaciones

Basadas en la experiencia personal de una servidora, te cuento mis impresiones con respecto a los viajes que hice sin desconectar del trabajo. ¡Espero que te sirvan de algo!

Persiguiendo el Wi-Fi

Pues si. Ni haciendo mención al título de la tronchante comedia de Kevin Smith se puede camuflar la cruda realidad; si viajas por ahí y tienes que trabajar, la conexión a internet es la prioridad número uno. Por supuesto, si te alojas en un hotel puede que no tengas problemas pero sé de hoteles en Marruecos en los que el WiFi funciona cuando quiere y de lugares de Laponia en los que no vas a encontrar ni una sola red. La cosa se complica si vas en plan mochilera o, como nosotros, en furgoneta porque te pasas la vida de aparcamiento de McDonalds en aparcamiento de McDonalds (y créeme, cuando odias el McDonalds a muerte es bastante complicado gestionarlo).

La ansiedad por las nubes

En los últimos años he descubierto que tengo tendencia a la ansiedad (supongo que como muchos de esta generación en la que nos costó eso de tolerar la frustración). El caso es que, aparte de tratar de disciplinar a mi organismo mediante otros medios, aprendí a no complicarme la existencia yo misma. El autoboicoteo es habitual en mí ya que tengo tendencia a buscar lo nuevo, lo incómodo. Tengo un miedo atroz a acomodarme y a oxidarme. Lo tengo desde niña.

El caso es que con los años descubrí que, muchas veces, me metía en situaciones que no me venían nada bien. Entre ellas se encuentra la costumbre de viajar cuando tengo que trabajar (sin echar mano de la planificación). Para solucionar este tema me di cuenta de que si quería cumplir con los clientes y viajar tenía dos opciones; o bien, planificaba una sesión de trabajo durante el viaje (workations), o bien, me decidía por sacar adelante trabajo a lo largo de las semanas anteriores. Después de muchos viajes en furgoneta buscando WiFi y de perder clientes por ser ineficiente, lo tengo claro. Las vacaciones son vacaciones y el trabajo es el trabajo.

Trabajando sin trabajar: procrastinación nivel maestro

El problema de viajar en furgoneta a menudo es que no tienes ciertas comodidades como la conexión o un entorno laboral decente. ¿El resultado? Terminas en el Starbucks pagando 4 o 5 euros por un café y por esos 45 minutos de conexión que terminas perdiendo en las redes sociales informando a tus amigos y familiares de dónde estás o posteando en tu blog personal.

Hoy SI que madrugaré más para adelantar trabajo antes de las visitas

Esto me sucedió tanto cuando viajaba en furgoneta como en otros medios. De hecho, recuerdo un viaje por los países del Este hace unos cuantos años, nada más empezar a trabajar en esto, en el que tuve que recurrir a los clásicos locutorios que ahora están desapareciendo (en 2011 no había WiFi en todas las cafeterías) y, por supuesto, por la mañana estaba destruida después de horas de tren o autobús nocturno. Por eso, ahora trato de ser realista y, si no puedo desconectar al 100%, incluyo en la planificación los horarios de trabajo.

Deadlines en mitad de las workations

Para empezar, antes no informaba de mis vacaciones. Este era un problema para los clientes que no sabían muy bien por qué, de repente, se retrasaban los proyectos. Desde hace un par de años, aviso siempre que tengo unas vacaciones de más de 5-6 días. Y es que una escapada de una semana a Azores se puede gestionar bastante bien pero no sucede lo mismo con unas vacaciones largas a otro país o viajando por diferentes países del mundo.

¿Quieres saber cómo conseguí tener unas vacaciones de 20 días siendo freelance (si, seguidos sin tocar el ordenador) este pasado 2016? A lo largo de las próximas semanas te contaré esta y otras historias que, como suelen decir, están basadas en hechos reales.

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Virginia Woolf, la gran emprendedora del siglo XX

En el aniversario de su nacimiento me atrevo a escribir sobre esta escritora que nunca me acabó de gustar como escribía pero a la que admiro enormemente. Te preguntarás por qué admirar a una escritora que no te gusta como lo que se supone que es; escritora. Pues bien. Lo que más admiro de esta mujer que no cabe por las puertas de lo grande que es, no tiene nada que ver con la escritura sino con su capacidad de emprender y de crear (también de destruirse aunque esa, desde luego, es otra historia). A continuación te cuento porque merece la pena recordar a esta gran mujer, no solo como feminista sino como feminista emprendedora.

Por qué hay que recordar a Virginia Woolf como emprendedora

Me da algo de vergüenza decir esto pero me interesé por Virginia Woolf a partir de una anécdota que tiene que ver con otro escritor. Este escritor era James Joyce y la anécdota no es otra que la tan manida historia de cómo ella rechazó su manuscrito de la celebérrima novela “Ulises”. Aunque a día de hoy entiendo que la publicación de una novela de más de mil páginas y con ese contenido podía llegar a ser la ruina de la editorial de Woolf, en su momento me indigné enormemente y taché a Virginia de elitista y prepotente.

Lo cierto es que, consideraciones subjetivas aparte, no me di cuenta hasta pasado el tiempo de lo que realmente merecía la pena destacar de esta anécdota: Virginia Woolf, la editora. Virginia Woolf, la directora. Virginia Woolf y su marido. Otra gran figura femenina del siglo XX, Marie Curie, no había conseguido desprenderse de la maldición de “la consorte”. Aunque fuera ella la que tenía todo el mérito del descubrimiento del radio, todavía podemos acudir a su biografía en Wikipedia, compartida con su marido Pierre Curie. No sé, por esa regla de tres deberían compartir también biografía William Blake y su mujer Catherine, quién compuso junto a él los grabados que le dieron fama. O las miles de asistentes de los científicos de la primera mitad del siglo XX. Vamos, digo yo. Pero Virginia Woolf está ahí sola, protagonista directa y única. ¿Por qué? Fue para dar respuesta a esta pregunta para lo que redacté este artículo. Veamos.

Virginia Woolf, la editora que emprendió…y tuvo éxito

Ella y solo ella fue la creadora de Bloomsbury. Ella y solo ella fue quién “metió la mano” en Hoghart Press y su marido “le ayudó” (¿A qué j***?). Yo no voy a ser como todos los historiadores con las mujeres. El marido de Virginia era un economista en la ruina pero la quería. La quería y por eso la apoyó durante toda su carrera. Este fue el ejemplo más evidente de la importancia que tiene un buen apoyo (el apoyo que siempre dieron las mujeres a sus maridos) por parte de la pareja. No solo es apoyo sino que muchas de las grandes ideas, del tesón, de la incondicionalidad hace florecer grandes momentos de genialidad (máxime si eres Virginia). No, no le quitemos el mérito al Señor Woolf. Pero fue Virginia Woolf, ella, la editora.

¿Ahora entiendes quién temía a Virginia Woolf? Fue una suerte para el patriarcado del momento que no existieran más Virginia Woolf. Y es que esta mujer que, posteriormente, sería diagnosticada con trastorno Bipolar (tampoco me extraña teniendo en cuenta que una mujer inteligente y con iniciativa tuviera que vivir en el pleistoceno social, ahí, a la vuelta de la esquina), contribuyó de un modo inusual a la inclusión de la mujer en la literatura. No solo consiguió que se publicaran obras de otras mujeres sino que su solo ejemplo hizo una brecha que ya nunca más se podría cerrar. Hoy no escribo a la escritora Virginia Woolf. Hoy doy las gracias a la editora y emprendedora Virginia Woolf por abrir un poco más los grilletes. ¡Gracias, Virginia!

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